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Economía oaxaqueña en la época colonial

La sociedad colonial en Oaxaca no difería de la de otras regiones del Virreinato; sin embargo sí tuvo características propias, debido a la diversidad étnica y lingüística que la conformó desde sus orígenes.

21-07-2010, 1:32:42 PM
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Durante el siglo XVI las antiguas familias indígenas mantuvieron cierta importancia económica y social; pero la Corona poco a poco, fue dejando sentir su dominio sobre los distintos grupos sociales. En los siglos XVII y XVIII el prestigio indígena sólo era visible en las ceremonias religiosas que, al igual que ahora, duraban varios días.

Al lado de los indígenas y de los españoles surgieron grupos de mestizos y criollos; y únicamente en algunas regiones costeras se establecieron gentes de color. No obstante, la población española -peninsular y criolla- nunca fue muy numerosa en la entidad; y casi siempre estuvo concentrada en la capital y en los pueblos grandes como Tehuantepec o la Villa Alta.

El servicio personal que los indígenas debían prestar a la Iglesia, a los encomenderos y a la Corona, fue moneda corriente a lo largo del siglo XVI. Más tarde la hacienda se convirtió en la unidad productora y explotadora que, junto con el trabajo de la minas, sustentó el sistema económico colonial. Los indígenas constituyeron la fuerza de trabajo más importante en la entidad, a lo largo de esas centurias coloniales.

La economía oaxaqueña, desde sus orígenes, se sustentó en la explotación de la tierra: agricultura y minería, principalmente. De la primera de esas actividades conviene destacar el cultivo de la grana, sobre todo en zona de la Mixteca, así como el de la seda y del algodón. La cochinilla (cocus cacti) es un insecto hemíptero que vive en los nopales (dactylinpius cacti), el cual, al reducirse a polvo producen una tintura color grana que sirve para teñir textiles; dicha tintura fue altamente apreciada en los dominios hispánicos.

La explotación de los metales y la cochinilla (Nocheztli) propiciaron el desarrollo de otras actividades económicas como la agricultura y la ganadería, pero sobre todo dieron pauta a un intenso comercio local e interregional. Los productos de Oaxaca (sal, textiles, cueros, añil) llegaban a Puebla, México, Querétaro y Zacatecas. Naturalmente que esa economía estuvo sujeta a eventualidades y fluctuaciones, producidas por desastres naturales, -sequías, plagas, sismos e inundaciones-, y medidas coercitivas impuestas por las autoridades virreinales y peninsulares.

Complementaban la economía de Oaxaca la elaboración de algunos productos para el consumo local; por ejemplo la cerámica, especialmente en pueblos de los valles centrales (Atzompa, Coyotepec) y sarapes de lana en las regiones de Tlaxiaco (Mixteca Alta) y Villa Alta; este último oficio dio nombre a un pueblo: San Juan de la Lana. A pesar del estricto control comercial, también llegaban a Oaxaca, productos europeos, sudamericanos y asiáticos, vía los puertos de Huatulco y Tehuantepec.

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