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Historia

Niño Fidencio, el curandero que le quitó la lepra a un presidente de México

Nuevo León
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El Niño Fidencio fue un famoso curandero de principios del siglo XX. Te contamos sobre la vez que alivió a uno de los presidentes de México.

Hacía tiempo que el presidente Plutarco Elías Calles enfrentaba un sufrimiento en secreto. Unos decían que era lepra, otros más que herpes. Como sea, el hecho es que el mismo mal también aquejaba a su hija. Visitó a los médicos más reputados de la época, pero ninguno lograba devolverle la salud. Alguien le habló de un curandero al que la iglesia católica no veía con buenos ojos, su nombre era Niño Fidencio. 

Bueno, el nombre completo de este hombre —al que la gente le atribuyó grandes poderes sanadores en una época en la que los servicios de salud en todo el territorio nacional eran escasos o de plano inexistentes— era José de Jesús Fidencio Sintora Constantino, pero le empezaron a decir Niño Fidencio por su cuerpo lampiño, su voz suave, rasgos pueriles y juguetones modos a la hora de curar. 

Fue el 8 de febrero de 1928 cuando el presidente Plutarco Elías Calles llegó a bordo del tren El Olivo a la estación Espinazo, una comunidad cercana a Monterrey, Nuevo León. Ahí atendía el famoso curandero que, le habían dicho con antelación, hacía cirugías indoloras usando solo vidrios provenientes de botellas rotas, lodo, cantos o sobadas, entre otros remedios. 

La tradición oral cuenta que fue el mismo Niño Fidencio quien recibió al mandatario y familia en la estación de Espinazo, lo saludó de mano, se dieron un abrazo y luego desaparecieron entre la multitud de personas que ahí estaban para presenciar la histórica visita.  

Sobre lo que ocurrió entre el curandero y el máximo mandatario del país en privado es narrado de la siguiente forma: 

“El niño le untó miel de abeja, lo dejó en un cuarto. El presidente, incrédulo, le dijo que había viajado desde muy lejos como para que solo le pusieran miel. Pero después de unas horas ya estaba curado”, cuenta David, un creyente del Niño Fidencio, que habló con el reportero de Vice, Alejandro Mendoza, quien realizó un documental para Vice en 2014. 

Con la visita y aparente curación del presidente Calles, la fama de este curandero ecléctico no hizo más que aumentar. Los medios de comunicación del centro y norte del país, además de la estadounidenses, documentaron cómo empezaron a aparecer imágenes del Niño Fidencio ataviado de una túnica y un halo estelar divino semejante al de la Virgen de Guadalupe, esto producto de la devoción de la población. 

Europa Press

Los periodistas de la época también escribieron sobre la ola de personas que comenzaron a llegar en pequeños grupos de visitantes y más tarde en peregrinación al Espinazo, ya sea a pie o en automóvil. Narraron los múltiples tratamientos usados por el curandero para lograr su cometido de devolver la salud a la gente. 

Con el incremento de su popularidad entre personas de ambos lados de la frontera —quienes más recurrían en su ayuda era gente proveniente de Baja California, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Arizona y sur de Texas— también aumentaron los detractores, especialmente de médicos diplomados que no tardaron en calificar a este hombre de charlatán, sobre todo cuando la gente con más privilegios económicos empezó a recurrir a la ayuda del Niño Fidencio para librarse de sus males. 

Al respecto la investigadora del Centro de Estudios Históricos del Colegio de México, Claudia Agostoni, hace una acotación interesante en su texto Ofertas médicas, curanderos y la opinión pública: el Niño Fidencio en el México posrevolucionario. Indica que a diferencia del charlatán el curandero de Espinazo nunca ostentó poseer un título de doctor en medicina, tampoco era un vendedor de milagros, tampoco compartía una característica esencial del charlatán: la itinerántica. 

“No se trataba del personaje donde el viaje de plaza en plaza, los remedios, milagros, las promesas, los tónicos, los ungüentos y las tisanas se unen con el poder de la palabra y credulidad de quien mira y escucha”, anota Agostoni. En pocas palabras, la gente siempre fue hacia él y no al revés. 

José Fidencio Síntora Constantino, nacido en 1898 en Yuriria, Guanajuato, murió en 1938 en Espinazo. Tras su muerte, algunos dicen, las cosas se salieron de control, pues se fundó la Iglesia Findencista Cristiana en el lugar donde El Niño Fidencio habría curado a miles. Ahí hay gente que dice ser receptora del curandero, y aseguran que el Niño Fidencio habla y cura a través de ellos, se autonombran como “materia” o “cajitas”.

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autor Viajero que además de experiencias por la vida anda tras el click.
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