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El desierto sonorense: un mundo vivo ¡aunque no lo parezca!

Ubicado al noroeste de la República Mexicana este espacio, formado hace más de 10 mil años, aloja sahuaros y cardones, cactáceas de las que numerosas especies se aprovechan para vivir.

24-08-2016, 7:25:00 AM
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En algunos casos, al hablar del desierto surge la imagen del arenoso Sahara con sus palmeras y sus camellos. Sin embargo, existen diferentes desiertos, de distintas edades y composiciones geológicas, florísticas y faunísticas.

Hay en todo el mundo trece grandes masas de tierra seca distribuidas en dos tajas discontinuas, una en cada hemisferio -más o menos entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio- que ocupan un tercio de la porción continental del globo terráqueo. En esas tierras prodigiosas están incluidos los cuatro desiertos más importantes de América del Norte: el de la Gran Cuenca, el de Mohave, el chihuahuense y el sonorense.

El desierto sonorense o desierto de Sonora es el más rico y complejo de los cuatro por su gran diversidad biológica y por su alternancia geológica. Se encuentra en más de la mitad del estado de Sonora, en dos tercios de la península de Baja California y está presente en todas las islas del Mar de Cortés; también lo comparten Arizona y una pequeña porción de California.

El Sonorense es un desierto joven que terminó de contraerse y expandirse a finales de la última glaciación, hace alrededor de 10 mil años.

Se le considera un desierto subtropical porque el número de especies de flora y fauna por área determinada es mucho mayor que en los lugares templados, a pesar de que durante la época invernal en el desierto se llegan a formar delgadas capas de hielo e incluso nieva.

En cuanto a su cobertura vegetal es muy versátil, y en promedio con otros desiertos presenta mucha más variedad de especies de diferentes tamaños y formas. Las cactáceas son las plantas emblemáticas de cualquier desierto del continente americano, pero sólo en el desierto Sonorense podemos admirar al fascinante sahuaro y al imponente cardón, pues no existen en ningún otro desierto de México y menos del mundo. Estas enormes plantas acorazadas han formado “bosques” de cientos de años en determinadas áreas del desierto, dotándolas de un gran movimiento de vida animal, especialmente durante la noche. Además, estos “bosques” no sólo se componen de robustos cactos columnares, sino que incluyen cactos ramificados, biznagas, mamilarias, y muchas otras especies de arbustos y árboles de mediana talla, como mezquites, palo fierros y palo verdes. A estos últimos se les conoce como “plantas nodrizas”, pues protegen con su sombra a los sahuaros pequeños de la desecación y de la muerte, durante su etapa inicial de crecimiento.

Todas las partes de un sahuaro o cardón adulto son aprovechadas de alguna manera por los inquilinos del reino animal, desde las frescas raíces, en donde algunos roedores como las ratas canguro excavan sus madrigueras para obtener la humedad necesaria durante los sofocantes veranos, hasta sus tallos, que son agujereados por algunas aves como los pájaros carpinteros, para convertirlos en perfectos albergues de anidación o “condominios de tiempo compartido”, puesto que algunos de esos hoyos son luego ocupados por otras aves como las lechuzas. Coyotes, linces y liebres rondan por estos “bosques” predando o siendo predados.

A principios de mayo las blancas flores de los sahuaros coronan la parte más alta del tallo y son un manjar para los murciélagos e insectos, que toman de ellas su néctar, polinizándolas a la vez. Más tarde, el fruto se desarrolla, madura y se abre para alimentar a varias especies de aves, y aún al caer, algunas lagartijas también comen su roja y dulce pulpa.

Incluso la muerte natural de un sahuaro o cardón deja vida en el suelo del “bosque”. Parte de su madera interna se recicla en forma de nutrientes, que tanta falta le hacen al suelo desértico, pobre en humus.

Estas áreas del desierto no sólo las aprovechan los animales, sino también hombres y mujeres, como los concaa’c (seris), gente de la costa central de Sonora, o como los tohono o’odhams (pápagos) o gente del desierto, quienes en el verano celebran todo un ritual en torno a la cosecha del fruto del sahuaro.

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