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Escalar en Potrero Chico, de los multilargos más famosos del mundo

05-11-2020, 12:49:40 PM
Nuevo León
Potrero Chico
© Archivo MD / Manuel Cerón

La aventura de escalar en Potrero Chico está entre las rutas más largas de escalada en el mundo. Aquí la crónica de cómo la confianza en el otro es una pieza clave en estas hazañas.

Escalar en Potrero Chico, Nuevo León, es uno de los mejores sitios de Gran pared en el mundo. Con más de 650 vías de escalada y una de las rutas más largas de Norteamérica con casi 800 metros de alto, año con año atrae a escaladores mexicanos y extranjeros ansiosos de superar sus límites y llegar más alto.

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en la cima de “off the couch” (10d), potrero chico, 2020.

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Alcanzamos la base de la pared a las 7:30 am. Los rayos del sol apenas permitían vislumbrar el reto que nos esperaba: escalar la pared vertical de 200 metros para alcanzar la cima del cañón.

Hace más de un mes empezamos a planear la aventura de ir a escalar al Potrero Chico con las dos primeras graduadas del curso de escalada en roca que impartimos en la CDMX.

Todo surgió en cuarentena; Fer, mi amigo y roomie, y yo, nos encontrábamos con más tiempo “libre” del que queríamos, así que decidimos aprovecharlo dedicándonos de lleno a nuestra pasión por escalar en roca.

Nuestros amigos, ansiosos de hacer actividades y, sobre todo, hartos del confinamiento, empezaron a escribirnos manifestándonos su interés por acompañarnos en nuestras salidas a la roca y de aprender a escalar. Y así surgió la idea de impartir cursos y clínicas de escalada. Bautizamos al nuevo proyecto como Rock Trips.

Nuestras primeras estudiantes fueron Sof y Mariané. El destino, o los algoritmos de Instagram, quisieron que ambas dieran con nuestra recién creada cuenta.

Nos organizamos con ellas para darles la primera sesión del curso de escalada en roca para principiantes durante ese fin de semana y desde ese día quedaron enganchadas.

Nosotros no podíamos creerlo: la facilidad que ambas tenían para escalar era increíble. Se trataba de su primera vez en la roca y las dos se desplazaban en el eje vertical con una fluidez nata.

Después de un mes de sesiones intensivas y muchas clases de teoría decidimos que, las ahora graduadas del curso, contaban con las habilidades necesarias para embarcarnos en la misión de ir a escalar a multilargos en Potrero Chico.

¿Qué son los multilargos en la escalada?

Los multilargos en la escalada son aquellas rutas que exceden el largo de una cuerda estándar de escalada de 60 o 70.

Para ilustrar mejor este punto pondré un ejemplo: supongamos que hay una ruta en una pared que mide 35 metros de alto y un escalador quiere treparla con una cuerda de 70 metros.

Conforme el escalador va subiendo, va poniendo mosquetones en la pared por donde pasa su cuerda que le sirven de protección. En caso de una caída, el último mosquetón por donde pasó su cuerda, en conjunto con su compañero, que lo asegura desde el piso, evitará que el escalador caiga al suelo. Cuando dicho escalador alcanza la cima de la ruta pasa su cuerda por un anclaje (reunión) para que posteriormente su compañero asegurador lo baje con seguridad al piso.

El escalador necesitó 35 metros de cuerda para subir pero necesita otros 35 metros de cuerda para descender por lo que una cuerda de 70 metros apenas le alcanza.

A la mitad de la longitud total de la cuerda se le llama largo y todas las rutas que exceden esta medida estándar son consideradas multilargos.

El progreso en estas rutas se hace en conjunto con el compañero (cordada) y la logística es la siguiente: el primer escalador sube “punteando”, poniendo los mosquetones en la pared como protección. Una vez alcanzada la reunión de ese largo, asegura desde arriba a su compañero que se encuentra por debajo. Mientras éste segundo sube, va quitando todo el material que el primero colocó.

Cuando los dos se encuentran en la reunión, deciden quien irá de primero para el próximo largo y se reparten el material necesario para las protecciones y todo el procedimiento se repite una y otra vez hasta alcanzar la cima. Para el descenso de los multilargos, lo más común es rapelear la ruta. Al igual que ascendiendo, la bajada debe de realizarse largo por largo para que la cuerda alcance.

Tomando carretera

A las cinco de la mañana ya teníamos todo el equipo listo para salir y estábamos preparados para la manejada de once horas que separa Hidalgo, Nuevo León, de la Ciudad de México. Mariané y Sof pasaron por nosotros puntuales para agarrar carretera.

Marcela González

Fuimos siguiendo la cadena montañosa de la Sierra Madre Oriental y mientras nos aproximábamos a Monterrey los picos prominentes que imponen desde la carretera nos presagiaban la escalada por venir. Libramos Monterrey a buena hora y tomamos rumbo hacia Monclova.

Varios kilómetros antes de llegar a Hidalgo N.L., La Sierra El Fraile y San Miguel nos daba la bienvenida desde la carretera con su gigantesco perfil que bloquea medio horizonte.

Conforme nos acercábamos se iban revelando los picos de Potrero Chico que como navajas salen desde el piso abruptamente. Varios con más de 500 metros de prominencia.

Llegamos a Hidalgo y pasamos a un pequeño supermercado para abastecernos de provisiones para la aventura.

Para llegar a La Posada en el Potrero Chico, sitio donde montaríamos nuestro campamento, tuvimos que atravesar el pueblo acercándonos cada vez más a la montaña.

Ya con nuestro campamento instalado caminamos hasta donde el camino atraviesa el cañón para admirar las torres gigantes de roca caliza que gobiernan con aplomo sobre Hidalgo.

Los locales como los escaladores, hipnotizados y atraídos por su belleza, se reúnen durante las tardes y los fines de semana en la boca del cañón para reproducir desde sus camionetas a todo volumen los corridos norteños que retumban hasta las cimas haciendo eco en las paredes mientras beben cervezas y admiran a los escaladores dispuestos a desafiar las alturas.

La planeación para escalar en Potrero Chico

Desde antes de llegar a Potrero Chico teníamos algunas opciones de rutas que queríamos escalar. El proyecto más ambicioso era una vía que consta de 11 largos y que supera los 300 metros.

Decidimos que valía la pena intentarla y ponernos a prueba. Analizamos las horas de sol que recibía esa cara de la montaña y acordamos que empezaríamos el ascenso a mediodía para evitar los penetrantes rayos de la mañana que recibía directo la ruta.

Carbine and hook with rope in stone

Calculamos que nos tomaría entre diez y once horas escalar y rapelear la ruta. Este tipo de escalada no se puede hacer a la ligera; se necesitan planear y considerar todos los detalles. Es importante revisar el pronóstico del tiempo, preparar y empacar la comida que se llevará, inspeccionar el equipo y, sobre todo, definir los comandos de comunicación que se utilizaran en la cordada.

La escalada es una actividad que se realiza en equipo. El éxito y la seguridad radican en la confianza y en la comunicación entre la cordada. Tu compañero y tú son responsables de la seguridad de ambos.

Decidimos que Sof y yo formaríamos una cordada y Fer y Mariané otra, pero escalaríamos juntos, en equipo para apoyarnos mutuamente y repartirnos la carga mental que significa escalar un multilargo.

Día de escalar en Potrero Chico

Llegó la hora de escalar; mochilas listas, lámparas de cabeza cargadas, ruta estudiada y los nervios y la emoción a tope de subir hacia lo desconocido.

Fuimos ascendiendo despacio. La escalada era muy técnica y la necesidad de ir esquivando la jungla de matorrales con espinas que nacen en la pared nos fue retrasando en el itinerario. Después de siete horas alcanzamos la reunión del sexto largo. El ocaso permitía ver los largos restantes por escalar. Nos quedaban unos cuantos minutos de luz y nos faltaba la mitad de la ruta por subir. Los largos más difíciles nos esperaban: tramos gigantes de diferentes caras de roca prácticamente lisas con agarres muy malos.

A pesar de que el ascenso de las rutas es la parte más demandante, es en el descenso donde la mayoría de los accidentes suceden. Es fácil cometer un error cuando se monta un rapel. Todos los detalles se tienen que hacer a la perfección. El cansancio acumulado más las ansias de tocar piso han causado muchos accidentes que a un par de largos de altura se traducen en fatalidades.

Discutimos un momento entre cordadas y decidí que Sof y yo abandonaríamos la misión de llegar a la cima y bajaríamos ya. El cansancio nos había alcanzado y me pareció que lo más prudente era darnos la vuelta para regresar con seguridad.

Fer y Mariané tenían ánimos y energía para continuar subiendo y los alentamos a que intentaran alcanzar la cima.

—O subimos juntos o bajamos juntos— nos dijeron dejando de lado sus ganas de llegar al final de la ruta, disponiéndose a bajar con nosotros como equipo. Volvimos a tocar suelo después de 10 horas de estar colgados en nuestros arneses.

Al día siguiente descansamos. Aprovechamos la alberca de La Posada y continuamos alimentando las ganas de regresar a la pared a probar otra ruta.
Planeamos la última ruta que haríamos en el viaje. Se trataba de una vía de 7 largos de dificultad moderada que llegaba hasta el filo de uno de los cañones de Potrero Chico.

En varias ocasiones algunas personas me han cuestionado mi deseo por escalar objetando que el riesgo sobrepasa cualquier beneficio que me pueda aportar, me han preguntado que por qué el afán de “conquistar” las montañas e incluso yo mismo he llegado a preguntármelo. Escalar puede llegar a ser muy doloroso, te hace estar en momentos donde la mente te dice que vas a morir, situaciones de mucha tensión a muchos metros del piso y el agotamiento… mucho agotamiento mental y físico.

Segunda ruta

El despertador nos arrancó del sueño a las 4:30 de la madrugada. Empacamos la pasta y las barritas de granola que habíamos dejado listo e hicimos lo que pudimos para desayunar a esa hora un pudín de avena y café.

Nos esperaba una caminata de más de una hora para llegar a la base de la pared. Fuimos sorteando los matorrales espinosos, característicos de las zonas áridas, siguiendo el cerrado sendero orientándonos con las pistas dejadas por otros escaladores para llegar a la ruta.

Mientras caminábamos empezó a amanecer y apreciamos como los rayos del sol disipaban lentamente la niebla encerrada en el cañón. Ahí pudimos ver por primera vez en el día el filo que nos esperaba escalar imponente en el horizonte.

La aproximación a la pared seguía un camino escarpado de un terreno clase cuatro donde los espinazos de las lechugitas (agaves) y de las biznagas eran inevitables.

Llegamos a la pared a las 7:30 de la mañana. Sobre nosotros había una cara lisa de poco más de 200 metros de alto. Chocamos puños y nos embarcamos “puro pa’rriba” como dicen los escaladores de la zona.

Sof y Mariané puntearon los primeros largos con maestría y después nos pasaron la batuta a Fer y a mí para ir de primeros. Punteé los últimos largos de corrido. Me olvidé de la altura, del frío, del viento y del hambre y sólo estuve presente en el momento. Sentí que conectaba cada movimiento y una emoción empezó a apoderarse de mí. Me dejó de importar la sensación de exposición y la caída libre que estaba debajo de mí.

A las ocho horas las dos cordadas habíamos escalado exitosamente hasta la cima del filo. Nos abrazamos llenos de alegría y esta vez nuestros gritos de emoción fueron los que retumbaron en los cañones por encima de los corridos norteños.

Es por eso que escalo: para vivir estos momentos, para alimentar ese espíritu de aventura que vive en mí y mantener el alma viva y compartirlo con mis amigos.

En palabras del legendario alpinista Edmund Hillary: “No es a la montaña a la que conquistamos, sino a nosotros mismos“.

Gracias Sof, Mariané y Fer por la confianza. Sin ellos esta aventura no hubiera sido posible.

Fuentes de consulta
Madden, F., (2019), EPC Climbing A Climber’s Guide to El Potrero Chico.

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mm Juan Pablo Valdovinos Canales
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