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La grana cochinilla

Por: Octavio Hernández

Uno de los principales aportes del México prehispánico al mundo fue la grana cochinilla.

La llegada de los españoles propició el intercambio comercial y cultural; muchos fueron los artículos que enriquecieron a ambas culturas. El rojo carmín recorrió el planeta como tinte preciado y a través de los siglos pasó por distintas etapas: del descubrimiento a su masiva comercialización; y de su decadencia a su revaloración.

El vestido ha sido fundamental en la vida civil y religiosa de los pueblos indígenas; las prendas usadas por nobles y sacerdotes, otorgaban estatus y marcaban jerarquías. Una característica importante de estas prendas fue su valor ceremonial y de intercambio relacionado con los tintes usados para teñirlas.

La grana cochinilla formaba parte de un conjunto de pigmentos y colorantes provenientes principalmente de plantas y animales. La grana cochinilla (Dactylopius coccus) es un insecto parásito del nopal. Del cuerpo desecado de la cochinilla hembra se obtiene el ácido cármico, colorante rojo.

Durante la Colonia, con la introducción del ganado ovino se incrementó el uso de la grana cochinilla, ya que de ella se obtiene el color más intenso y se fija más firmemente en los textiles de lana que en los de origen prehispánico como algodón o fibras de agaves o yucas.

No obstante lo laborioso de la cría de este insecto, la habilidad y paciencia de los indígenas posibilitaron la expansión del producto. El mercado europeo, al descubrir las cualidades de este tinte, pronto incrementó su demanda. El rojo cármico se convirtió en una fuerte competencia para los colorantes europeos, pues con él se teñía la ropa de reyes, nobles y del clero. Incluso se utilizaba para pintar artesanías y tapices. Como producto de exportación, salía del puerto de Veracruz hacia Europa entrando por España, y de ahí a distintos destinos; la grana llegaba a Rusia y hasta a la misma Persia.

Del puerto de Acapulco zarpaba la Nao de China rumbo a las Filipinas cargada de productos valiosos, entre ellos la grana cochinilla que abastecía los mercados de oriente. De hecho, junto con el oro y la plata formaba parte de los principales productos de exportación de la Nueva España.

Sahagún nos refiere cómo, desde los inicios de la Colonia, la comercialización de la grana se expandió por el mundo:

“Esta grana es conocida en esta tierra y fuera de ella; llega hasta la China y hasta Turquía casi por todo el mundo es preciada y tenida por mucho. A la grana que ya está purificada y hecha en panecitos, llaman grana recia, o fina; véndenla en los tianguis, hecha en panes, para que la compren los pintores y tintoreros”.

El nopal fue una más de las contribuciones de México al mundo, su fácil adaptación a terrenos áridos y climas secos permitió su expansión y los españoles introdujeron la cría de la grana cochinilla en Perú, en las Islas Canarias y en Guatemala. En México, la producción se concentraba principalmente en Oaxaca.

Después de la guerra de independencia terminó el monopolio español de la grana cochinilla, lo que colocó a México en situación desfavorable respecto de Perú y Guatemala. Pero el decaimiento de la producción de grana vino con la aparición de tintes artificiales descubiertos en Europa a finales del siglo XIX. El trabajo manual, laborioso y delicado de la cría del insecto no podía competir con la nueva industria, y menos aún con el abatimiento de los costos de producción. El tinte de la “sangre de tuna” entró en desuso y desaparición casi total durante el siglo xx. Oaxaca fue el más afectado, y desde entonces la cría de la grana cochinilla se conserva más por la fuerza de la tradición que por la demanda del mercado.

Actualmente aún se utiliza para teñir textiles de lana, y la revaloración de productos naturales frente a los artificiales, así como la aplicación de la grana cochinilla en otras industrias como la farmacéutica y la alimentaria, abre posibilidades para promover la cría de grana cochinilla.

Santa Ana del Valle es conocida por sus textiles, y muchos artesanos preservan la tradición en la hechura de tejidos de lana en telares. En nuestros días aún se utilizan las técnicas tradicionales en el cardado de la lana y el hilado; en el telar de madera de pedal y en el tejido, siguiendo la técnica de trama y urdimbre. Para el teñido del estambre generalmente se usan anilinas; en otros tiempos se utilizaban tinturas de origen animal o vegetal como el caracolillo y, por supuesto, la grana cochinilla, entre otros.

Doña Macedonia Martínez se dedica a la cría de la grana cochinilla desde hace tres años; sin embargo, en la actualidad son pocas las familias en Santa Ana que se ocupan en esta labor. En su casa hay un pequeño solar donde cultiva nopal y dispone de áreas sombreadas adecuadas para la cría de la cochinilla, la cual no se desarrolla en cualquier tipo de nopal, por lo que se utiliza el nopal de Castilla. Se sabe que el nopal hospedero de la grana perte-nece a varias especies de los géneros Opuntia y Nopalea.

Cuando el nopal ha desarrollado varias pencas, lo desplantan y trasladan a la sombra. Se le quitan las espinas antes de infestarlo con cochinilla; cuatro días después se “para”.

En ocasiones, el nopal viene con cochinilla silvestre (Dactylopius spp.), la cual se distingue por ser menos limpia y de apariencia algodonosa. La grana silvestre daña a la grana fina, y de ella se obtiene un tono morado que no llega al rojo intenso. La grana fina o cultivada tiene una cubierta cerosa fácil de desprender.

Transcurridos los cuatro días se acomodan los nidos en cada penca del nopal, en los que se colocan dos o tres cucharadas de cochinilla adulta. La cría sale por los espacios huecos del tejido del nido y se adhiere al nopal para alimen-tarse de su jugo.

Los nidos se cambian de nopal cada tres días y la cría se vacía en dos semanas. Después de arrojar todas las crías, lo que queda en el nido es el cascarón de la cochinilla hembra, que es la grana limpia.

Tres meses después la cochinilla alcanza su estado adulto y se inicia de nuevo el ciclo: con una cucharita se despoja la cochinilla del nopal, en una coladera se limpia y se le desprende la “telita” que la cubre; después se coloca en los nidos para reiniciar la infestación. El cultivo se coloca a la sombra y el nopal se cubre con plástico para protegerlo.

Según doña Macedonia, de un kilo de grana se obtienen aproximadamente cinco litros de pintura, con lo que se tiñen alrededor de veinte madejas de 250 gramos. Con veinte madejas se tejen dos o tres sarapes grandes; un sarape pintado con grana se paga al doble.

Es difícil saber cuánto reditúa la cría de la grana, por eso no la comercializan, además de que no tiene demanda. El trabajo no es reconocido en el pueblo, sino sólo por los que quieren tapetes pintados con grana. “La grana cochinilla sola no se vende porque no sabemos en cuánto la venderíamos, sólo se utiliza para la producción familiar”. Su mercado principal es, sin duda, el de los extranjeros que visitan el pueblo, quienes saben distinguir entre anilinas y grana.

La cría de la cochinilla es un trabajo familiar, y al parecer en Santa Ana del Valle sólo dos familias se dedican a la cría de grana cochinilla.

SANGRE DE TUNA

En la época prehispánica los tintes utilizados en los textiles se obtenían de maderas, semillas, plantas o flores y se extraían por procesos de cocción o de infusión. Una de las características de la grana es que no sólo se utilizaba para teñir textiles y trajes ceremoniales, sino también para pintar códices o cerámica. Se sabe, además, que se empleaba para colorear esculturas, templos y murales.

Según Clavijero y Humboldt, los orígenes del cultivo de la grana se remontan hacia el siglo X de nuestra era, durante el dominio tolteca. Otros autores lo ubican en Oaxaca y zonas colindantes de Puebla y Guerrero.

En la Matrícula de Tributos se observa la importancia del cultivo de la grana durante la época prehispánica; allí se ilustra cómo los pueblos sojuzgados entregaban cochinilla como tributo al imperio mexica.

Sahagún, por su parte, dice que los grupos indígenas llamaban nocheztli (“sangre de tuna”) a la grana cochinilla: “Al color con que se tiñe la grana llaman nocheztli, que quiere decir, sangre de tunas, porque en cierto género de tunas se crían unos gusanos que llaman cochinillas, apegados a las hojas, y aquellos gusanos tienen una sangre muy colorada, ésta es la grana fina”.

El nombre de grana cochinilla es resultado de la confusión del origen del producto. Durante la Colonia, algunos europeos llamaban grana a la cochinilla, pues creían que era una semilla vegetal; desde entonces se llamó por igual grana o cochinilla tanto al insecto como al colorante.

Fuente: México desconocido No. 292 / junio 2001

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