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Arte y Artesanías

Calaveritas literarias: rima y picardía

Foto-Calavera-2020

Si tienes dotes de poeta es muy posible que hayas escrito calaveritas literarias. Risas, ingenio y tradición se mezcla en esta forma de expresión.

Las calaveras literarias son rimas populares escritas con picardía en los que los autores aprovechan para resaltar defectos y cualidades de figuras públicas, sucesos políticos o históricos, incluso recientes que estén de moda de manera fugaz.

Luis Peagui

Algunas fuentes refieren el origen como una manera de ser irreverente frente a la propia muerte, pero no tardó en extenderse la burla hacia figuras públicas de interés local o regional, incluso global. Desde luego, es una de las prácticas que ocurren dentro de las expresiones culturales que engloba la celebración de Día de Muertos y que, lamentablemente, ha ido perdiendo auge.

Origen de las calaveritas literarias

El primer registro de las calaveritas literarias, según la autora Dahlia Antonio, fue el siguiente:

“En los epitafios de Jorge Manrique (1440-1479), las primeras calaveras se publicaron en la segunda mitad del siglo XIX, a modo de caricaturas. Estas imágenes fueron acompañadas con versos, en los que se describían de manera jocosa los motivos de su muerte”.

Versos de métrica y rima libres en los que la “huesuda” encuentra a vivos y muertos para llevarlos al otro mundo es la forma en la que los mexicanos hemos encontrado una expresión poética para ese ritual funerario que honramos, lloramos y reímos por igual.

“Las calaveras literarias son un género de la lírica popular mexicana en cuya génesis está el epitafio y el epigrama fúnebre. Se trata de un género menor, muchas veces subordinado a la gráfica y emparentado con el corrido y la canción popular por su forma de expresión, que es la copla”.

Dahlia Antonio, de la Universidad Veracruzana

Calaveritas literarias cortas

Doña Calaverita
muy bien sombreruda
se peina y se pinta
para su huesudo.

Le prepara tortillas
ricas y calientitas
con flor de cempasúchitl
y un toque de tequila.

Astrid Rodríguez

Eroticatrina

La Catrina estaba triste
y deshojando una flor,
renegaba de su suerte
en los temas del amor…

“Quiero al amante perfecto
(a diario lo pido a gritos),
que me seduzca en las noches
y me truene mis huesitos.”

“Que con sólo una mirada
me haga rogar por un beso…
Y que le gusten delgadas
(la carne pegada al hueso).”

“Que me recorran despacio
sus dedos por mis costillas…
y que le siga explorando,
¡al fin no tengo cosquillas!”

“Que me acaricie el ilíaco
(y no es pregunta de trivia),
y continúe con mis piernas,
si no, se me enfría la tibia.”

“Que me diga que me ama
con todo su corazón…
¡Pa’ que se me enchine
el cuero, rabadilla y esternón!”

“Que despertemos unidos
y pasen noches y días…
Mientras me besa los labios
(perdón, más bien las encías).”

“Eso es todo lo que quiero,
¿acaso es mucho pedir?
En mi puerta siempre espero
y nunca lo veo venir.”

De pronto suenan toquidos
en el lejano zaguán,
se escucha del otro lado:
“Catrina: ¡soy tu Don Juan!”

Jaime Esquivel, ganador del V Concurso de Calaveras Literarias del Fondo de Cultura Económica

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