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La arquitectura delirante de Las Pozas en Xilitla

A finales de los años cuarenta del siglo pasado, en viaje rumbo a la ciudad de México, se detuvo un hombre de origen inglés llamado Edward James. Este extravagante y acaudalado personaje, atrapado por el encanto del sitio, decidió comprar aproximadamente 40 hectáreas de un paraje conocido como Las Pozas, en Xilitla.

28-06-2010, 3:36:26 PM

Xilitla se encuentra a tan sólo 350 kilómetros de la Ciudad de México, en el corazón mismo de la Huasteca potosina. El sitio fue fundado a mediados del siglo XVI por misioneros agustinos, quienes erigieron un convento que hoy está considerado como el edificio colonial más antiguo de San Luis Potosí. Las montañas, las caídas de agua y el verdor de la vegetación mezclado con el azul del cielo hacen de esta región un lugar paradisiaco donde la variedad de especies animales y vegetales es pródiga.

En este mismísimo lugar, a finales de los años cuarenta del siglo pasado, en viaje rumbo a la ciudad de México, se detuvo un hombre de origen inglés llamado Edward James. Este extravagante y acaudalado personaje, atrapado por el encanto del sitio, decidió comprar aproximadamente 40 hectáreas de un paraje conocido como Las Pozas, y al poco tiempo se propuso construir ahí, con la ayuda de un amigo mexicano de nombre Plutarco Gastélum, un jardín de exóticas especies de orquídeas, proyecto que se vio interrumpido por una helada que cayó en Xilitla y que acabó con las plantas, así que James cambió el vergel por un zoológico personal.

Sin embargo, ni uno ni otro de ambos proyectos fueron alcanzados del todo; lo que sí se logró después de un arduo trabajo artesanal, en el que lucieron las habilidades de los trabajadores de la localidad, fue una serie de estructuras laberínticas y delirantes, producto de la desbordante imaginación del excéntrico inglés, en un concepto arquitectónico inédito en México, con elementos de diversos estilos de construcción, como el gótico y el egipcio, con características oníricas.

James utilizó los mismos elementos que conforman un edificio cualquiera, como son ventanas, puertas, pasillos, escaleras, etcétera, pero el principio de la arquitectura de servir de habitación es negado en este conjunto, ya que la libertad imaginativa y la fantasía hacen a un lado la lógica, de modo que al recorrer el lugar se pueden ver escaleras que no conducen a ningún lado, arcos invertidos y puertas que aparentan ser de entrada, pero que después de cruzarlas dan la sensación de salida. Este grupo de estructuras diseminadas entre la vegetación logran hacer de Las Pozas un maravilloso escenario donde los visitantes pueden dar rienda suelta a sus fantasías.

Muchos otros aspectos de la vida de este singular personaje quedan sin mencionar debido a la falta de espacio, pero lo que es importante decir es que el legado que nos dejó en ese rincón de la Huasteca es invaluable; una explicación de tan delirante arquitectura nos la da el mismo James en un poema escrito a lápiz en uno de los muros de la casita que habitó por temporadas, y que en un fragmento dice: “Mi casa tiene alas y, a veces, en la profundidad de la noche, canta…”

Te lo contamos en video

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