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El Tamohí, lugar en donde hace remolino el agua (San Luis Potosí)

El Tamohí estuvo habitado por los huastecoso tenek quienes nos dejaron, entre otros, finos trabajos de concha, caracol marino y piedra.

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En su época de esplendor. El Tamohí estuvo habitado por los huastecoso tenek quienes nos dejaron, entre otros, finos trabajos de concha, caracol marino y piedra. El estado de San Luis Potosí se puede considerar un campo fértil para la exploración y el estudio de nuestro grandioso pasado, pues cuenta con un número considerable de zonas que contienen vestigios que, estudiándolos, pueden aportar datos importantes para complementar y enriquecer los conocimientos de nuestras culturas prehispánicas.

 Tal es el caso de la zona arqueológica de El Tamohí, palabra que en lengua tenek o huasteca significa lugar en donde hace remolino el agua. Esta zona, localizada a aproximadamente 6 km de la cabecera municipal de Tamuín, está ubicada dentro del rancho El Consuelo por lo cual es también conocida con ese nombre. En su época de esplendor El Tamohí estuvo habitado por los huastecos o tenek quienes dejaron importantes vestigios de su cultura y de su particular gusto estético plasmado sobre todo en sus finos trabajos sobre concha y caracol marino, barro, piedra etc. Además, este grupo desarrolló una hermosa alfarería, y fue muy hábil en la fabricación de joyas, ornamentos y en sus construcciones. A los huastecos se les sitúa dentro del periodo Posclásico tardío de 1100 a 1300 d.C., y se considera que su cultura es una de las menos estudiadas en Mesoamérica. La zona de El Tamohí abarca una extensión territorial de 1609 ha aproximadamente y alberga en su interior un área cívico-religiosa de uso ceremonial, una zona residencial y un espacio dedicado al cultivo.

Al llegar a la zona lo primero que encontramos es una gran plataforma de 126 m de largo y 80 de ancho, con amplias escalinatas de 12 m de longitud incluyendo sus alfardas o remates. Sus 27 peldaños son como una invitación a emprender un pequeño viaje al pasado huasteco. Esta plataforma se ha explorado y restaurado casi en su totalidad, pero en su lado oeste, que se extiende hasta la ribera del río, se siguen haciendo minuciosas excavaciones con el fin de encontrar nuevos hallazgos. Sobre ella se observa una plaza amplia y bien conservada en la cual se encuentran algunas construcciones que se muestran al público, entre las que destaca un basamento cuadrangular considerado el altar principal. Este monumento es una construcción única en su género por su forma y diseño, que posiblemente fue utilizada para ceremonias ofrendadas a Quetzalcóatl, y se considera la más importante de la zona.

Las características y dimensiones de este basamento son las siguientes: una planta de casi 6 m de lado y 1.50 m de altura, formada por un inclinado talud que en los costados norte, sur y oeste posee excepcionales muros escalonados y almenados, de 0.75 m de altura. La fachada, que mira al reste al igual que las demás estructuradas, presenta una escalinata de seis peldaños limitados por alfardas a cuyo pie se integra una banqueta de 0.50 m de altura que se prolonga 4 m más y que, a su vez, remata en otro elemento formado por dos conos unidos por el vértice que semejan un brasero, cuyas dimensiones son 1.40 m de diámetro y casi 1 m de altura. Estos elementos, banquetas y conos, están decorados con una excelente pintura mural cuya representación ha sido interpretada como una procesión de sacerdotes ataviados con diferentes atributos de Quetzalcóatl. Los personajes aparecen bajo una banda decorativa hecha a base de greca escalonada, en la que están implícitos los conceptos de la escritura, la numeración y el calendario, con lo cual se deduce que este pueblo tenía ya una organización compleja.

A los lados de este altar principal se encuentran otras dos pequeñas construcciones de forma piramidal consideradas altares secundarios. El altar que se ubica en el lado sur tiene menos de 4 m de lado, 0.60 m de altura y se llega a él por una pequeña escalera de dos peldaños que se abre hacia el oeste y es la única de este tipo hasta ahora encontrada. De acuerdo con su posición, este altar se ha considerado como una construcción dedicada a la muerte. El altar del lado norte tiene su fachada mirando hacia el este; mide 4 x 3 m de planta, y 0.60 m de alto; su escalera, con dos peldaños enmarcados por alfardas –que probablemente estuvieron rematadas por dados (elementos de forma cúbica)- está adosada al cuerpo de la estructura. Dada su orientación, se piensa que este monumento era dedicado al culto de la vida.  Las otras construcciones de la zona componen el conjunto de monumentos de la plaza. La estructura principal del lado oeste está compuesta por dos cuerpos superpuestos; el primero tiene en la parte central de su lado este, una escalinata de 7 m de ancho con 13 peldaños, que está enmarcada con anchas alfardas de 1 m cada una; este cuerpo, de casi 3 m de altura, está compuesto por los elementos típicos de la arquitectura mesoamericana, que son el talud y el tablero. Por el lado norte, también al centro, encontramos otra escalera de más de 3 m de ancho con 12 peldaños y con alfardas; en la parte oriente de este mismo lado se encuentra un piso cuadrangular de estuco con una sencilla escalera que sube hacia el este sobre los restos de una superposición de este basamento. En el lado oeste, el cuerpo de esta estructura se prolonga en forma de terrazas hasta la ribera del río Tamuín. El lado sur conserva su talud, pero ha perdido todo su tablero. Del segundo cuerpo, de 1 m de altura, se conserva únicamente la fachada que da hacia la plaza, con dos originales escalinatas de tres peldaños cada una. La que se encuentra al centro del basamento posee una sola alfarda en su lado norte, en el mismo eje.

 En la parte superior de esta estructura fue localizado un fragmento de pintura mural perteneciente a un altar que ahora está expuesto en el Museo Regional Potosino. La otra escalera, más pequeña, se encuentra un poco al sur y no está enmarcada por alfardas; en su lugar hay dos pequeñas estructuras cónicas. Es importante hacer notar que falta una gran parte del lado norte de este segundo cuerpo, debido a que en ese lugar fue encontrada a principios de siglo la escultura del “Adolescente huasteco”. Se piensa que este edificio estuvo dedicado al sol, ya que su fachada mira al oriente. La estructura sur, que limita la plaza, es un basamento de forma cuadrangular de 25 x 12 m de planta, con un solo cuerpo de 1.80 m de altura, que presenta adosadas al centro de cada uno de sus lados, escalinatas de siete peldaños enmarcadas por alfardas que rematan en un dado. Su arquitectura está basada en la combinación de talud y tablero y al igual que la estructura antes descrita, tiene unas superposiciones en las esquinas de la fachada norte, la cual está totalmente reconstruida. El edificio norte de la plaza, de menores dimensiones que los anteriores, tiene una planta de 25 x 9 m y 1.80 de altura. Posee una escalinata con tres peldaños, en buen estado, y otra parcialmente destruida, adornada con alfardas. Los materiales que se utilizaron para la construcción de la plataforma y las estructuras que sobre ella se encuentran son tierra compacta cubierta de guijarros (pequeñas piedras redondeadas de banco de material), y un recubrimiento de cal llamado estuco.

La piedra bola o banco de material que los huastecos utilizaron para la construcción de sus pirámides la sacaban de un lugar llamado Tanchipa; el estuco lo fabricaban con concha de ostión que quemaban y molían y después le agregaban arena y agua o también con cal viva, piedra con arena y agua. El Tamohí sólo ha sido parcialmente estudiado y explorado; las primeras investigaciones se iniciaron en 1946 y estuvieron a cargo del arqueólogo Wuilfrido Du Solier, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Durante estos primeros trabajos fueron localizadas al pie de la fachada del edificio principal de la plaza, una serie de pequeñas tumbas que contenían algunos restos humanos en posición fetal, que se cree tienen influencia maya ya que los individuos ahí encontrados presentaban deformaciones en su cráneo así como limaduras en sus dientes, prácticas era común realizaran los sacerdotes y guerreros mayas principalmente como símbolo de nobleza y belleza.

En las exploraciones de la temporada 1980-1981 fue localizada hacia una esquina de la plaza, frente a las estructuras principal y norte, una construcción circular de unos 8 m de diámetro y 409 cm de profundidad en forma cóncava, elaborada con la misma técnica de los basamentos y las estructuras (guijarros y recubrimientos de estuco). Los fines y el uso que los huastecos le daban a esta estructura aún permanecen en el misterio, pero se cree que pudo haber sido utilizada como depósito de agua, posiblemente para baños purificadores (tal argumentación no se ha definido con certeza) o bien como espejo para observar el movimiento de los astros. De todos los sitios que hay en el estado de San Luis Potosí,

El Tamohí es la única zona a la que se le ha prestado atención; las exploraciones se han enfocado principalmente a sus áreas cívico-religiosas o ceremoniales. En 1971 se localizó en el edificio principal una importante escultura conocida como el “Adolescente huasteco”, pieza realizada en piedra arenisca que representa un muchacho totalmente desnudo, con mutilación dentaria y deformación craneana, cuyo cuerpo se encuentra labrado con bajorrelieves que representan algunos signos relacionados con la agricultura y otros con Ehécatl, dios del viento, así como algunos glifos mayas. En la espalda tiene un niño recién nacido con la cabeza hacia arriba, que se ha definido como el Quetzalcóatl joven.

Esta escultura se encuentra expuesta actualmente en el Museo Nacional de Antropología e Historia de la ciudad de México y una réplica de la misma se exhibe en el Museo Regional Potosino en Taninul, San Luis Potosí.  Las investigaciones arqueológicas no han concluido aún en esta zona. El Centro Regional del INAH se encarga de coordinar los trabajos de mantenimiento, exploración, restauración y consolidación, y actualmente ya está abierta al público una pequeña parte de la zona. Estar en El Tamohí es valorar lo que nuestros antepasados nos han dejado, tomando en cuenta que es un patrimonio que debemos cuidar, para que futuras generaciones gocen de nuestra maravillosa historia. 

SI USTED VA A EL TAMOHÍ

Tome la carretera federal número 70 de Ciudad Valles a Tampico, a la salida de Tamuín tome la carretera que conduce a San Vicente Tacuanyalab y a 2 km de Antiguo Tamuín se encuentra un letrero que dice: Zona Arqueológica El Tamohí. En cuanto a servicios, en Tamuín se pueden encontrar hoteles, restaurantes, gasolineras etc., o en ciudad Valles, que se encuentra aproximadamente a 45 minutos. 

Fuente: México desconocido No. 228 / febrero 1996  

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