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Gertrude Duby Blom y la histoira del Museo Na Bolom

Conoce la vida de esta mujer que ayudó al pueblo lacandón y de un peculiar museo en Chiapas.

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La intensa actividad fotográfica que durante 40 años realizó Gertrude Duby Blom se ha convertido en testimonio de la historia del pueblo lacandón en el Museo Na Bolom, y su nombre ha quedado hermanado a este grupo étnico. Fue su preocupación primordial ayudar a proteger la vida de los lacandones y de la selva, de aquí que conocer quién fue Trudy, como sus amigos la llamaban, resulte un interesante viaje por la historia de este siglo.

La biografía de esta admirable mujer parece más bien una novela. Su vida comienza cuando los torbellinos políticos en Europa inician la espiral de violencia que alcanzó su cúspide con la Segunda Guerra Mundial.

Gertrude Elizabeth Loertscher nació en Berna, una ciudad de Ios Alpes Suízos, en 1901 y falleció en Na Bolom, su hogar en San Cristóbal de Ias Casas, Chiapas, el 23 de diciembre de 1993.

Su infancia transcurre tranquilamente en Wimmis, donde su padre oficiaba como ministro de Ia Iglesia protestante; al regresar a Berna, todavía adolescente, inicia amistad con su vecino el señor Duby, quien trabajaba como oficial de ferrocarriles, a Ia vez que ocupaba el cargo de secretario general de Ia Unión de Trabajadores Ferrocarrileros de Suiza. Este hombre es quien Ia introduce en Ias ideas socialistas; en compañía del hijo del señor Duby, de nombre Kurt, participa en Ias filas deI Partido Democrático Socialista Suizo, cuando apenas tenía 15 años. Después de realizar estudios de horticultura, se traslada a Zurich en donde asiste a Ia cátedra de trabajo social. En 1920, participa como estudiante en Ia fundación deI Movimiento Socialista de Ia Juventud y comienza su carrera de periodista, escribiendo para los diarios socialistas Tagwacht, de Berna, y Volksrecht, de Zurich.

A los 23 años decide viajar con el afán de hacer reportajes para periódicos suizos acerca deI movimiento socialista en otros lugares de Europa. En 1923 se instala en Inglaterra, y vive como voluntaria con una familia cuáquera. Inicia un intenso contacto con el Partido Laborista inglés, donde tiene Ia oportunidad de conocer a George Bernard Shaw, entre otros.

Con Ia intención de aprender italiano, viaja a Florencia; comprometida con Ia Iucha social, continúa su labor de periodista y participa en movimientos antifascistas. En 1925 es arrestada junto con otros socialistas, y Iuego de un largo interrogatorio de cinco horas, es encarcelada durante una semana y deportada a Ia frontera suiza. En aquel lugar Ia esperaba Kurt Duby, desde donde viajan por tren a Berna; a su llegada, es recibida por una multitud que agitaba banderas rojas y consignas. Después de lo ocurrido, su familia, de ideas conservadoras, ya no Ia aceptaría.

Unos días después de su arribo, Trudy y Kurt se casan. Ella Ilevará el apellido Duby durante casi toda su vida, ya que sólo en los últimos años adoptará el de su segundo esposo. Es probable que debido al dolor que le produjo el rechazo paterno o como un homenaje al padre de Kurt, aun después de separarse de él, siguió usando su apellido. Luego de casarse con Kurt, ambos trabajan en el Partido Social Demócrata. Surgen diferencias políticas y personales entre ellos que los llevan a separarse al tercer año de matrimonio. Ella decide viajar a Alemania, donde era requerida como oradora. Kurt continúa su trayectoria política y llega a ser un destacado miembro deI Parlamento Suizo y juez de Ia Suprema Corte de Justicia.

En Alemania, Gertrude Duby milita en el Partido Comunista; poco después decide unirse a Ia corriente que formará el Partido Socialista de los Trabajadores. En enero de 1933, Alemania inicia su calvario: han elegido canciller a Hitler. Gertrude, previniendo su deportación, se casa con un compañero alemán para obtener Ia ciudadanía. Aun así, aparece en una Iista negra y es perseguida por Ia policía nazi. Debe vivir clandestinamente, cambiando de lugar cada noche, pero su trabajo de denuncia del régimen dictatorial no cesa y diariamente Ios periódicos suizos reciben sus artículos. Despacha los reportajes desde distintos lugares, siempre con Ia policía tras ella. Finalmente, para salir de Ia Alemania nazi consigue un pasaporte falso que Ie permite cruzar a Francia, en donde durante cinco años realiza una intensa campaña en contra del fascismo.

Debido a su gran reputación de luchadora social fue llamada a Paris para unirse a Ia organización de Lucha Internacional en Contra de Ia Guerra y el Fascismo, pues el inicio de Ia guerra parecía ya inminente y era necesario hacer todo lo posible por detenerla. Viaja en 1939 a Estados Unidos y participa en Ia organización deI Congreso Mundial de Mujeres en Contra de Ia Guerra. Regresa a París cuando Ia insensatez bélica ha comenzado. Francia ha sucumbido a Ias presiones alemanas y ordenan detener a todos los luchadores antifascistas que no sean franceses. Gertrude es recluida en un campo de prisioneros en el sur de Francia, pero afortunadamente el gobierno suizo se entera e inicia gestiones para lograr su liberación, Ia cual consigue cinco meses más tarde llevando a Trudy de vuelta a su país natal. Ya en Suiza, decide anular el matrimonio alemán y con ello recobra su pasaporte suizo, el cual Ie permite viajar a Estados Unidos para organizar un fondo para refugiados de Ia guerra.

En 1940, junto a otros refugiados, demócratas, socialistas, comunistas y judíos, emigra a México y jura no involucrarse en Ia política mexicana, aunque indirectamente como periodista, de alguna manera lo hace. Conoce al secretario deI Trabajo de Ia época, quien Ia contrata como periodista y trabajadora social; su encomienda es estudiar el trabajo de Ias mujeres en Ias fábricas, lo que Ia lleva a viajar por los estados deI norte y centro de Ia República mexicana. En Morelos establece contacto con Ia revista Zapatistas, editada por mujeres que habían peleado junto al general Zapata, y colabora con sus escritos.

Es en esa época cuando compra una cámara Agfa Standar en $50.00 a un inmigrante alemán de apellido Blum, quien le da algunas nociones elementales deI uso de Ia máquina y le enseña a imprimir rudimentariamente. Su motivación por Ia fotografía no fue de origen estético, pues una vez más su ánimo de lucha estaba presente: ella vio en Ia fotografía una herramienta de denuncia, de ahí el gran interés que le despertara. Ya no abandonaría nunca más su cámara.

En 1943, viaja en Ia primera expedición deI gobierno a Ia selva Lacandona; su trabajo consiste en documentar eI viaje con fotografías y escritos periodísticos. Esa expedición le reservó el descubrimiento de dos nuevos amores en su vida: primero el de aquellos que conformarían su nueva familia, sus hermanos los lacandones, y segundo, el deI arqueólogo danés Frans Blom, con quien compartió los siguientes 20 años, hasta Ia muerte de él.

Gertrude fue ante todo una humanista que luchó por sus convicciones, que no cesaron jamás. En 1944 publicó su primer libro titulado Los lacandones, un excelente trabajo etnográfico. EI prólogo, escrito por su futuro esposo, descubre el valor humano de Ia obra de Duby: Debemos dar las gracias a la señorita Gertrude Duby, por habernos permitido conocer que este pequeño grupo de indios mexicanos son seres humanos, son hombres, mujeres y niños que viven en nuestro mundo, no como animales raros u objetos de vitrina de museo, sino como parte integrante de nuestra humanidad.

En este texto, Duby describe Ia llegada de don José a Ia comunidad Iacandona, sus costumbres y su alegría, su sabiduría ancestral y también su fragilidad ante Ias enfermedades, incIuidas Ias curabIes a esa fecha. Analiza Ias condiciones de Ia mujer en ese entorno y se maravilla de Ia sabia sencillez de su pensamiento. Hace un breve recuento de Ia historia de Ios Iacandones, a quienes llama “Ios últimos descendientes de Ios constructores de Ias maravillosas ciudades en ruinas”. Los define corno “Iuchadores valientes en contra de Ia conquista durante sigIos “, con una mentalidad “forjada en una Iibertad que nunca conoció dueños ni expIotadores”.

En poco tiempo, Trudy se ganó el cariño de Ios lacandones; dice de ellos: “Mis amigos Iacandones me dieron Ia mayor prueba de su confianza cuando me llevaron en mi tercera visita a ver Ia laguna sagrada de Metzabok”; de Ias mujeres Iacandonas nos dice: “no toman parte en Ias ceremonias religiosas ni entran en Ios templos. Piensan que si una Iacandona pisa Ia corteza deI balché, moriría”. Reflexiona acerca deI futuro de este grupo étnico y señala que para “salvarlos es necesario, o dejarlos solos, Io que no es posible porque Ia selva ya está abierta para su explotación, o ayudarles a desarrollar su economía y a curar sus enfermedades”.

Eu 1946 publica un ensayo titulado ¿Hay razas inferiores?, tema candente al finalizar Ia Segunda Guerra Mundial, donde apunta Ia igualdad de los hombres y Ia construcción común de Ia vida en libertad. Su obra no se detiene: junto a Blom viaja y conoce Ia selva Lacandona palmo a palmo y a sus habitantes, de quienes se convierte en incansable defensora.

En 1950 compran una casa en San Cristóbal de Ias Casas que bautizan con el nombre de Na Bolom. Na, en tzotzil significa “casa” y Bolom, es un juego de palabras, debido a que Blom es confundido con BaIum, que quiere decir “jaguar”. Su objetivo fue aIbergar un centro de estudios sobre la región y principaImente acoger a Ios Iacandones que visitan Ia ciudad.

Trudy quiso que Ia casa con su acervo pasara aI pueblo de México. En ella están Ias más de 40 mil fotografías, magnífico registro de Ia vida indígena en Ia mayor parte de Ias comunidades de Chiapas; Ia rica biblioteca sobre Ia cultura maya; una colección de arte religioso, que rescató Frans Blom cuando en Ia guerra de los cristeros se intentó destruir esas piezas (en los muros están expuestas gran cantidad de cruces de fierro salvadas por Blom de Ia fundición). También hay una capilla en donde se exhiben objetos de arte religioso, además de una pequeña colección de piezas arqueológicas, Puede admirarse el vivero en el que ella cultivó árboles en peligro de extinción. Existe además, una sala dedicada a los lacandones, sus utensilios, herramientas, y una colección de tejidos de Ia región. EI Museo Na Bolom está ahí, esperándonos, a pocas cuadras deI centro de San Cristóbal, albergando el gran tesoro deI legado de Gertrude y Frans Blom.

Al admirar Ias bellas fotografías de Gertrude Duby Blom, podemos constatar que fue una mujer incansable que nunca se dejó abatir y, estuviera donde estuviera, luchó por aquellas causas que consideró justas. Los últimos años, en compañía de sus amigos los lacandones, se dedicó a fotografiar y denunciar la depredación de la selva lacandona. Trudy, sin duda un gran ejemplo para las actuales y futuras generaciones, dejó una obra que se agigantará con el paso del tiempo.

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