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El rescate de la música cinematográfica mexicana

La música de cine es un género muy apreciado dada la cantidad de bandas originales que se encuentran en el mercado. La interrogación es: y ¿por qué en México, país de gran tradición musical, no hay ninguna publicación al respecto?

Sibylle Hayem Laforet

La música de cine es un género muy apreciado dada la cantidad de bandas originales que se encuentran en el mercado. La interrogación es: y ¿por qué en México, país de gran tradición musical, no hay ninguna publicación al respecto?

Después de la edición de una película, el director y el editor sincrónico entregaban al compositor los tiempos precisos para la música de fondo. Esta era grabada contra pantalla, es decir, sincrónica con la imagen, por una orquesta sinfónica. En la época de oro del cine se realizaban unas 200 películas al año y la orquesta trabajaba día y noche. Los compositores se especializaban en esta rama; es más, formaban parte del sindicato de la rama cinematográfica. Raúl Lavista musicalizó 360 películas, otros hasta 600… Conocemos a Manuel Esperón, pero también están Sergio Guerrero y Antonio Díaz Conde, Gustavo César Carrión, Enrico Cabiati, Luis Hernández Bretón, Jorge Pérez Fernández… Unos han muerto, otros, como el maestro Esperón, luchan desesperadamente contra el olvido, y Sergio Guerrero ya ni siquiera quiere volver a escuchar su obra.

En la década de1970 se sumaron a éstos los compositores clásico-contemporáneos: Blas Galindo, Eduardo Mata, Joaquín Gutiérrez Heras y Manuel Enríquez, entre otros. ¿Por qué entonces tanto desdén de la sociedad hacia los promotores de su cultura?

Los estudios cinematográficos más importantes siempre fueron los Estudios Churubusco. Es precisamente aquí donde estoy realizando la labor de rescate y restauración de los materiales sonoros. Quisiera que este artículo fuera un homenaje permanente a los magníficos ingenieros de sonido, a los editores, a los compositores e intérpretes de antes, cuando el cine era una verdadera industria. Al escuchar las grabaciones, no cabe duda que son el reflejo cultural de la sociedad mexicana: los héroes de la Revolución, los corridos, las rancheras, los jóvenes del go-go, etc. Cuando en Italia se impone el espagueti western, México no se queda atrás: tenemos el chili western, en general dirigido por Rubén Galindo y siempre musicalizado por Gustavo César Carrión. El tema, por supuesto, es un segundo aire de Ennio Morricone (quien, por cierto, tiene tres películas mexicanas), pero nadie le puede quitar al maestro Carrión su excelencia cultural en el uso de la marimba, del caracol prehispánico o de las danzas indígenas.

La música está grabada en cintas magnéticas de formato óptimo para la época, aunque desafortunadamente obsoleto en la actualidad. Gran parte de la memoria audiovisual del siglo XX está a punto de desaparecer, inexorablemente, pues los soportes son muy inestables. Nadie olvidará el peligro de los materiales en nitrato de plata ni la explosión por negligencia de la Cineteca Nacional en 1982. No hay suficiente tiempo, presupuesto ni mano de obra para preservar las películas y sus pistas sonoras.

Después del nitrato, se recurrió al acetato. Son precisamente estos materiales los que pretendo salvar contra el reloj. Pronto desaparecerán a causa de lo que conocemos como el “síndrome del virus del vinagre”. El material fotográfico también lo padece, pero por alguna razón su destrucción es más lenta. Hoy en día, cuando los soportes son de poliéster, se descubrió que las bases son víctimas de una hidrólisis que los hace peligrar.

Paralelamente a este problema de inestabilidad de los materiales se añade el de la obsolescencia de los formatos. La música de fondo está, en su mayoría, grabada en 17.5 mm. La última grabadora reproductora, que está en los Estudios Churubusco, milagrosamente no fue víctima de las desincorporaciones arbitrarias. Ahora estoy digitalizando las cintas, buscando por toda la ciudad archivos, pero, por una extraña razón, los archivos están muy dispersos. Hasta hoy he logrado reunir más de 1000 títulos en formato digital. Cada película cuenta al menos con uno o dos de estos elementos: música de fondo, play-back, pista internacional, regrabación y trailers. A veces es un trabajo tedioso, pues hay que pegar las cintas, pista por pista. Pero el resultado es formidable. No cabe duda de que es parte del Patrimonio Cultural de la Nación. Es una labor a muy largo plazo. Hoy conocemos el sistema digital, pero dentro de 20 años, ¿qué sistema se usará? Al pasar de un formato obsoleto a un formato digital, puedo garantizar que dentro de dos décadas se podrán hacer copias de películas en un formato adecuado, pero aún desconocido para nosotros.

Muchas películas deben cobrar una nueva vida y no cabe duda que la música de fondo del cine mexicano merece también retomar el vuelo, independiente de la imagen, valiéndose por sí sola, como homenaje a todos los protagonistas técnicos y artísticos que participaron en nuestro quehacer cinematográfico. Trabajo sola con el apoyo de los Estudios Churubusco y de CONACULTA, contra viento y marea y con recursos mínimos; sin embargo, recordemos que la UNESCO aclara que debe ser prioridad absoluta de los gobiernos la preservación de los patrimonios culturales intangibles.

Fuente: México en el Tiempo No. 38 septiembre / octubre 2000

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