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Camino a Cotlamanis (Veracruz)

El recorrido hasta la Meseta de Cotlamanis, inicia en Jalcomulco, Veracruz

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Para los amantes de la naturaleza que disfrutan con una larga caminata a través de diferentes entornos, el recorrido hasta la Meseta de Cotlamanis les proporcionará grandes satisfacciones.

Iniciamos el trayecto en Jalcomulco, Veracruz, población situada a unos 42 km de Xalapa, con cerca de 2 600 habitantes.

Deseosos de aprovechar el nuevo día al máximo, nos levantamos cuando la noche llegaba casi a su fin. Un desayuno nutritivo fue necesario para enfrentar la caminata de varias horas. Gracias a la resistencia de los burros que cargaron con nuestros bultos, pudimos aligerarnos, y con tan sólo la cantimplora y la cámara a cuestas, emprendimos camino hasta Cotlamanis.

Cruzamos por un mangal; desde varios puntos se tiene un panorama completo de Jacomulco y del río Pescados delimitándolo.

La meseta de Buena Vista, primera zona habitada que encontramos, aloja un diminuto pueblo; transitarlo es cuestión de unos cuantos pasos. El camino nos guió hasta el cañón y al observar el paisaje sentí que la vista me engañaba: profundas barrancas con un río al fondo se mezclaban y entrelazaban con escarpados cerros. La desbordante vegetación escondía en ocasiones el sendero y el color verde predominaba en diversas tonalidades.

Descendimos, o mejor dicho nos descolgamos por escaleras empotradas a la pared del cañón. Mirar la barranca provocaba escalofríos. Resbalar y rodar cual pelota cuesta abajo que va dando tumbos hasta darse un chapuzón en el río, pasó por mi mente. Nada parecido sucedió. Era tan sólo mi imaginación que me enseñaba el camino más corto para refrescarme.

Estas escaleras de tronco de árbol se sucedían unas a otras. Son necesarias para bajar, por lo que están colocadas de manera permanente. La estrechez de la vereda obligaba a ir en fila india y ésta se detenía constantemente porque siempre había alguien deseoso de admirar el paisaje desde algún sitio en particular. No faltaba el que lo usaba como excusa para descansar un momento y tomar energías.

Las exclamaciones de admiración aumentaron en la cascada Boca del Viento. Es un talud de roca gigantesco de unos 80 m de altura. En las bases de la pared se pronuncian hendiduras que crean cuevas diminutas. Con la temporada de lluvias el agua se desliza por la pared en una estruendosa caída; se forma un cenote que se puede bordear por una brecha al pie del talud. Aun sin agua, el lugar es imponente y de una espléndida belleza.

Seguimos descendiendo por lo que se conoce como La Bajada de la Mala Pulga, rumbo a Xopilapa, pueblo internado en la profundidad del cañón, con unos 500 habitantes. Me llamó la atención lo limpio que lo mantienen. Las casas son muy pintorescas: están hechas de bajareque y las paredes están adornadas con cestos y macetas; son térmicas y sencillas de construir, utilizando el otate. Una vez terminada la estructura con troncos gruesos que funcionan como pilares, se entrelaza o teje el otate para conformar el huacal de la vivienda. Después se consigue un tipo de tierra arcillosa que se combina con zacate. Se humedece y se machaca con los pies Lista la mezcla, se repella, empleando la mano para dar el acabado. Al secar se le puede poner cal por dentro para dar un mejor terminado y evitar la proliferación de bichos.

Algo peculiar del pueblo es la roca que yace en la plaza con una cruz empotrada en la parte superior y de fondo un voluminoso cerro. Todos los domingos sus habitantes se reúnen para celebrar, al pie de la roca y al aire libre, la misa católica.

Después de tres horas y media de caminar descansamos un rato en Xopilapa y saboreamos unos sándwiches a la orilla del arroyo Santamaría. El agua fresca provocó que nos quitáramos las botas y calcetines para sumergir los pies en ella. Formábamos un cuadro muy cómico; sudados y sucios, relajando los pies, listos para el reto final: ascender a Cotlamanis.

Cruzar varias veces el arroyo por piedras pequeñas y resbalosas, fue parte de las amenidades del trayecto. Se convirtió en burla ver quién caía al agua. No faltó algún integrante del equipo que lo hiciera más de una vez.

Finalmente, ¡estábamos subiendo la meseta! Este último tramo es un deleite para la pupila. El camino se encuentra repleto de árboles con flores amarillas de un tono intenso, cuyo nombre es así de simple: flor amarilla. Al girar y ver el color de éstas unido a los múltiples verdes tuve la impresión de estar contemplando una pradera cubierta de mariposas. El panorama es incomparable, pues se observa a Xopilapa cercado por amplias y majestuosas montañas.

Al final hay que realizar un gran esfuerzo porque la cuesta es muy escarpada y se debe trepar, literalmente. En algunos sitios la maleza tan crecida parece devorarte. Simplemente te desapareces. Pero la recompensa es única: al llegar a Cotlamanis uno se deleita con una vista de 360 grados que abarca hasta el infinito. Su grandiosidad te hace sentir como un punto en el universo que al mismo tiempo lo domina todo. Es una sensación extraña y el lugar tiene cierto aire del pasado.

La meseta se sitúa a 450 msnm. Jacomulco se ubica a 350, pero las barrancas que se descienden tendrán alrededor de 200 metros.

Cotlamanis alberga un cementerio con piezas prehispánicas, probablemente totonacas. Se cree que lo son por estar situadas en el centro de Veracruz y localizarse cerca de El Tajín. Vimos fragmentos de lo que posiblemente eran vasijas, platos u otras piezas de cerámica; son vestigios de un pueblo destruido por el tiempo. Asimismo, observamos dos escalones de lo que pudo ser una pequeña pirámide. Se han encontrados huesos humanos que hacen pensar en un cementerio. El lugar es místico, te transporta al pasado. El enigma que encierra Cotlamanis penetra en tu ser.

Contemplar el surgimiento del Sol o cuando el día llega a su fin, es un verdadero poema. Con un día despejado se alcanza a ver el Pico de Orizaba. No existen límites, pues el ojo abarca hasta donde la vista lo permita.

Acampamos en un claro de la meseta. Algunos montaron sus tiendas de campaña y otros dormimos a la intemperie para regocijarnos con las estrellas y el contacto con la naturaleza. El gusto no nos duró mucho porque a media noche empezó a llover y corrimos a refugiarnos en el toldo que servía como comedor. También se puede acampar en Xopilapa, al lado del arroyo, y no cargar los bultos hasta la meseta, porque los burros sólo llegan hasta ese punto.

La levantada no fue tempranera; estábamos agotados por el ejercicio y esto nos hizo dormir como lirones y sentirnos saludables. Iniciamos el descenso encantados de disfrutar una vez más del espectáculo, fijándonos ya en los detalles que al principio pasan inadvertidos cuando se observa el paisaje en su totalidad.

¡Cotlamanis! Cinco horas de caminata que los hará gozar de la naturaleza y los adentrará por tierras vírgenes de nuestro México, transportándolos a tiempos remotos.

SI USTED VA A COTLAMANIS

Tome la autopista núm. 150 México-Puebla. Pase Amozoc hasta Acatzingo y continúe por la carretera núm. 140 hasta llegar a Xalapa. No es necesario entrar a esta ciudad. Sigua por el libramiento hasta que vea el letrero de Coatepec, adelante del Hotel Fiesta Inn; ahí dé vuelta a la derecha. Va a pasar varios pueblos, como Estanzuela, Alborada y Tezumapán, entre otros. Va encontrar dos letreros que señalan Jalcomulco hacia la izquierda. Después del segundo letrero ya es todo derecho.

El camino de Xalapa a Jalcomulco no es de terracería; es una carretera angosta de doble sentido. En época de lluvias puede encontrar varios baches. Se hacen aproximadamente 45 minutos.

Desde Jalcomulco comienza la caminata hasta Cotlamanis. En este pueblo no existen hoteles, por eso es recomendable dormir en Xalapa si desea hacer la caminata por su cuenta. En este caso, para llegar a Cotlamanis es preferible preguntar a la gente del pueblo y seguir haciéndolo a quien encuentre por el camino. No existe ningún señalamiento y en ocasiones hay varios senderos.

La mejor opción es ponerse en contacto con Expediciones Tropicales, la cual lo puede hospedar a usted en Jalcomulco y guiar hasta la meseta.

Fuente: México desconocido No. 259 

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