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Aves de presa, el reinado de los cielos

En las competiciones mundiales, los halconeros mexicanos se ubican en los primeros lugares con la aguililla de Harris, por lo que nos decidimos a conocer más sobre esta tradición milenaria.

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La evolución de la cetrería en América ha llevado a este deporte a otro nivel, al grado que los cetreros más conservadores así lo reconocen y México no es la excepción.

En nuestro país su práctica ofrece una y mil posibilidades. Con un simple permiso del ejidatario o dueño del rancho, los espacios abiertos para cazar abundan, lo que de alguna manera beneficia a todos. En el campo, por ejemplo, las plagas de roedores son una verdadera pesadilla para los agricultores, por lo que tener a un grupo de cetreros cerca es siempre útil.

A pesar de que se puede practicar en todo el territorio, los estados de mayor tradición son el Estado de México y Querétaro, donde no sólo hay lugares increíbles para salir, sino que las agrupaciones de halconeros son por mucho las más serias. De éstas, la Asociación Queretana de Cetrería A.C. y Cetreros del Valle en el Estado de México, son sin duda las dos más reconocidas.

En segundo lugar se encuentran los estados de San Luis Potosí, Puebla, Morelos y Veracruz, los cuales en suma hacen de esta región central la más popular. De hecho la abundancia de presas silvestres y el buen clima de esta región la han convertido en un paraíso cetrero, lo que se refleja en las competiciones mundiales, donde los halconeros mexicanos se ubican en los primeros lugares a nivel mundial en la caza con aguililla de Harris, lo que es un gran logro considerando que en México es una tradición de apenas tres décadas. Este éxito también ha influido en el desarrollo y comercialización de la cetrería en nuestro país. En la actualidad muchos cetreros expertos ofrecen servicios de control de plagas y fauna nociva, aprovechando las habilidades de sus rapaces. Básicamente el trabajo consiste en espantar a los animales, en su mayoría palomas y roedores que, de alguna manera afectan los cultivos. La simple presencia de estos depredadores elimina el problema, pues la combinación de pico y garras ahuyenta a cualquier roedor nocivo para algunos sembradíos.

Pluma por pluma

Básicamente, las especies utilizadas en la cetrería se dividen en aves de bajo y alto vuelo. La diferencia está en la altura a la que frecuentemente cazan. El aguililla de Harris, por ejemplo, caza al ras de suelo, por lo general conejos y pequeños roedores, aunque es suficientemente hábil para cazar pequeñas aves e incluso patos en pleno lago. Al igual que todas las especies puede volar a gran altura. Por el otro lado está la altanería, donde el indiscutible rey de los cielos es el halcón peregrino –la rapaz más popular del mundo–, un cazador de altura infalible. Su técnica es simple, se eleva a gran altura y se mantiene en espera de una presa. Al verla, se deja ir en picada a gran velocidad, dejando sin oportunidad a su presa. Estos lances son realmente espectaculares. Se dice que estas aves han cronometrado velocidades de hasta 450 km/h, lo que les convierte, por mucho, en los seres vivientes más veloces del planeta.

Por sus alas…

En las alturas es fácil distinguir a las rapaces por la forma de sus alas.

Cuando se trata de alas cortas –bajo vuelo–, hablamos de gavilanes o accipiters, los cuales son muy ágiles para perseguir presas en el bosque. Las alas cortas les permiten alcanzar su velocidad máxima en pocos segundos y su timón largo les permite maniobrar entre la tupida maleza.

Las rapaces de alas largas y puntiagudas –alto vuelo–, son por ejemplo los halcones. Su forma de caza es en picada desde gran altura, alcanzando así una velocidad sorprendente.

Las de alas anchas –bajo vuelo– como el aguililla de Harris, que cazan desde altos posaderos, árboles o postes, para lanzarse por sorpresa sobre su presa.

El entrenamiento

Según el cetrero Mario Alberto Romero, el entrenamiento de un ave de presa consta de cuatro pasos básicos que hay que seguir:

Amansamiento. Durante esta parte del entrenamiento al ave, generalmente juvenil, se le acostumbra al contacto con las personas. Básicamente se trata de pasar tiempo juntos para ganar su confianza, una parte muy importante del proceso.

Acondicionamiento. En este periodo el trabajo con las aves se realiza basado en una relación de acción y recompensa, como el volar al guante o a un señuelo y recibir alimento como recompensa. Este es un condicionamiento operante que, con el tiempo, provoca una respuesta inmediata. La rapaz vuela al momento en que el cetrero le ofrece el guante o un señuelo en espera de ser alimentada.

Inducción a la cacería. Una vez que el ave está mansa y acondicionada a volar suelta al guante o al señuelo, se puede introducir a la cacería. Este es un proceso muy interesante en el que el cetrero debe dejarla en libertad. Si no ha cumplido adecuadamente con los dos primeros pasos del entrenamiento, es muy probable que intente escapar.

En su estado natural estas aves son alimentadas por sus padres, los cuales, al proporcionar presas de diferentes especies y tamaños, transmiten conocimiento a sus polluelos sobre los animales que son alimento. Al ser criadas en cautiverio, el cetrero debe ser muy sensible para reemplazar este aprendizaje, con el cual la rapaz puede ser introducida exitosamente a la cacería.

Cacería. Después del proceso de introducción a la caza, el cetrero le proporciona todas las ventajas posibles para lograr sus primeras capturas silvestres. Con tiempo y práctica, este desarrollo debe evolucionar al punto en que la rapaz atrape sus presas como hacen los de su especie en estado natural.

El equipo básico

Durante el proceso completo, la rapaz debe acostumbrase a su equipo, guante, caperuza, pijuelas, lonja, cascabeles y bastón “T”, que son necesarios para la práctica de este deporte.
El guante de cuero se usa para proteger el brazo del cetrero, pues todas la rapaces, incluso las más pequeñas, tienen filosas garras que podrían lastimarlo.

La caperuza sirve para transportar al ave. Al impedirle ver todo lo que sucede, ésta se mantiene más tranquila, lo que ayuda a que se concentre más durante las horas de vuelo. Es común que la caperuza se use por varias horas, especialmente cuando se transporta en carretera, por lo que es muy importante que esté fabricada a la medida.

Las pijuelas son dos tiras de cuero atadas a cada pata. Permiten un mejor manejo. Su uso varía según la etapa del proceso de entrenamiento en que se encuentre. En un principio las llevan sujetadas a una cuerda que impide un escape instintivo. Superada esta etapa, se usan sólo con una lonja de un par de metros, la cual tiene usos múltiples. En ambos casos es necesario usar un par de destorcedores para que no se enrollen.

El bastón “T” es una percha elevada que permite una mejor visibilidad del campo, una gran ventaja cuando de cazar se trata. Por lo general el cetrero camina con el bastón en alto mientras algún perro campea el terreno. En cuanto aparece la presa, su ave se lanza al ataque. En un buen día es importante cebar muy bien a la cazadora antes de intentar múltiples capturas. Además es necesario usar una báscula granataria para encontrar el peso exacto para la cacería, es decir, el cetrero debe monitorear el peso de su ave.

Llegada a México

Según algunos expertos, la cetrería como deporte llegó a nuestro país durante la época de la Colonia, aunque no existe un registro fidedigno que así lo demuestre, por lo que sólo podemos asumir que tiene pocos años de tradición. Nada, si comparamos con los 200 años de práctica formal en el norte del continente americano y un par de milenios en Asia, de donde se atribuye su origen.

Sea como sea, es un deporte milenario que llegó a México desde otras regiones, Burgos en especial, ya que casi todos los cetreros del país hacen referencia al manual de iniciación de Félix Rodríguez de la Fuente, un reconocido cetrero español que dedicó su vida a la conservación del medio ambiente. A casi 30 años de su muerte, las enseñanzas de este pionero continúan siendo una guía básica para cualquier amante de la cetrería.

Si bien es cierto que muchas personas opinan que éste es un deporte cruel, también hay quienes sienten una gran afición, es cuestión de opinión, lo que sí es un hecho es que el perfecto equilibrio del mundo natural se basa en una simple ley, “matar o morir”. Ninguna rapaz entrenada actúa de manera diferente a los de su especie en estado silvestre. A pesar de la intervención del hombre, el drama de vida o muerte entre la presa y su depredador es el mismo.

Cetrería responsable

En nuestro país el tráfico ilegal de animales y plantas es, no sólo un delito, sino una manera activa de depredación. Aunque muchos de los consumidores sólo buscan una mascota exótica, en la mayoría de los casos los resultados son un desastre para todos los involucrados. En el caso de las aves de presa, un porcentaje muy alto terminan encerradas en una pequeña jaula donde su salud se deteriora, causando daños que, por lo general, son irreversibles. La mayoría de las veces, este encierro impide que las aves alcancen su madurez sexual, rompiendo el delicado ciclo de reproducción que garantiza un equilibrio natural.

Se estima que en el negocio ilegal, por cada especie vendida, un promedio de 5 o 6 resultan muertas en la captura, transportación o encierro. A pesar de que la pena por la compra ilegal es severa, el tráfico ilegal en nuestro país es aún muy alto.

Esto no quiere decir que sea imposible conseguir un ave de presa, sólo que su adquisición debe ser aprobada por la leyes vigentes, las cuales son dictadas y reguladas por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, ambas avocadas a la protección y conservación de la vida silvestre en nuestro país, por lo que generalmente se trata de una donación en vez de una compra.

Es muy importante que antes de iniciar el trámite se verifique alguna de las identificaciones registradas por el Instituto Nacional de Ecología, ya sea con una placa, anillo, etiqueta o grapa para estar seguro de que sea un trámite legal. Igualmente los donadores deben mostrar un permiso vigente expedido por la Dirección General de Vida Silvestre. Estos registros acreditados se otorgan después de realizar un extenso estudio científico para valorar las poblaciones de cada especie, asegurando así un saludable equilibrio de individuos en cada región del país en que éstas se encuentran.

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