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Atotonilco, una joya de Guanajuato

Recorrer el pueblo de Atotonilco es como caminar las calles del Comala que Juan Rulfo describe en su novela Pedro Páramo.

Foto: María de Lourdes Alonso
México Desconocido

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Al llegar a Atotonilco pudimos apreciar un mercado instalado en sus calle principal que al parecer era la única con vida, al adentrarnos un poco más parecía que todo estaba en silencio.

En medio de esas tres o cuatro calles fantasmas, se asienta un majestuoso santuario del siglo XVIII, dedicado a Jesús Nazareno. Su construcción data de 1746, encomendándose la obra al fraile jesuita Luis Felipe Neri de Alfaro, quien después de un sueño en el que vio a Jesús cargando la cruz, se empeñó en realizar esta edificación.

La fachada del edificio es lisa, con muros muy altos rematados por una arcada invertida, como formando un holán. Al entrar al templo el contraste es impactante: la nave principal y todas las paredes están decoradas con pinturas murales que representan infinidad de pasajes y personajes religiosos, sin guardar mucho orden y ningún espacio entre sí. Fueron hechas por un nativo del lugar, Miguel Antonio Martínez de Pocasangre, en un periodo de treinta años y utilizando únicamente la luz del día. Las facciones y el colorido de estas imágenes recuerdan las pinturas flamencas, representadas en estampas belgas, que los españoles trajeron a la Nueva España.

Del interior del santuario, el 16 de septiembre de 1810, los insurgentes tomaron el estandarte de la Virgen de Guadalupe que sirvió de bandera en la lucha por la Independencia de México. .Entre cuatro o cinco veces al año, Atotonilco se llena de vida. Existe una tradición fuertemente arraigada: los retiros o ejercicios espirituales de ocho días que se llevan a cabo en las instalaciones del antiguo convento.

Un paseo que sin duda vale la pena. 

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