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Conoce México Historia

De navegantes y mercaderes mayas

En este espacio les compartimos las primeras reflexiones de la arqueóloga María Eugenia Romero, extraídas de la primera fase de nuestra expedición Usumacinta 2008.

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.


Con la idea de adentrarnos en el conocimiento de la forma de navegar de los antiguos mayas, por ríos, estuarios, lagunas y el mar; se diseñó en la década de los ochenta un proyecto con el cual se navegó por las costas de Quintana Roo y Belice…  en diferentes tipos de embarcaciones, incluyendo una canoa excavada en un tronco de árbol cuya hechura recreó la forma en la que los documentos históricos las describen y el arte maya nos muestra. Es decir, fabricada de un sólo tranco de árbol, de fondo plano, con los extremos apuntados y a mayor altura que el resto del cuerpo de la embarcación; de muy similar factura pero de menores proporciones (6.50 m de largo, 60 cm. de alto  y 1.20m de ancho) al cayuco con el que realizamos en días pasados, la expedición  Usumacinta 2008.

Este tipo de embarcación era conocido como “santanero”, ya que hasta hace algunas décadas era el tipo de canoa que utilizaban los habitantes de las costas de Tabasco para navegar por mar, y aunque pasaron 14 años, antes de que pudiera zarpar, demostró tener una gran estabilidad al cruzar los hoyos y rápidos a los que nos enfrentamos en nuestra travesía, no obstante, de no ser del tipo de las utilizadas para la navegación fluvial.

Tanto en aquella ocasión como ahora, la intención era el enfrentarnos de una manera real a los peligros y vicisitudes que debieron  sortear a lo largo de sus rutas los navegantes/comerciante mayas, pues si bien es cierto que en la mayoría de los cuerpos de agua se puede navegar, no cualquiera funcionó para el establecimiento de rutas, que enlazando diferentes sitios permitió la comunicación y el comercio entre regiones tan distantes como el Altiplano y el Golfo de México, con el Peten Guatemalteco y el Golfo de Honduras, por mencionar sólo algunas de las áreas en donde se sabe por los relatos dejados por los cronistas, conquistadores y frailes de la existencia de enclaves o puertos comerciales, cuya función principal no fue diferente a la que cumplen los puertos hoy.

El comercio de larga distancia

Entre los mayas, se inició en las primeras etapas de su desarrollo, es decir, desde por lo menos 300 años antes de nuestra era y se realizaba mediante el trueque, aunque posteriormente fueron utilizados ciertos productos y materias primas como unidades de cambio a semejanza de cómo se utiliza la moneda hoy. Tal fue el caso de ciertas almendras de cacao, cuentas de conchas coloradas, mantas de algodón, hachuelas  y cascabeles de cobre, piedras preciosas y las plumas de ciertas aves.

Se comerciaba tanto para satisfacer necesidades básicas, como para la obtención de productos suntuarios y exóticos. Entre los artículos y productos ampliamente comercializados estaban: sal, pescado seco y salado, pavos, miel, maíz, frijol, calabaza, vainilla, cera, copal, pieles, plumas; diferentes tipos de conchas y caracoles, coral, caparazones de tortuga, dientes de tiburón, espinas de mantarraya; objetos de jade, alabastro, turquesa, cristal de roca, puntas de pedernal y de obsidiana; cerámica, mantas tejidas, henequén, colorantes, maderas preciosas, lava volcánica, almagre, azófar (latón), cobre, oro, entre otras cosas, prácticamente con todos los productos disponibles incluyendo humanos, pues los esclavos también fueron comercializados.

Se intercambiaba, vendía y compraba  en mercados grandes y pequeños, de pueblo en pueblo, o si las relaciones políticas entre algunos de ellos eran adversas,  mediante intermediarios ubicados en determinados sitios. Los comerciantes viajaban por diversas rutas tanto terrestres como acuáticas que se interconectaban y de esta manera se llegaba a sitios distantes cubriendo un sinfín de lugares. Para ello se contaba con cargadores que hacían las veces de remeros, quienes además debieron ser esclavos, por lo tanto, otra mercancía más.

Según las fuentes históricas, en los grandes mercados se prestaba, se daba crédito, pero se pagaba puntualmente y existían jueces para dirimir cualquier disputa que surgiera entre comerciantes, quienes llegaron a adquirir tal importancia que podían acceder a convertirse en miembros de la clase gobernante de su jurisdicción. Mientras los  mercados podían ubicarse tanto en lugares estratégicos o no, los puertos de intercambio comercial sí tenían dicha localización y en su mayoría se ubicaban en la confluencia de vías acuáticas (fluviales y marítimas) y terrestres. Se dice que a la llegada de los españoles, los comerciantes mayas tenían barrios y enclaves comerciales en lo que hoy son las Repúblicas de Honduras y Guatemala. Su dios principal era Ek Chuah, asociado también a la estrella del norte.

Es claro que para el establecimiento de una ruta, se requiere de la existencia de entidades con un interés común, ya sea éste de carácter social, como lo es el transporte de personas con diversos fines; económico, representado por  los beneficios que se obtienen al comerciar materias primas y productos manufacturados;  o de orden religioso, al establecer rutas de peregrinaje a santuarios de reconocido prestigio como lo era el de la Diosa Ix Chel en Cozumel, o al Cenote Sagrado en Chichén Itzá, Yucatán. Sin embargo, las rutas utilizadas no fueron siempre las mismas, ya que éstas cambiaron o a lo largo del tiempo y se modificaban en atención a las condiciones ambientales y políticas imperantes al momento de realizarlas, por lo tanto, tenían tres alternativas: transitar caminos, navegar o la combinación de tierra- agua.

Vías naturales como medio

Uno de los sistemas hidrológicos ampliamente utilizado por los comerciantes/navegantes mayas fue el de los ríos Grijalva y Usumacinta, pues la presencia de sitios arqueológicos en sus inmediaciones permiten aseverar que fueron una vía importante de comunicación en la época prehispánica, aunque su curso, en algunos tramos se ha modificado con el tiempo.

El Usumacinta nace en los Altos de Guatemala, en Huehuetenango, y se forma de la unión de tres ríos: Chixoy, Lacantun y Pasión, fluyendo por los estados de Chiapas y Tabasco hasta desembocar unido con el Grijalva, en el Golfo de México; constituyendo así una vía natural de comunicación entre diferentes regiones y sitios del área maya. Pero si bien es cierto que facilitó la comunicación y el comercio entre regiones distantes, no todo fue “miel y dulce sobre hojuelas”, pues por los ríos no sólo viajaron personas y mercancías, sino también ideas y costumbres y aún afanes de poder que ocasionaron disputas entre entidades políticas y reinos por el control de rutas y de productos.

La mayoría de los sitios prehispánicos ubicados en  la cuenca del Usumacinta, que comprende parte de Chiapas y Tabasco, alcanzaron su apogeo en el Clásico tardío (600 a 900 d.C.). Entre ellos están los de la región Lacandona, Yaxchilán y Piedras Negras, todos ellos inmediatos al río; y en asociación directa Palenque y Bonampak (ya sea mediante afluentes o por llegar sus límites territoriales hasta él), por mencionar tan sólo los más destacados.

Por el momento no es posible detallar la ruta seguida por los comerciantes mayas, pues para ello se requiere de muchas más investigaciones, tanto de sitios arqueológicos como de las condiciones geomorfológicas y geográficas de las diferentes zonas del hábitat de los mayas; no obstante, el recorrer las diferentes vías acuáticas con el tipo de embarcaciones que seguramente utilizaron, permite aproximarse  de una manera más real a las dificultades que debieron  enfrentar, ya que es claro que en el caso de rutas fluviales, donde la corriente es fuerte, la vía utilizada no debió ser la misma a la ida que al regreso.

Así, con base en la navegación que efectuamos en la porción media del Usumacinta, podemos decir, que a lo largo del río se encuentran playones en los que es relativamente fácil atracar y que seguramente fueron aprovechados por los mayas, pues la región estaba densamente poblada, no se limitaba  a los lugares en donde se encuentran  los  sitios que visitamos de Lacantún, el Planchón de las Figuras, Yaxchilán y Piedras Negras.

Los tramos de mayor dificultad son aquellos en donde se forman hoyos y rápidos, como los existentes a la entrada y salida del cañón de San José, que se encuentran adelante de Piedras Negras, que dicho sea de paso, es un sitio extraordinario, por la cantidad de monumentos que contienen inscripciones y que al ser descifradas junto con las que se encuentran en el sitio vecino, pero no amigo, de Yaxchilán, a las que se suman las localizadas en algunos otros  sitios menores ubicados en las inmediaciones de ambos y por lo tanto subordinados a éstos, han permitido conocer una buen parte de la historia tanto  de los sitios como de la región. De ahí, que a las dificultades naturales que se encuentran en todo río, se aúnen aquellas de orden político-social.

Seguramente, Yaxchilán, dada su ubicación, debió controlar la mayor parte de la ruta que venía por el Usumacinta desde el Petén, mientras que Piedras Negras, la entrada y salida  del Cañón, así como la ruta terrestre que permitía el no tener que navegar por los rápidos, pero para ello, debió tener bajo su control los terrenos de ambos lados del río.

Yaxchilán, debió  mantener buenas relaciones con los sitios de la región Lacandona y cuyos productos  podían ser transportados al punto donde se encuentra el Planchón de las Figuras, en la margen del Lacantún y de fácil acceso desde tres vías fluviales.  No obstante habrá que esperar a que se efectúen las investigaciones pertinentes en el sitio para confirmar la utilidad del mismo, como puerto de  intercambio comercial, así como para determinar los territorios controlados por los reinos de Yaxchilán y Piedras Negras.

Con todo esto, es  muy probable que la ruta fuera realizada de manera combinada tierra-agua, para evitar el perder vidas y mercancías al pasar por los rápidos; es así, que los remeros se convertían en cargadores como las fuentes lo indican. Por otra parte, considero que la ruta de ida y regreso no debió ser la misma, ya que es claro que no es igual remar a favor de la corriente que en su contra.

Los hechos

Finalmente, gracias a la expedición realizada, nos pudimos percatar que para navegar con seguridad se requiere no sólo de embarcaciones estables, representadas por tener la proa y la popa más altos que la línea de borda (extremos apuntados y más altos),  sino también el conocer las características del río donde se va a navegar y desde luego pericia para hacerlo.

Pero nuestra navegación en cayuco apenas ha cubierto una mínima parte de la travesía originalmente pensada: el navegar por las rutas que seguían los comerciantes de larga distancia maya. Y aunque con ello no podamos afirmar de manera irrefutable, que como lo hacemos nosotros así lo realizaban ellos, sí nos permite ir develando las potencialidades de las embarcaciones y las dificultades enfrentadas a lo largo de sus rutas. Por lo pronto, nos queda mucho por recorrer y aún experimentar con cayucos de diferentes formas y tamaños.

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