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El arte de “dar besitos” al tequila y al mezcal

Te revelamos la mejor forma de acercarte a estas dos picantes y espirituosas bebidas, iconos de MX en el mundo: en caballito, platicando, poco a poco ¡y disfrutándolas beso a beso!

13-07-2016, 5:10:12 PM
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Periodista, española, aventurera y contadora de historias. ¡Sigue su columna: #Pásele!

Una de las cosas horribles (sí, horribles en toda la extensión de la palabra) que hacemos la mayoría de los extranjeros que bebemos tequila en los bares del país del que venimos es hacerlo así, de una vez, a modo de shot.

Usar estos preciados elixires como vía fácil para embriagarse es sin duda una de las mayores traiciones que podemos hacerle a estas bebidas que traen a México en cada una de sus gotas. La influencia americana tiene mucho que ver, como también la desinformación y, sobre todo, un acceso limitado a etiquetas de altísimo nivel. Asimismo, tienen que ver el desconocimiento de qué hay detrás y cuánto cuesta conseguir cada una de esas botellas que se despilfarran sin control.

Como española, me imagino a la mayor parte del mundo bebiendo un vino español, malo o bueno, con el único objetivo de emborracharse y perder el sentido… No, no me lo puedo imaginar. En cambio, es fácil ver -desafortunadamente- en todo el mundo el uso que le dan al tequila, y quizá algo menos al mezcal, para conseguir ese estado tan poco místico.

Una de las cosas que aprendí sobre estas dos grandes bebidas mexicanas casi al mismo tiempo que llegué es que hay que tenerles respeto. Respeto no sólo por la carga energética que traen consigo, pues arrastran toda la energía de la tierra para condensarla en el interior de una botella. También, y sobre todo, porque ellas te cuentan historias, te transmiten sensaciones, te transportan a situaciones y te hacen comenzar a amarlas. Te seducen.

¿Se imaginan tratar de conquistar a alguien así, de un golpe y sin respirar? ¿Se imaginan siendo conquistados así, sin dulzura y sin pasitos?

Nunca olvidaré la primera vez que me dijeron: “el mezcal se debe beber así, a besitos”. Me pareció uno de los escenarios más maravillosos de lo que debe ser la vida y el disfrute: con amor. Además de un símil perfecto de lo que es iniciar una relación en la vida. Porque las cosas buenas de la vida se saborean así, de a poquito, dejándonos con ganas de más.

No olvidaré tampoco la sensación del traguito a traguito, la primera vez que no lo haces “de a una”, de sentir los sabores, ver cómo pasa en boca y a medida que bebes más, así tranquilo, sacarle más notas. Eso es un nivel más allá.

Al inicio era más mezcalera, quizá la novedad, pues no lo había probado antes. Todo ese ritual de la sal de gusano, la naranja, los aromas ahumados, todo lo que transmite, descubrir cómo se consigue que podamos sentarnos en torno a un caballito y podamos conversar horas (porque para mi sorpresa, son bebidas de sobremesa) me hizo serlo. Las jicaritas, los maestros mezcaleros, las mezcalerías, las historias, las variedades… todo un mundo nuevo por vivir a besitos. Porque así son las relaciones de amor, a besitos.

Ahora soy más tequilera, más cantinera y más de sangrita, porque “sangritera” se escucha como poco, raro. Y el tequila también lo he aprendido a entender así, dándole puros besos. Cuando uno interioriza eso, que hay que tratar con respeto todo lo que le ofrecen en una mesa, o en una barra de un bar, o en una coctelería de alto nivel, o directamente del artesano orgulloso de serlo. Cuando uno entiende que debe acercarse con amor a las cosas nuevas, todo cambia. Puede sonar demasiado romántico, no lo niego, pero es cierto: aprendes a mirar más allá de lo que creías que era “así”.

Así que, si alguien está haciendo suya esta pequeña reflexión, si alguno de ustedes está delante de un tequila o un mezcal en este momento, si alguien no se atreve a probarlos por miedo a “uff, es que es muy fuerte”, les invito como yo lo hice a dejarse llevar, a dejarse seducir, a descubrir, a adentrarse en ese viaje de sabores que seguro les va a sorprender. Si son tímidos y no se atreven a ser los primeros en besar, dejen que el mezcal y el tequila lo hagan por ustedes, déjense besar. Cuando eso pase, voilà, habrán sido seducidos y conquistados. Aviso: no hay vuelta atrás.

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