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La Pinacoteca de La Profesa (Distrito Federal)

Por: Enrique Salazar Híjar y Haro

El 9 de septiembre de 1572 desembarcaron en San Juan de Ulúa los primeros jesuitas, dirigidos por el padre Provincial Pedro Sánchez. La intención de estos religiosos al venir a la Nueva España fue educar y robustecer espiritualmente a la sociedad criolla, así como mejorar el nivel cultural y teológico del clero secular que dejaba mucho que desear.

Interesado en ayudarlos, el potentado don Alonso de Villaseca les obsequió un predio situado al noroeste de la Plaza Mayor, donde los indios de Tacuba construyeron provisionalmente un amplio templo al que llamaron Xacalteopan (templo de jacal), por tener su techumbre a dos aguas recubierta de paja. El templo fue dedicado a San Gregorio el mes de abril de 1573. En este sitio se levanta actualmente el templo de Loreto.   

En 1574, el ayuntamiento de la ciudad donó a los jesuitas un lugar céntrico para fundar su Casa Profesa y el Templo de la Compañía, en la tercera calle de San Francisco (actualmente Francisco l. Madero), entre la del Espíritu Santo (ahora Isabel La Católica) y el callejón del mismo apelativo. Así mismo se entregaron al Padre Provincial 20,000 ducados para iniciar la construcción.   

En 1592, los jesuitas efectuaron la fundación de su Casa Profesa e iniciaron la construcción del templo, ante la oposición de los dominicos los franciscanos y los agustinos, quienes alegaban que dicha construcción estaba dentro de su jurisdicción, iniciándose así un pleito que duraría tres años. Al ganarlo, los jesuitas demolieron las casas viejas y erigieron un edificio y un templo nuevos. Este último, de estilo barroco, fue construido por el arquitecto Pedro de Arrieta y dedicado en abril de 1720. Sus fachadas están recubiertas de tezontle en las entrecalles, fileteadas con cantera. Sobre la portada principal luce un bello relieve, también en cantera, que representa la Visión de la Storta (la aparición de Cristo cargando su Cruz a San Ignacio de Loyola), flanqueada por las esculturas de Santa Gertrudis y Santa Bárbara. La fachada lateral ostenta en el centro una hornacina con la imagen de San Ignacio.    Los jesuitas fueron enriqueciendo el templo y sus habitaciones con bellas pinturas, esculturas y ricos ornamentos, logrando reunir una gran cantidad de obras de arte relacionadas con el culto religioso.    El 25 de junio de 1767, el fiscal de la Real Audiencia, don José Areche, notificó a los integrantes de la orden jesuita el decreto de expulsión, emitido por Carlos III. Tres días después, los religiosos dejaron sus casas y colegios, saliendo para Veracruz en coches escoltados por tropas, desde ahí partieron a Italia. En 1657, una sociedad formada por sacerdotes que recibía el nombre de Unión, celebraba sus reuniones en la sacristía del templo de San Bernardo, primero, y después en una capilla de Balbanera. Esta sociedad dio origen a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, cuya erección, con tal carácter se autorizó por Bula Papal de Inocencio XII el 24 de diciembre de 1697, aunque llegó a la Nueva España hasta 1701.   

Para el mes de enero de 1660, la Unión ya había comprado algunas casas en una calle sin nombre, al poniente de la llamada del Arco de San Agustín y antes de la del Puente Quebrado; en ese lugar establecieron un hospicio y una capilla. La dedicación del templo se efectuó el 24 de mayo de 1661 bajo la advocación de San Felipe Neri, del que tomó nombre dicha calle, siendo bendecida por el arzobispo don Francisco Aguiar y Seijas el 6 de junio de 1687. La construcción se efectuó en tres etapas más: en 1684, 1695 y 1701. El 5 de agosto de 1753 se inició la construcción de un nuevo templo.   

Un terremoto acaecido el 4 de abril de 1768 dañó gravemente el templo en construcción y la casa habitación de los Padres del Oratorio, situada en la hoy llamada calle República de El Salvador, por lo que se solicitó al gobierno virreinal el cambio de esas propiedades por la Casa Profesa, abandonada hacia menos de un año a causa del destierro de los jesuitas. El virrey marqués de Croix, con la anuencia del arzobispo Doctor Francisco Antonio de Lorenzana, aplicó dichas propiedades a los filipenses el 20 de abril de 1771, a cambio de los bienes raíces que estos poseían en la calle de San Felipe Neri y de la irrisoria cantidad de 70 000 pesos. A partir de entonces, La Profesa cambió su nombre por el de San José el Real, aunque por costumbre se le sigue llamando La Profesa. La calle que anteriormente se llamaba Portería; de la Profesa, se convirtió en Portería de San Felipe Neri.     

Mucho tiempo después, en julio de 1874 se adaptó, en la inconclusa construcción, un teatro, el Arbeu, que fue inaugurado el 7 de febrero de 1875. En 1966, al demolerse lo que quedaba de dicho teatro, se descubrieron la antigua y muy bella fachada y la torre del templo de los filipenses, ambas de estilo churrigueresco. Terminada la restauración del edificio, por parte de los arquitectos Enrique y Agustín Landa, un Decreto Presidencial de Gustavo Díaz Ordaz, permitió que se instalara en él la actual biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, administrada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.      

A su llegada a La Profesa, en 1771, los filipenses habían iniciado la construcción de una casa de ejercicios. Poco después, esta fue ampliada, dirigiendo las obras don Manuel Tolsá quien redecoró totalmente el interior del templo, sustituyendo los antiguos retablos barrocos por otros neoclásicos. Las obras concluyeron en 1802.     

 La célebre casa de ejercicios tenía una hermosa capilla, decorada con magníficas es- culturas de Jesucristo y la Virgen de los Dolores, lo mismo que con cuadros de gran mérito de la Escuela Sevillana, los que por fortuna se salvaron de uno de los numerosos incendios que sufrió La Profesa. Algunas de estas pinturas enriquecieron las galerías de la Academia de Bellas Artes (San Carlos) y actualmente están en la Pinacoteca de San Diego.   

El actual templo de San José el Real o de La Profesa es uno de los más bellos de la capital, tiene tres naves cerradas por airosas bóvedas de lunetos sostenidas por ligeras columnas al estilo gótico. El retablo principal es una hermosa obra neoclásica de Manuel Tolsá, domina su primer cuerpo, de orden jónico, un bello tabernáculo. En el segundo cuerpo, de orden compuesto, destaca la hermosa escultura de San Felipe Neri sustentada por un grupo de nubes bajo ráfagas de oro.   

Once retablos de estilo neoclásico, adheridos a los muros norte y sur, armonizan con el retablo principal. Uno de ellos está dedicado a la Purísima Concepción y contiene una bella escultura tallada en madera policromada, también obra de Manuel Tolsá.   

La elevada cúpula ochavada estuvo decorada con magníficos murales, pintados por los más distinguidos discípulos de la Academia de Bellas Artes bajo la dirección del gran pintor Pelegrín Clavé. Estas pinturas, lo mismo que otras de gran valor, se destruyeron durante el desastroso incendio del 30 de enero de 1914.   

Pocas veces se vio interrumpida la tranquilidad del claustro, como cuando se efectuó ahí, en noviembre de 1820, la llamada "Conjura de La Profesa" o "Plan de la Profesa", con el fin de impedir la jura de la Constitución Española.  Este movimiento separatista, de origen ultraconservador, estuvo dirigido por el doctor y canónigo Matías Monteagudo, director de la Casa de Ejercicios de La Profesa y consultor de la Inquisición Mexicana, el antiguo inquisidor Tirado y el presidente de la Audiencia Miguel Bataller. Poco después ocupó el primer plano en la conjura el entonces coronel Agustín de Iturbide, quien consumó la Independencia de México en 1821.   

Más tarde, en 1847, tuvo lugar la Revolución de los Polkos, un grupo de pronunciados que se negaba a combatir al general Winfield Scott, pronto a desembarcar en Veracruz. Los insurrectos se habían acuartelado en La Profesa que resistió un fuerte tiroteo de artillería. El templo sufrió graves daños.    En el mes de febrero de 1861, a causa de la ley de exclaustración, se dio principio a la demolición del convento con el pretexto de abrir una amplia calle sobre el terreno ocupado antes por la portería y el claustro principal. La Casa de Ejercicios quedó convertida temporalmente en el Hotel Colón. Los religiosos filipenses tuvieron tiempo de rescatar las numerosas y maravillosas obras de arte, herencia de los jesuitas, así como las pertenecientes a ellos mismos.   

 Y aunque en la actual Pinacoteca de La Profesa se conserva una gran mayoría de las pinturas, estas perdieron su distribución original al destruirse el convento, porque estaban colocadas de tal manera que no sólo servían para adornar los amplios espacios del convento, sino que su uso era primordial para la evangelización, ya que mediante esas bellas imágenes, los filipenses explicaban la Doctrina Católica a modo de una Biblia ilustrada. Al desordenarse las pinturas, quedaron fuera de contexto, aspecto que de alguna manera se rescata en la Pinacoteca que formó hace muy pocos años el sacerdote Luis Ávila Blancas.   

La mayoría de las pinturas que estuvieron en los conventos de San Francisco, San Agustín, La Merced y muchos más, se perdieron irremisiblemente al ser clausurados al aplicarse las Leyes de Reforma. Las obras que se salvaron están repartidas en algunos museos, en poder de particulares o dispersas en el resto del mundo. Es justo reconocer la labor de algunos coleccionistas como el alemán Franz Mayer, quien rescató para México muchas de estas obras y que hoy en día lucen su belleza en el museo que lleva su nombre.   

Los salones de la Pinacoteca habían servido como salas de juntas, habitaciones, refectorio y bodegas de la congregación, permaneciendo cerrados al público de 1979 a 1984; durante ese tiempo se instaló un magnífico taller de restauración ordenado por el arquitecto Vicente Medel.      

El templo y los anexos de La Profesa contienen una de las colecciones de pintura más completas de México, con 453 obras de caballete de los más reconocidos artistas como José Juárez, Baltazar de Echave Orio, Cristóbal de Villalpando, Juan Correa, Miguel Cabrera, Nicolás Rodríguez Juárez, José de Páez, José de Alcíbar, Miguel de Herrera, Juan Sánchez Salmerón, Alonso López de Herrera, Antonio Torres, Fernández Otaz, Juan Tinoco y Pelegrín Clavé. Fue inaugurada por vez primera como Pinacoteca el 26 de mayo de 1978 por el padre Octaviano Valdés, Presidente de la Comisión Arquidiocesana de Arte Sacro.   

La inauguración definitiva la efectuó el entonces prepósito de la congregación, Antonio Ríos Chávez el 26 de marzo de 1988, después de largos años de costosas obras de reconstrucción en los salones en que está instalada la Pinacoteca, de las que se hizo cargo el padre Luis Ávila Blancas, miembro integrante de los congregantes oratorios y rector del templo de La Profesa, quien es también Canónigo y Sacristán Mayor en la Catedral Metropolitana desde hace más de seis años. Actualmente, la Pinacoteca está a cargo del Presbítero Luis Martín Cano, prepósito de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri y rector del templo de La Profesa. Es así como desde 1988 en que la Pinacoteca de La Profesa volvió a abrir sus puertas con la gran mayoría de sus pinturas restauradas, podemos disfrutar plácidamente de la riqueza pictórica que nos legaron con amor y fe nuestros antepasados y que es parte relevante del patrimonio cultural de México.

A pesar de que han transcurrido 20 años de haberse inaugurado por primera vez, esta completísima Pinacoteca sigue siendo poco conocida. Cabe mencionar que la entrada es gratuita, pero que se aceptan donativos para su conservación.

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