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Niñopan, peregrino en los barrios de Xochimilco, DF

Por: México desconocido

Conoce la historia y desarrollo de esta original celebración, asociada al Día de la Candelaria que, con el paso del tiempo, se ha convertido en unos de los eventos turísticos más importantes de la delegación Xochimilco.

Xochimilco es tierra de fiestas y tradiciones. Se conocen la de la Virgen de los Dolores, la de San Bernardino de Siena, la de San Pedro y San Pablo, las de los santos patronos de cada pueblo y barrios, la de los Niños dios de cada lugar, entre otras. Pero la más relevante es la del Niñopan, “el Niño peregrino de los barrios”, porque los recorre uno por uno, durante casi todo el año, para alegrar y unir a sus habitantes.

Al Niñopan le gusta hacer travesuras, como cualquier pequeño; cuando está enojado desaparecen las “chapitas” de sus mejillas y si está contesto se ve más sonrojado, los ojos le brillan y nos brinda una sonrisa. Duerme en su moisés; lo desvisten y dejan en ropa interior, le quitan sus zapatitos y lo envuelven en su cobija y al día siguiente lo despiertan con “las mañanitas” antes de vestirlo. En ciertas noches, el Niñopan baja de su cama para jugar y se escucha su risa. A veces sale hasta el jardín y su vestidito aparece lleno de tierra o sucio de pasto y lodo, con huellas de sus andanzas. Al Niñopan no se le trata como a cualquier otro, porque posee el amor de los xochimilcas. Como le gusta jugar, le acercan al altar o a su cunita muchos juguetes: pelotas, carritos y globos. Se ha hecho una costumbre regalárselos sobre todo el seis de enero, día de los Reyes Magos; después se entregan a los niños pobres de la localidad.

Se sabe que el Niñopan fue esculpido en palo de colorín por un artesano indígena en el siglo XVI. Fue diseñado para sentarse y acostarse; con una mano en actitud de bendición, tiene ojos de cristal, café claros y muy pequeños pero bien profundos, con pestañas de un negro intenso. Los ojos dan sensación de tristeza pues se encuentran rasgados y ligeramente extendidos hacia abajo. La nariz es muy pequeña y finamente redonda, con dos minúsculos orificios y una pequeña hendidura. Las orejas son igualmente pequeñas y mal definidas en detalle y sólo muestran un único surco que simula el pabellón de entrada al canal auditivo. Pero la boca es excepcional: pequeña y entreabierta como si emitiera un ligero sonido; el labio superior es de color rojo, más intenso que el inferior.

Un pequeño detalle al restaurarlos logró que la sonrisa de la imagen se vea serena y no totalmente distendida como se pretendió en un principio; por la boca entreabierta se distinguen cuatro diminutos dientes pintados en la base del labio superior.

Quien quiera que haya sido el autor de la imagen, logró que el Niñopan se viera siempre sonriente, sin importar el ángulo de la persona que lo observa. El pelo es natural, mide 51 cm de altura y pesa 598 gramos, además de tener tres perforaciones en la cabeza para tres potencias, que simbolizan la Santísima Trinidad. Su rostro es pasivo y sereno, rosado y blanquecino, con una terminación de gran maestría.

Es muy milagroso, especialmente en caso de enfermedades, por eso visita por las tardes a los enfermos en sus casas o en los hospitales públicos y privados de Xochimilco, para llevar salud y consuelo a los pacientes.

Doña Raquel Méndez, del barrio de la Concepción Tlacoapa, nos comentó que el momento más especial que recuerda del Niñopan fue cuando estuvo su esposo en el hospital. El Niño fue llevado a visitar a otros enfermos y por mera coincidencia las personas que lo conducían se acordaron de su esposo, el señor Méndez; después de esta visita se alivió rápidamente. Su hijo Javier no creía en el Niñopan ni en Dios; tuvo que pasar varias experiencias para darse cuenta de que el Niñopan sí existía. Después de eso, sus conflictos se solucionaron y se transformó su forma de ser y de pensar.

La imagen más venerada por los habitantes de Xochimilco visita los hogares de la comunidad desde el 2 de febrero hasta el 14 de diciembre. Acerca de su origen histórico, varios autores nos remiten a la fundación de cofradías y capellanías: “La cofradía era una organización de seguridad eclesiástica, mantenida por remuneraciones regulares que cubrían misas y absolución de castigos resultantes de pecados. Existía otra clase de cofradías no oficiales que derivaban sus ingresos no de las contribuciones de indígenas, sino de las tierras agrícolas. Las tierras eran “tierras de santos” y eran administradas por un mayordomo que dirigía el cultivo y las finanzas.”

Los franciscanos contribuyeron a infundir la fe por el Niñopan, sin darse cuenta de que para los indígenas también simbolizaba a Huitzilopochtli, “el colibrí del sur”. Sintetiza dos imágenes para los xochimilcas: a Huitzilopochtli en su advenimiento en forma de agua y de recién nacido y al Niño Jesús.

Las mayordomías en Xochimilco siguen conservando las características fundamentales del antiguo sistema de fiestas mesoamericanas, conjugadas con los rasgos de las cofradías coloniales. Es asombroso que en 1997, al salir del Periférico rumbo a Xochimilco, dejamos un ambiente totalmente urbano y posmoderno y nos encontramos rodeados de un paisaje, no se sabe si semirrural o suburbano. Nos estacionamos en la esquina de Benito Juárez y Josefa Ortíz de Domínguez y caminamos siguiendo el aromático rastro de pétalos de flores, de banderitas de plástico recortadas con imágenes del Niñopan y leyendas de bienvenida; seguimos caminando hasta la iglesia de La Asunción y observamos un enorme arco que cubre de lado a lado la calle, diseñando con todo tipo de semillas, como maíz –azul, rojo, blanco y hasta del de las tortillas- y frijol. Todo minuciosa y artísticamente decorado, con la leyenda de “Bienvenido, Niñopan”.

Después de cruzar el arco llegamos a un callejón sorprendente, llamado Bodoquepa; de pronto nos sentimos transportados a un ambiente pueblerino y afable. La gente nos saluda y entre ellos platican familiarmente. Las banderitas y los pétalos de flores parecen más abundantes en ese callejón que se va haciendo más angosto y se ramifica en otros todavía más estrechos. Sin darnos cuenta, nos topamos con la puerta de entrada al nicho donde, durante el año, se encontrará hospedado el Niñopan, atendido por la mayordomía de la familia Chávez Arenas.

Lo primero que vemos es otro pequeño arco, semejante a las ancestrales puertas al inframundo azteca o Tlalocan, con la misma leyenda que los anteriores, decorado con diamantina, clavitos y lentejuelas de diversos colores y un pequeño patio con silla, para muchas personas. El patio está lleno de gente sentada frente al altar del Santo Niño. Mientras unos rezan con verdadero recogimiento, otros permanecen inspirados y en actitud de respecto. La señora de la casa, la mayordoma doña Celia Arenas Rosas, da órdenes a los chicos que la rodean y arregla el ropaje y la postura del Niñopan. Cualquier persona puede entrar y salir sin ser cuestionada, mientras mantenga la misma actitud de respeto que muestran los demás. De pronto, se comienza a escuchar el afinar de una guitarras, y unas voces jóvenes entonan cánticos religiosos: son los integrantes de la estudiantina de la mayordomía, hombres y mujeres jóvenes, todos vestidos de blanco y negro y con la tradicional capa de la tuna. La atmósfera religiosa, el tintinear de las velas y el fervor de los cantos crece hasta involucrarnos en un mismo sentimiento de amor a Dios y a nuestro prójimo.

La fiesta nuestra de cada día

El ciclo festivo del Niñopan comienza el 2 de febrero, día de la Candelaria; es cuando se consagra a los Niños Dios de cada hogar, se hace el cambio de mayordomía y se bendicen las semillas para tener una buena cosecha, pues el culto del Niñopan está asociado al ciclo agrícola. Simbólicamente, las semillas deben crecer y germinar por ser un principio de vida. También se bendicen las velas, para encenderlas en casos de enfermedad o fallecimiento, siguiendo la concepción dualista de la vida y la muerte de nuestros antepasados prehispánicos.

Una vez terminada la misa de la Candelaria, el señor obispo toma al Niñopan de brazos de los mayordomos salientes y lo entrega a los nuevos. Este es el único día en que el Niñopan se inserta en las celebraciones oficiales de la Iglesia, pues su culto es una expresión de religiosidad popular y por ello no reside en la catedral, sino en el hogar de una familia.

La música de las fiestas del Niñopan muestra la hidridación de nuestra cultura mexicana: “los chinelos representan a los moros, la banda de viento a lo propiamente rural, los mariachis a lo urbano y la estudiantina a lo español”. La fiesta del Niño es una expresión de abundancia, donde estallan cohetes y se paladea lo mismo el mole que los mixiotes y los deliciosos y tradicionales tamales de tomate verte y frijo. Al igual que en el Día de Muertos , los difuntos vienen a llenarse con los alimentos que se les ofrenda, mientras el Niñopan se alimenta con la abundancia de flores y agua. Por eso es importante la misión de los mayordomos, pues cuando alimentan al Niño, cuidan la vida de Dios.

Afortunadamente, la permanencia de las mayordomías, y con ellas del mundo xochimilca, está garantizada, pues la lista de espera pasa del año 2036. La principal función de la mayordomía del Niñopan ha sido cohesionar la estructura familiar y social de esta comunidad, porque en los festejos interviene toda la familia compuesta de abuelos, padres, hijos, nietos, tíos, sobrinos, comadres y compadres, además de los nativos y avecindados en la zona. Se logra un clima de fraternidad y unión que refuerza la identidad de este ancestral pueblo xochimilca.

¿Niñopa, niño-pa, o niñopan?

Nadie como el cronista de Xochimilco, Rodolfo Cordero, para explicar esta aparente confusión: Niño-Pa proviene del sustantivo niño y del apócope pa, de pale (padre). Niñopa viene de Niño Padre, el Padre celestial niño. Niñopan se forma con la yuxtaposición de la voz niño y la partícula indígena pan que se traduce: “en el lugar de”, es decir, “en el lugar en que se ubica el Niño”, o, en otras palabras, el sitio donde radica la mayordomía al Niñopa. Según el cronista, recientemente el vocablo Niñopan es el más usado, y ha tomado el sentido de “Niño del lugar”. Puede haber otras interpretaciones de los apelativos Niñopa, Niño-Pa y Niñopan, pero lo cierto es que la mayoría de la gente lo usa indistintamente y pocos conocen el origen de esta palabras.

 

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