Biblioteca Central de Ciudad Universitaria cumple 70 años en la UNAM
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La Biblioteca Central de CU cumple 70 años como símbolo de la UNAM, con millones de obras, mural de Juan O’Gorman e historia viva.
La Biblioteca Central de Ciudad Universitaria cumplió 70 años como uno de los espacios más emblemáticos de México, una obra donde conviven arquitectura, arte y conocimiento en el corazón del campus principal de la UNAM. Desde su apertura en 1956, el edificio resguarda libros al tiempo que representa la vocación pública de una universidad que convirtió el acceso al saber en parte de su identidad.
Pocas construcciones sintetizan de forma tan clara la historia intelectual del país. Su silueta cubierta por mosaicos de piedra volcánica es reconocible dentro y fuera de México, y con el paso de las décadas se transformó en uno de los símbolos más poderosos de la vida universitaria.
Biblioteca Central, apertura de una nueva era universitaria
El 5 de abril de 1956 abrió sus puertas por primera vez la Biblioteca Central, en una etapa decisiva para la Universidad Nacional Autónoma de México. La institución acababa de trasladarse desde los antiguos edificios del centro de la ciudad hacia el nuevo campus del sur, un proyecto moderno que buscaba responder al crecimiento académico del país.

Semanas después, la Gaceta UNAM informó que el recinto ya recibía al público con 20 mil volúmenes disponibles para consulta. Aquella cifra pronto quedaría rebasada por la demanda de una comunidad estudiantil en expansión.
La nueva biblioteca nacía con una misión clara: centralizar servicios, ordenar colecciones y garantizar acceso al conocimiento para estudiantes, docentes e investigadores.
La Biblioteca Central como ícono nacional
La historia de la Biblioteca Central no puede separarse de su edificio. Originalmente, la construcción había sido pensada para albergar a la Biblioteca Nacional y a la Hemeroteca Nacional. Sin embargo, la oposición al traslado de esos acervos desde el centro histórico cambió el destino del inmueble. Finalmente, el espacio quedó destinado a la nueva Biblioteca Central universitaria.
Ese giro terminó por crear uno de los monumentos culturales más importantes del siglo XX mexicano.
Su fachada, recubierta con cerca de cuatro mil metros cuadrados de mosaico de piedras naturales, fue diseñada por Juan O’Gorman, quien creó el mural Representación histórica de la cultura. Cada lado del edificio narra una etapa distinta:
- Norte: el mundo prehispánico
- Sur: el periodo virreinal
- Oriente: la tensión entre tradición y modernidad
- Poniente: la vida universitaria contemporánea

No se trata sólo de decoración monumental. Es una visión de la historia nacional puesta en piedra.
Del catálogo en papel a la era digital
En sus primeros años, el préstamo de libros funcionaba mediante papeletas impresas y catálogos físicos. El usuario solicitaba el material, un bibliotecario localizaba el volumen en estantería cerrada y éste llegaba al mostrador mediante montacargas internos.
Con el tiempo, la Biblioteca Central fue pionera en la modernización bibliotecaria mexicana.
Durante la segunda mitad del siglo XX impulsó procesos como:
- Microfilmación de tesis y documentos
- Automatización de catálogos
- Creación de LIBRUNAM
- Desarrollo de TESIUNAM
- Sistemas de préstamo digital
- Áreas especializadas para usuarios con discapacidad visual
Ese proceso permitió que el recinto histórico también se convirtiera en infraestructura tecnológica.
Un acervo monumental
Setenta años después, la escala del acervo refleja la dimensión de la institución. De acuerdo con cifras recientes, la Biblioteca Central resguarda:
- Más de 656 mil libros
- Cerca de 338 mil fascículos de revistas
- Más de 542 mil tesis
- Un Fondo Antiguo con obras publicadas entre 1491 y 1800

Entre sus joyas documentales destaca un incunable de Las siete partidas de Alfonso X el Sabio, uno de los ejemplares más antiguos bajo resguardo universitario.
Además, conserva manuscritos, primeras ediciones, partituras y materiales únicos para la investigación histórica.
Mucho más que una biblioteca
A lo largo de siete décadas, la Biblioteca Central se convirtió en algo más amplio que un centro documental. Es punto de encuentro, refugio académico, espacio de estudio colectivo y paisaje sentimental para generaciones enteras.
Miles de estudiantes recuerdan sus largas jornadas entre anaqueles, las escaleras interiores, las salas silenciosas y la explanada exterior donde la vida universitaria sigue ocurriendo. En 2007, cuando la UNESCO declaró Patrimonio Mundial al Campus Central de Ciudad Universitaria, el edificio reforzó su dimensión internacional como imagen global de la UNAM.
Lejos de quedar congelada en la nostalgia, la Biblioteca Central continúa renovándose. En años recientes incorporó mejoras en pisos, estantería, infraestructura y servicios digitales, con la intención de responder a nuevas formas de consulta y aprendizaje.
A sus 70 años, el edificio sigue cumpliendo la misma promesa con la que abrió en 1956: poner el conocimiento al alcance de todos. Entre lava volcánica, mosaicos y páginas, la Biblioteca Central guarda la memoria intelectual de México.
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