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Los camaleones de México

Por: David Lazcano Villareal

Para los antiguos pobladores, los camaleones tenían propiedades curativas ya que representaban el espíritu de los ancianos.

Si todas las especies de lagartijas que hay en México, que son varios cientos, pudiéramos colocarlas frente a nosotros, sería muy fácil separar de entre todas ellas las 13 especies de camaleones. Las características del género Phrynosoma, que significa “cuerpo de sapo”, son una serie de espinas en forma de cuernos en la parte posterior de la cabeza –como una especie de corona–, cuerpo gordito y algo aplanado, cola corta y algunas veces con escamas elongadas en la porción lateral del cuerpo. Algunas personas opinan que este género se parece a un dinosauro en miniatura.

Aunque estas lagartijas tienen la capacidad de correr, no se desplazan tanto como uno cree y son fáciles de capturar con la mano. Ya en nuestro poder, los animalitos son dóciles y no luchan desesperadamente por liberarse, ni muerden, simplemente se mantienen confortables en la palma de la mano. En el país estos ejemplares reciben el nombre común de “camaleones” y habitan desde el sur de Chiapas hasta la frontera con los Estados Unidos de Norteamérica. Siete de estas especies se distribuyen en los EUA y una llega hasta la parte norte de ese país y el sur de Canadá. A lo largo de su distribución estos animales viven en zonas secas, desiertos, áreas semidesérticas, y áreas montañosas secas.

Los nombres comunes pueden fácilmente ser utilizados en forma incorrecta, e incluso llegan a confundir a un animal con otro; es el caso del término “camaleón”, pues éste sólo se encuentra en África, en el sur de Europa y en el Medio Oriente. Aquí el uso de “camaleón” se aplica a un grupo de lagartijas de la familia Chamaeleontidae, que pueden modificar con una facilidad increíble su coloración en unos cuantos segundos. Por otro lado, los “camaleones” mexicanos no realizan ningún cambio dramático de coloración. Otro ejemplo es el nombre común que reciben en el vecino país del norte: horny toads, o sea “sapos cornudos”, pero no se trata de un sapo sino de un reptil. Los camaleones están asignados a una familia de lagartijas científicamente denominadas Phrynosomatidae, que abarca a otras especies que habitan las mismas áreas.

Como es bien sabido por la mayoría de nosotros, las lagartijas comen insectos en general. Los camaleones, por su parte, tienen una dieta algo especial, pues comen hormigas, incluso especies que muerden y pican; comen cientos de ellas al mismo tiempo, frecuentemente sentados, casi inmóviles en una esquina o en la ruta de la apertura de un hormiguero subterráneo; capturan a las hormigas extendiendo con rapidez su lengua pegajosa. Esta es una característica común entre los camaleones americanos y los del viejo mundo. Algunas especies también comen insectos y coleópteros, aunque las hormigas representan una fuente casi inagotable de alimento en el desierto. Existe cierto riesgo en su consumo, pues hay una especie de nematodo que parasita a los camaleones, vive en sus estómagos y puede pasar de una a otra lagartija por ingesta de las hormigas, que son un huésped secundario. Frecuentemente hay en las lagartijas una gran cantidad de parásitos inofensivos para el hombre o cualquier otro mamífero.

En el otro lado del globo terráqueo existe una lagartija que consume hormigas, muy semejante al camaleón. Es el “demonio cornudo” de Australia, que se distribuye por todo el continente; así como las especies de Norteamérica, está cubierto por escamas, modificadas en forma de espinas, es bastante lento y posee un color muy críptico, pero no está completamente emparentado, sino que su semejanza es el resultado de una evolución convergente. Este demonio cornudo de Australia del género Moloch y los camaleones americanos comparten algo en común: ambos utilizan su piel para capturar el agua de lluvia. Imaginémonos que somos una lagartija que no ha tomado agua por meses. Entonces un día cae una lluvia ligera, pero careciendo de implementos para la recolecta de agua de lluvia, nos veremos forzados a observar cómo caen las gotas de agua sobre la arena, sin poder humedecernos los labios. Los camaleones han resuelto este problema: al inicio de la lluvia expanden sus cuerpos para así captar las gotitas de agua, ya que su piel está cubierta por un sistema de pequeños canales capilares que se extienden desde los márgenes de todas las escamas. La fuerza física de la acción capilar retiene el agua y la mueve hacia los bordes de las mandíbulas, de donde es ingerida.

Las condiciones climáticas de los desiertos han inspirado muchas innovaciones evolutivas que garantizan la sobrevivencia de estas especies, sobre todo en México, donde más del 45% de su territorio presenta estas condiciones.

Para una lagartija pequeña y lenta los depredadores que están en el aire, los que se arrastran, o los que simplemente están buscando su siguiente alimento, pueden resultar fatales. Indudablemente la mejor defensa que tiene el camaleón es su increíble coloración críptica y sus patrones de conducta, que son reforzados con una actitud de perfecta inmovilidad cuando son amenazados. Si vamos caminando por el monte nunca los vemos hasta que se mueven. Entonces corren hacia algún matorral y establecen su cripticismo, después de lo cual tenemos que volver a visualizarlos, lo cual puede ser sorprendentemente difícil.

Sin embargo, los depredadores sí los encuentran y en ocasiones logran matarlos y consumirlos. Este evento depende de la habilidad de los cazadores y del tamaño y la destreza del camaleón. Algunos depredadores reconocidos son: halcones, cuervos, verdugos, correcaminos, cachorones, víboras de cascabel, chirrioneras, ratones saltamontes, coyotes y zorras. Una serpiente que se trague un camaleón corre el riesgo de morir, pues si éste es muy grande puede perforar con sus cuernos la garganta de aquélla. Sólo las serpientes muy hambrientas tomarán este riesgo. Los correcamimos pueden tragar toda la presa, aunque igualmente pueden sufrir alguna perforación. Para defenderse de un depredador potencial los camaleones aplanarán su dorso en el suelo, levantando ligeramente un lado, y de esta manera forman un escudo plano espinoso, que lo podrán mover hacia el lado de ataque del depredador. Esto no siempre funciona, pero sí logra convencer al depredador de que es muy grande y demasiado espinoso para ser ingerido, el camaleón logrará sobrevivir a este encuentro.

Algunos depredadores requieren de defensas más especializadas. Si un coyote o una zorra en particular, o un mamífero de similar tamaño, logran capturar un camaleón pueden juguetear con él unos minutos antes de que sus mandíbulas lo agarren por la cabeza, para dar el golpe final. En ese momento el depredador puede recibir una verdadera sorpresa que haga que se detenga y deje caer a la lagartija de su boca. Esto se debe al sabor repulsivo del camaleón. Este desagradable sabor no se produce por morder su carne, sino de la sangre que fue disparada por los ductos lagrimales localizados en los bordes de los párpados. La sangre de la lagartija es fuertemente expulsada directamente en la boca del depredador. Aunque la lagartija ha gastado un valioso recurso, éste le salvó la vida. Algo de la química del camaleón hace que su sangre sea desagradable a los depredadores. Éstos, a su vez, seguramente aprenderán de esta experiencia y jamás volverán a cazar otro camaleón.

En algunas ocasiones los camaleones pueden expeler sangre de sus ojos cuando son levantados, aquí es donde nosotros hemos experimentado esta sensación. Los habitantes prehispánicos sabían perfectamente de esta táctica de sobrevivencia, y hay leyendas de un “camaleón que llora sangre”. Los arqueólogos han encontrado representaciones cerámicas de éstos desde la costa suroeste de Colima hasta el noroeste del desierto chihuahuense. Las poblaciones humanas de esas regiones siempre habían estado intrigadas con los camaleones.

A través de la mitología las lagartijas en cuestión han formado parte del paisaje cultural y biológico de México y los Estados Unidos. En algunos sitios se cree que tienen propiedades curativas, que representan el espíritu de los ancianos o que pueden ser utilizadas para eliminar o erradicar algún conjuro maligno. Podemos decir incluso que algunos nativos americanos sabían que algunas especies no ponen huevos. Esta especie de camaleones “vivíparos” era considerada como un elemento auxiliar en los partos.

Como parte integral de un ecosistema muy especializado, los camaleones están en problemas en muchas áreas. Ellos han perdido hábitat por la actividades del hombre y su creciente población. Otras veces las causas de su desaparición no son muy claras. Por ejemplo, el sapo cornudo o camaleón tejano está prácticamente extinto en muchas partes de Texas, no se diga en los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, posiblemente debido a la introducción accidental de una hormiga exótica por el hombre. Estas agresivas hormigas de nombre común “hormiga roja de fuego” y nombre científico de Solenopsis invicta, se han diseminado a través de esta región por décadas. Otras causas que también han mermado las poblaciones de camaleones son las colectas ilegales y su uso medicinal.

Los camaleones son pésimas mascotas debido a sus requerimientos de alimentación y luz solar, y no sobreviven por mucho tiempo en cautiverio; por otra parte, los problemas de salud de los seres humanos son indudablemente mejor atendidos por la medicina moderna que secando o matando de hambre a estos reptiles. En México se requiere de mucha dedicación al estudio de la historia natural de estas lagartijas para conocer su distribución y abundancia de especies, de tal manera que las especies amenazadas o en peligro sean reconocidas. La continua destrucción de su hábitat es ciertamente un obstáculo para su sobrevivencia. Por ejemplo, la especie Phrynosoma ditmarsi es conocida únicamente en tres localidades de Sonora, y la Phrynosoma cerroense sólo se encuentra en la isla de Cedros, en Baja California Sur. Otras más pueden estar en una situación similar o más precaria, pero jamás lo sabremos.

La localización geográfica puede ser de gran valor para lograr la identificación de las especies en México.

De las trece especies de camaleones que existen en México, cinco son endémicas P. asio, P. braconnieri, P. cerroense, P. ditmarsi y P. taurus.

Los mexicanos no debemos olvidar que para nuestros ancestros tenían un enorme valor los recursos naturales, en especial la fauna, pues muchas especies eran consideradas símbolos de adoración y veneración, recordemos a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. En particular, pueblos como los Anasazi, Mogollones, Hohokam y Chalchihuites, dejaron muchas pinturas y artesanías que simbolizaban a los camaleones.

Fuente: México desconocido No. 271 / septiembre 1999

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