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Chamela-Cuixmala. Sorprendente ciclo de vida

A lo largo de la costa occidental de México, desde el sur de Sonora hasta la frontera de Chiapas con Guatemala, es posible apreciar un paisaje muy similar que, dependiendo de la época del año en que se observe, parecerá muy exuberante o extremadamente desolado.

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Se trata de la selva baja caducifolia, uno de los ecosistemas más diversos y contrastantes de los que existen en nuestro país. Se denomina de esta forma por ser su altura promedio “baja” (alrededor de 15 m.) en comparación con otras selvas, y porque en los aproximadamente siete meses que dura la época de sequía, la mayoría de sus árboles y arbustos, como una adaptación a las condiciones climáticas extremas de la temporada (altas temperaturas y ausencia casi total de humedad atmosférica), pierden las hojas por completo (caducifolia = hojas que caducan), quedando tan solo “varas secas” como paisaje. En cambio, durante los meses lluviosos la selva sufre una transformación total, ya que las plantas reaccionan de inmediato a las primeras gotas, cubriéndose de hojas nuevas que aportan un verdor intenso al paisaje mientras hay humedad.

Paisaje en constante transformación

En 1988 la UNAM y la Fundación Ecológica de Cuixmala, A.C., iniciaron los estudios, en la costa sur del estado de Jalisco que les permitieron proponer con éxito el establecimiento de una reserva con el fin de proteger la selva baja caducifolia. Así, el 30 de diciembre de 1993 se decretó la creación de la reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala, para proteger una extensión de 13,142 ha que, en su mayoría, están cubiertas por este tipo de selva. Situada más o menos a la mitad del trayecto entre Manzanillo, Colima, y Puerto Vallarta, Jalisco, esta reserva es una extensa zona cubierta de vegetación desde la costa hasta la cima de varios de los cerros más elevados de esta región; el arroyo Chamela y el río Cuitzmala marcan sus límites norte y sur, respectivamente.

Su clima es típicamente tropical, con una temperatura media de 25°C y una precipitación de entre 750 y 1,000 mm de lluvia. El ciclo anual en esta reserva y en las demás regiones del país donde se distribuye la selva baja, transcurre entre la abundancia de la época de lluvias y una aguda escasez durante la sequía; además, ha permitido múltiples adaptaciones en plantas y animales que, para sobrevivir aquí, han modificado su aspecto, conducta y hasta fisiología.

A principios de noviembre, comienza la época de secas. En este momento las plantas aún se encuentran cubiertas con hojas; prácticamente por todos los arroyos corre agua, y las pozas y charcas que se formaron durante las lluvias también están llenas.

Unos meses más tarde, sólo en el río Cuitzmala -el único permanente en la reserva- será posible encontrar agua en muchos kilómetros a la redonda; aún así, su caudal se reduce considerablemente en esta época, llegando a convertirse en ocasiones en una secuencia de pequeñas pozas. Poco a poco, las hojas de la mayoría de las plantas empiezan a secarse y a caer, tapizando el suelo con una alfombra que, paradójicamente, permitirá a sus raíces retener la humedad por un tiempo más.

En este momento el aspecto de la selva es triste y desolador, sugiriendo la ausencia casi total de vida en la región; sin embargo, por sorprendente que parezca, la vida rebosa en este lugar, pues durante las primeras horas de la mañana y al atardecer los animales aumentan su actividad. De igual forma las plantas, que a primera vista parecen estar muertas, están desarrollando su metabolismo de una forma menos “aparente”, por medio de estrategias que han utilizado a lo largo de miles de años de adaptación a las duras condiciones de este lugar.

Entre junio y noviembre, en la temporada de lluvias, el aspecto de la selva se transforma a la exuberancia total, pues la presencia constante del agua permite que todas las plantas se cubran de hojas nuevas. En esta época muchas especies animales aumentan su actividad durante el día.

Pero en esta reserva, no sólo existe la selva baja caducifolia, sino que además se han identificado otros siete tipos de vegetación: la selva mediana subperenifolia, el manglar, el matorral xerófilo, el palmar, el carrizal, la manzanillera y la vegetación riparia; Estos ambientes son de gran importancia para la supervivencia de muchos animales en las diferentes épocas del año.

Refugio de plantas y animales

Gracias a esta heterogeneidad ambiental, y por sorprendente que pudiera parecer para una región con condiciones tan extremosas, la diversidad de flora y fauna que puede encontrarse en la reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala es extraordinaria. Aquí se han registrado 72 especies de mamíferos, 27 de ellas exclusivamente mexicanas (endémicas); 270 especies de aves (36 endémicas); 66 de reptiles (32 endémicas) y 19 anfibios (10 endémicos), además de un gran número de invertebrados, principalmente insectos. También se ha calculado la existencia de alrededor de 1,200 especies de plantas, de las cuales un alto porcentaje son endémicas.

Muchas de estas plantas y animales son típicas de la región, como es el caso de los árboles conocidos como “primaveras” (Tabebuia donell-smithi), que durante la sequía -al florecer- matizan el árido paisaje con pinceladas de color amarillo, característico de sus flores. Otros árboles son el iguanero (Caesalpinia eriostachys), el cuastecomate (Crescentia alata) y el papelillo (Jatropha sp.). El primero se reconoce fácilmente porque su tronco crece formado grietas de gran tamaño en su corteza, las cuales son utilizadas como refugio por las iguanas y otros animales. El cuastecomate produce sobre su tronco grandes frutos redondos de color verde que presentan una cáscara extremadamente dura.

En cuanto a la fauna, Chamela-Cuixmala es un área de gran importancia, ya que se ha convertido en “refugio” de muchas especies que han desaparecido de otras regiones o que cada vez son más escasas. Por ejemplo, el cocodrilo de río (Crocodilus acutus), que es el reptil más grande de México (llega a medir hasta 5 m de longitud) y que, debido a la intensa persecución de que ha sido objeto (para utilizar ilegalmente su piel para la peletería) y a la destrucción de su hábitat, ha desaparecido de la mayoría de los ríos y lagunas de la costa occidental del país, donde antaño era muy abundante.

Otros reptiles sobresalientes de la reserva son el “escorpión” o lagarto de cuentas (Heloderma horridum), una de las dos especies de lagartos venenosos que hay en el mundo; el bejuquillo (Oxybelis aeneus), una serpiente muy delgada que con mucha facilidad se confunde con las ramas secas; las iguanas verdes (Iguana iguana) y negras (Ctenosaura pectinata), la boa (Boa constrictor), el tapayaxin tropical o falso camaleón (Phrynosoma asio) y muchas otras especies de lagartijas, serpientes y tortugas; de estas últimas existen tres especies terrestres y cinco tortugas marinas desovan en las playas de la reserva.

Junto con lo reptiles, varias especies de ranas y sapos conforman la herpetofauna de Chamela-Cuixmala, aunque durante la época de secas la mayoría de las especies se mantienen ocultas entre la vegetación o enterradas, tratando de escapar de las altas temperaturas del día y de la ausencia de humedad. Algunos de estos anfibios son típicos de la selva en tiempo de lluvias, cuando salen de sus refugios para aprovechar la presencia del agua para reproducirse y poner sus huevos en las charcas y arroyos, donde se escuchan sus coros amorosos “multitudinales” durante las noches. Tal es el caso de la rana “pico de pato” (Triprion spatulatus), especie endémica que se refugia entre las hojas arrosetadas de las bromelias (plantas “epífitas” que crecen sobre los troncos y ramas de otros árboles); esta rana presenta una cabeza aplanada y un labio prolongado, lo que le da -como su nombre lo indica- un aspecto de “pato”. También podemos encontrar al sapo marino (Bufo marinus), el de mayor tamaño en México; la rana chata (Pternohyla fodiens), varias especies de ranitas arborícolas y la rana verde (Pachymedusa dacnicolor), especie endémica de nuestro país y con la que se trafica ilegalmente en gran escala, por su atractivo como “mascota”.

Las aves son el grupo de vertebrados más numerosos esta la reserva, ya que muchas especies la habitan temporal o permanentemente. Entre las más vistosas se encuentran el ibis blanco (Eudocimus albus), la espátula rosada (Ajaia ajaja), la cigüeña americana (Mycteria americana), las chachalacas (Ortalis poliocephala), el carpintero de copete rojo (Driocopus lineatus), la coa o trogón amarillo (Trogon citreolus) y el guaco vaquero (Herpetotheres cachinnans), por citar algunas. También es un área de gran importancia para las aves migratorias, que cada invierno llegan desde lugares distantes de México y del oeste de Estados Unidos y Canadá. Durante esta época, es posible ver muchas aves en la selva y varias especies acuáticas en las lagunas y en el río Cuitzmala, entre las que se encuentran diversos patos y el pelícano blanco (Pelecanus erythrorhynchos).

Similar al caso de los cocodrilos, en la reserva han encontrado refugio algunas especies de loros y pericos que en otras partes del país han sido ilegalmente capturados en grandes cantidades para surtir la demanda nacional e internacional de “mascotas” exóticas. Entre las que pueden encontrarse en Chamela-Cuixmala está el loro guayabero (Amazona finschi), endémico de México, y el loro de cabeza amarilla (Amazona oratrix), en peligro de extinción en nuestro país. El perico atolero (Aratinga canicularis) al periquito verde (Aratinga holochlora) y al más pequeño de México: el periquito “catarinita” (Forpus cyanopygius), también endémico y en peligro de extinción.

Finalmente, habitan diversas especies de mamíferos como los coatíes o tejones (Nasua nasua), que pueden verse en grandes grupos a cualquier hora, también el pécari de collar (Tayassu tajacu), tipo de cerdo salvaje que recorre en manadas la selva, particularmente en las horas menos calurosas. El venado cola blanca (Odocoileus virginianus), bastante perseguido en otras regiones del país, resulta abundante en Chamela-Cuixmala y puede verse a cualquier hora del día.

Otros mamíferos, por sus hábitos o rareza, resultan más difíciles de observar; como es el caso del nocturno “tlacuachín” (Marmosa canescens), el más pequeño de los marsupiales mexicanos y endémico de nuestro país; el zorrillito pigmeo (Spilogale pygmaea), también endémico de México, el murciélago fantasma (Diclidurus albus), extremadamente raro en nuestro país y el jaguar (Panthera onca), el felino más grande de América, en peligro de extinción por la destrucción de los ecosistemas que habita y por que se le ha cazado excesivamente.

La población de esta reserva es una de las pocas que tienen viabilidad en la costa del Pacífico (en la actualidad sólo quedan individuos y pequeños grupos aislados a lo largo de su área de distribución original) y quizá la única que goza de total protección.

Historia de voluntad y perseverancia

La apreciación inmediata de la mayoría de las personas en torno a la selva caducifolia ha sido muy pobre y por ello se les considera simplemente como “monte” que es susceptible de ser eliminado, para inducir sobre estos terrenos cultivos tradicionales o pastizales para la ganadería, los cuales presentan un rendimiento raquítico y efímero, pues a diferencia de la vegetación nativa, están compuestos de plantas que no están adaptadas a las extremosas condiciones que imperan aquí. Por esta y otras razones este ecosistema se está destruyendo en forma acelerada.

Conscientes de esta situación y de que la conservación de los ecosistemas mexicanos es una necesidad imperiosa para asegurar nuestra propia supervivencia, la Fundación Ecológica de Cuixmala, A.C., desde sus inicios se ha abocado a promover la conservación del área de Chamela-Cuixmala.

Desde luego que la tarea no ha sido fácil pues, como en muchas otras regiones de México donde se ha intentado establecer reservas naturales, se han topado con la incomprensión de algunos de los habitantes locales y con poderosos intereses económicos que han tenido a esta zona “en la mira” desde hace mucho tiempo, particularmente para su “desarrollo” a través de grandes megaproyectos turísticos.

La reserva Chamela-Cuixmala se ha convertido en un modelo de organización y perseverancia a seguir. Con la participación de los dueños de los predios donde se encuentra y con las aportaciones recabadas por la Fundación Ecológica de Cuixmala, se ha logrado mantener una vigilancia estricta en la zona. Las entradas a los caminos que penetran a la reserva, cuentan con casetas de vigilancia que operan las 24 horas del día; además, los guardias hacen a diario varios recorridos a caballo o en camioneta por toda la reserva, logrando de esta forma desalentar la entrada de los cazadores furtivos que anteriormente cazaban o capturaban animales en esta área.

Las investigaciones realizadas en la reserva Chamela-Cuixmala han confirmado la importancia biológica de la zona y la necesidad de ampliar su conservación, por lo que existen planes a futuro para extender sus límites y tratar de unirla, por medio de corredores biológicos, a otra reserva cercana: Manantlán. En este país de gran riqueza biológica existe, lamentablemente, una enorme incomprensión hacia la importancia de la conservación de las especies y los ecosistemas, lo que está propiciando la desaparición acelerada de gran parte de esta riqueza. Es por ello que casos como el de la reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala no pueden menos que aplaudirse y respaldarse, esperando que sirvan de ejemplo para motivar la lucha de las personas e instituciones que aspiran a lograr la conservación de zonas representativas del gran patrimonio natural mexicano.

Fuente: México Desconocido No. 241

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