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Isla Isabel: paraíso de las aves en Nayarit

Dos de nuestros #ViajerosExpertosMD se lanzaron a Isla Isabel, un paraíso mar adentro al oeste de Rincón de Guayabitos, donde cientos de pájaros bobo y otros voladores dominan el paisaje.

Deneb Zarzamala y Claudio Contreras

Al llegar, una gaviota se acercó a fisgonear, caminaba rápidamente entre nosotros como indagando objetos ilegales, por supuesto lo que buscaba era comida. Esta especie de ave se ha ganado la reputación de ladronzuela gracias a su costumbre de hurtar pescado y huevos de otras aves. Aparte de ellas, en Isla Isabel otras 92 especies de aves visitan la isla, la mayoría de ellas de paso durante su ruta migratoria.

Llegamos por la Bahía Tiburonera, también conocida como Bahía de los Pescadores. Debido al abochornante calor, lo primero que hicimos fue ir a la Playa de las Iguanas, cuyo nombre recibe no sin razón, pues cuando nos acercamos pudimos contemplar a tres ejemplares tomando el sol a pocos metros de nosotros. La playa de apenas 40 metros de largo nos sirvió para ahuyentar el calor y observar a los pelícanos cafés pescar con sus características caídas en picada.

Monógamos y celosos

Más tarde nos movimos a un lugar que es conocido como el Faro, desde donde se puede ver —si las condiciones meteorológicas lo permiten— la costa de Nayarit por un lado y las Islas Marías por el otro, dado que Isla Isabel queda a medio camino entre ambos puntos. A lo largo del camino quedamos sosegados por los gritos de los numerosos pájaros bobo que anidan en esta parte de la isla. Hay aproximadamente 3,000 bobos de patas azules, conocidos principalmente por su simpatía, sus graciosos aterrizajes y el sorprendente color azul de sus patas. Una de las razones por las que resultan curiosos es la singularidad que rodea al cortejo: los pájaros bobo realizan un ritual basado en una serie de danzas donde exponen sus patas color turquesa mientras apuntan el pico al cielo, extienden y rotan sus alas y levantan la cola, al tiempo que emiten una serie de silbidos y graznidos. Las hembras reparan especialmente en la intensidad de color que tienen las patas de los machos, pues en ese detalle se basan para conocer su edad y la productividad de su pesca; curiosamente, esto puede cambiar de un día al otro, mostrando unas patas oscuras en un mal día y unas claras e intensas cuando mejora su alimentación. Una vez que el cortejo termina y que ambos se han aceptado, los bobo han elegido a la pareja con la que pasarán el resto de su vida; a pesar de su monogamia, ambos acostumbran cometer infidelidades, por lo que se vigilan mucho entre ellos (¡Oh sí!, tal parece que estas aves son extremadamente celosas).

Estrategias reproductivas

Durante el tiempo que convivimos en ese lugar, pudimos observar que varios bobos llevaban una argolla con un número en la pata. El guía nos explicó que Isla Isabel es una reserva en la que gracias a la confianza que las aves tienen de los humanos, se pueden estudiar varios aspectos de ellas, como son su estrategia reproductiva, los conflictos que tienen entre ellos y la cooperación entre parientes, entre otras.

 Claudio Contreras Koob

En el Faro nos quedamos hasta que la noche acabó por consumir el atardecer, pues permanecimos embelesados con la facilidad con que las fragatas planean en el aire. Estas tienen una asombrosa capacidad de vuelo debido a lo ligero de su esqueleto, mas a diferencia de otras aves, la falta de la glándula uropigial (con la que impermeabilizan todas sus plumas) les impide sumergirse en el agua, por lo que aprovechan su magnífica capacidad de vuelo para hurtar lo que otras han pescado o, en su defecto, comer las sobras de los barcos pesqueros que anclan en la isla.

Cráteres y patas rojas

Al día siguiente, después de un ligero desayuno, nos dirigimos hacia el este, a otra playa llamada Las Monas. El camino, a pesar de no ser extremadamente largo (la isla mide únicamente 84 hectáreas, 2 kilómetros de largo y 800 metros de ancho) resultó ser complicado, pues la vegetación por momentos es cerrada; consiste únicamente de dos especies de árboles: el roache de entre 2 y 9 metros y la tomeca o papelillo de entre 2 y 5 metros. Antes, había variedad de árboles frutales, mas estos fueron eliminados junto con las ratas y los gatos entre los años de 1995 a 1998.

Con una edad de 3.5 millones de años, (Isla Isabel) es un paraíso para los estudiosos y los amantes de las aves.

En el trayecto pudimos visitar los cráteres que quedaron como testigos mudos del nacimiento de la isla. Nos explicaron que la Isla Isabel surgió hace 3.5 millones de años como resultado de nueve cráteres volcánicos que con el paso del tiempo se han ido desgastando, por lo que únicamente queda uno cuya apariencia no ha sido alterada y en cuyo interior conserva un pequeño lago de aguas 68% más saladas que las del mar debido a la aislación que ha tenido con este.

Una vez en Las Monas, no perdimos oportunidad de refrescarnos en el agua. Ahí hay dos promontorios de roca que han quedado como atractivos isleos de 20 y 30 m. Si acaso te toca buena suerte, desde este punto se pueden ver pasar a las ballenas jorobadas durante su migración entre los meses de noviembre a marzo y de vez en cuando, delfines saltando entre las olas.

 Claudio Contreras Koob

Otras especies de aves también encuentran refugio en esta isla, como los bobos de patas rojas, que, aunque hay pocos individuos, llaman la atención, al igual que los bobos de patas azules, por la intensidad de color que poseen sus patas y su cara. Además, también se pueden ver a las elegantes pericotas de coloración blanco y negro, al ave del trópico planeando por los acantilados, con su preciosa cola extendida conformada por una larguísima pluma blanca, y a los bobos cafés que, sin el menor asomo de miedo, nos observaban fijamente antes de marcharse a pescar al mar. Poco antes de dejar la isla, tuvimos la oportunidad de platicar con gente dedicada al estudio de la misma y nos dijeron que esta es un parque nacional desde diciembre de 1980, en el que se fomentan el desarrollo de la investigación científica y ciertas actividades recreativas. Además nos explicaron que el hecho de que los pescadores utilizaran la isla como base no afectaba la alimentación de las aves.

Dejamos atrás la isla esa misma tarde, con la despedida de un grupo de pelícanos que se alejaban a pescar en la misma dirección que nosotros.

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