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De Manzanillo a El Paraíso (Colima)

Disfruta de enormes acantilados, playas de aguas tranquilas o la fusión de una laguna con el mar, entre otros bellos paisajes que ofrece la costa de Colima, en un recorrido partiendo de la “capital del pez vela”.

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.


Enormes acantilados, una costa interminable, la fusión de la laguna con el mar entre las palmeras y la brisa…

Manzanillo es la capital mundial del pez vela, hoteles cinco estrellas o gran turismo; restaurantes de lujo y discotecas; playas que se suceden una tras otras, a lo largo de dos grandes bahías; pero en esta ocasión, Manzanillo será sólo una cosa: el punto de partida para llegar a El Paraíso, una pequeña playa localizada 45 km al sureste del principal centro turístico del estado de Colima.

Canal y playa Ventanas

Partiendo de Manzanillo, salimos por el lado sureste de la ciudad y seguimos los señalamientos que inician: Playa Campos. Apenas pasando las últimas casas ya encontramos el Canal de Ventanas, a través del cual se unen el mar y la laguna.

Desde el puente situado sobre el canal vemos a jóvenes que simulan, aprovechando que el agua del mar entra con presión hacia la alguna. Sobre las rocas aledañas en común ver a quienes gustan de la pesca con anzuelo, ya que aquí se puede capturar, según la suerte, barrilete, sierra, barracuda o pez gallo.

Más allá, en la ribera de la alguna, se encuentran las enramadas donde se escucha la música que alegra a los comensales mientras disfrutan de exquisitos platillos de pescados y mariscos; entre tanto, las familias se refrescan en la tranquilidad de la laguna, que ahí no es profunda.

Lo único que enrarece un tanto el paisaje son las altas chimeneas de la termoeléctrica de Manzanillo, que se alzan del otro lado de la laguna y constantemente despiden enormes cantidades de humo. Sin embargo, los visitantes cotidianos parecen estar acostumbrados a su compañía.

Hacia el otro lado está el mar. Un camino de terracería nos lleva a un gran rompeolas convertido en excelente mirador, que atrae por su belleza a las parejas de enamorados. Desde aquí se puede observar el océano en un intenso color azul verde y a lo lejos se alcanzan a distinguir las costas de Santiago.

A la izquierda del mirador se levantan las rocas donde revientan con fuerza las olas y a la derecha, unos cuantos metros más adelante, llegamos a la Playa de Ventanas, protegida por acantilados y rodeada de caprichosas formaciones rocosas, donde se combinan piedras y arena fina.

Faro y playa Campos

Hacia el este, aproximadamente 2 km adelante, se encuentra la playa Campos, que inicia después de unos enormes acantilados y se extiende hasta otro canal que une laguna y mar. Por encontrarse en mar abierto, esta playa no es recomendable para nadar en todas las temporadas, pero sí es ideal para la práctica del surf.

Junto a ella, en los más alto de un cerro de 120 m aproximadamente, se encuentra el faro de Campos, al cual se puede acceder en vehículo por una terracería, aunque lo mejor es realizar el recorrido a pie.

Desde ahí se contempla un panorama impresionante. Por un lado se puede observar parte del puerto de Manzanillo y el océano en toda su extensión y, por otro, una costa interminable donde se pierde la vista y, paralela a ellas, la laguna, fundiéndose ambas en la vegetación dominada por palmeras.

Puente Tepalcates

Nueve kilómetros al este de la playa Campos, donde el camino se une a la carretera de cuota Manzanillo-Colima, se encuentra el puente Tepalcates. En una pequeña enramada cercana se pueden contratar los servicios de lancheros dispuestos a realizar recorridos tan extensos como el visitante lo disponga. También se puede seguir por carretera hasta la población de Cuyutlán, en donde además de conocer interesantes atractivos es posible embarcarse en recorridos de ensueño a lo largo de la laguna.

Cuyutlán: la Ola verde, las Salinas, el Centro tortuguero y La Laguna

Continuando por la misma carretera, a 20 km del puente Tepalcates, justo después de pasar la caseta de pago se encuentra la desviación hacia Cuyutlán, tradicional balneario famoso por sus grandes olas.

Según cuentan, el 22 de junio de 1932, cuatro días después de que Colima fue sacudido por fuertes temblores, Cuyutlán fue literalmente arrasado por una enorme ola de 20 m de altura, que reventó 100 m adentro de la playa y cuyas aguas llegaron hasta el extremo norte del poblado, junto a la estación del ferrocarril. Desde entonces al lugar se le conoce como la playa de la Ola Verde.

Para darnos una mejor idea de la tradición de Cuyutlán como balneario de antaño, reproduzco la información contenida en un cartel publicitario fechado en Colima, en marzo de 1903: ¡Hermoso paseo! Inauguración de la temporada balnearia y apertura del Hotel Cuyutlán. El domingo 29 del corriente se pondrá al servicio del público, para la apertura del hotel, un tres expreso para pasajeros, que proporciona facilidad de gozar todo el día el panorama por excelencia hermoso de nuestra playa. Una alegre orquesta amenizará esta atractiva excursión. Precisos: Viaje redondo a Cuyutlán, en primera, “2; en tercera $1.”

Aún podemos encontrar un lugar tranquilo en este balneario, sin lujos pero con comodidades y, lo más importante, una playa limpia, llena de peces y aves marinas.

Un atractivo más de Cuyutlán son sus salinas, que se encuentran entre las más antiguas de México, las cuales se sabe eran explotadas desde tiempos prehispánicos, pero cuya importancia creció a partir de la segunda mitad del siglo XVI, cuando la sal comenzó a ser utilizada en grandes cantidades para la producción de plata.

Actualmente los salineros de Colima se jactan de producir la sal de mejor calidad para el consumo humano, debido a que hasta la fecha siguen utilizando los procesos de producción tradicionales.

Así, en su paso por Cuyutlán se hace obligada una visita a las salinas que se encuentran fuera del poblado, o bien al Museo de la Sal, donde se muestra la historia, el proceso y las herramientas utilizadas par la producción del preciado condimento.

Tomando en Cuyutlán la primera calle paralela a la playa y siguiendo su continuación fuera del poblado, hacia el este, aproximadamente a 4 km llegamos al Centro de Desarrollo Productivo, Recreativo y Ecológico “Miguel Álvarez del Toro”, donde conocimos algunos ejemplares de tortugas “golfinas” y otras “negras”, así como pequeñas iguanas en un criadero.

En este campamento de tortugas tienen como objetivo principal preservar a las especies en peligro de extinción y proteger a las que año tras año llegan a desovar en las playas cercanas. Para lograrlas, durante los meses de junio a diciembre hay brigadas que patrullan las playas por las noches; marcan a las tortugas que están desovando, para conocer sus rutas migratorias; colectan los huevos depositados en la arena y los transportan a sitios seguros, donde las crías son liberadas al nacer.

Este centro de desarrollo ofrece programas de educación ambiental, y durante la temporada de arribazón permite que los visitantes aprendan de una manera vivencial y amena la importancia del respeto por la vida.

Por la Laguna, hasta El Paraiso

 

Después de ilustrarnos con las historias sobre Cuyutlán, sus salinas y sus esfuerzos ecológicos, qué mejor que irnos navegando a El Paraíso. Para hacerlo, pedimos a Don David Rentería, pescador, que nos guiara en su lancha por los distintos cauces de la laguna, donde desde el inicio sentimos adentrarnos en el paraíso.

Durante nuestra travesía, lenta, realizada a remo para disfrutar mejor de la quietud, los sonidos, los colores y toda la riqueza viva que en su flora y fauna nos ofrecía el medio lacustre, nos fuimos encontrando con imágenes hermosas, de ésas que no se pueden olvidar.

Saliendo del embarcadero –a la orilla de la laguna, junto a la carretera- pasamos por unas parcelas acuáticas delimitadas por los pescadores. Al pasar nos tocó ver cómo uno de ellos, caminando con el agua casi hasta los hombros, iba soltando alimento con el fin de atraer a sus presas, los “chacales”, un tipo de camarón de río excelente para el caldo, según dijo.

Más adelante encontramos un gran número de “borregones” (pelícanos blancos” que, siempre juntos, se mantuvieran a distancia, tomando vuelo cuando a su parecer nos acercábamos demasiado.

Conforme pasábamos junto a las manglares, ante nosotros salían volando garzas blancas y patos “buzos” o “cabezones”, que tampoco nos permitían acercarnos demasiado. Y a propósito de los manglares, al preguntar a don David si había cocodrilos en el lugar, nos explicó que sí; pero se encuentran dentro de los manglares caballero, los más tupidos, por lo que es difícil llegar a verlos.

Al pasar junto a los islotes, donde muchas aves tienen sus nidos, fue muy curioso observar cómo un pajarillo pequeñito, parecido a un gorrión, salí volando tras todo aquel quisiera pasar muy cerca de su morada. Nuestro acompañante nos explicó: “Son los “churines” que no miden consecuencias al defender su nido; llegan a arrancar plumas de la cola a pájaros mucho más grandes que ellos”.

La tranquilidad de la laguna sólo es rota por infinidad de cantos y graznidos y a lo lejos se escucha el repiquetear del “pito real”, pájaro carpintero de gran tamaño, que provoca un fuerte y sonido al hacer chocar repetidamente su pico contra los troncos de los árboles.

De repente, en las alturas, vimos una formación de flamencos rosados; con un guía como el que en esta ocasión nos acompaña, se puede llegar a lugares como el “túnel del amor”, llamado así porque los manglares, por lo tupido que se encuentran, llegan a juntarse y dejan sólo un pequeño espacio para pasar bajo sus ramas.

También hay otros sitios, como el “jardín de las tocales”, donde aparece un sembradío de hermosas flores blancas, cuyas hojas se asemejan a la flor de loto. Por fin llegamos navegando a nuestro destino, El Paraíso, un pueblo que además de tener una agradable playa y sus servicios, ofrece la oportunidad de conocer todas estas bellezas que aquí hemos tratado de describir.

Recomendaciones

 

Para hacer el recorrido total por la laguna, desde Manzanillo hasta El Paraíso, los mejores meses son agosto a febrero. En los restantes es más conveniente hacer los recorridos lacustres desde diversos puntos.

Se sugiere Cuyutlán como lugar de descanso durante el trayecto total, ya que se encuentra en una parte intermedia entre Manzanillo y El Paraíso y por sí mismo tiene grandes atractivos.

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