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Oaxaca, Oaxaca

La región oaxaqueña estuvo poblada durante la época prehispánica por diversos grupos étnicos; sin embargo, hacia la segunda parte del siglo XV.

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Los aztecas la conquistaron y establecieron en ella diversos puntos militares y de control para vigilar la afluencia de mercancías y tributos varios. Uno de estos puestos o guarniciones se asentaba en el costado occidental del río Atoyac y se le conocía por Huaxyacac, probablemente un apelativo relacionado con la cercanía de un bosque de cuajes.

El arribo de los conquistadores al territorio se vio protagonizado por hombres como Pizarro, Barrientos, Heredia, Escalona y Cervantes, enviados por Cortés y subyugados por los informes de que en la zona se extraía polvo de oro que le era tributado a Moctezuma. El sometimiento de toda la región por parte de los conquistadores no se hizo esperar, al igual que la fundación, comenzando con poblados como la Villa de Antequera, establecida en un gran valle el 22 de abril de 1522 y que a la postre sería declarada ciudad por Cédula Real del emperador Carlos V en el año de 1533 y otorgada a Hernán Cortés como marquesado.

Así empezaría la historia colonial de Oaxaca, hoy día uno de los más bellos asentamientos de nuestro país. Su desarrollo fue significativamente marcado por la importante actividad de los religiosos de la orden de Santo Domingo, quienes arribaron a la región en 1529 y desplegaron una intensa labor evangelizadora y constructiva, esta última patente en los 29 templos y conventos levantados por ellos en el territorio durante esa época. Su primera sede fue el templo y convento de San Pablo erigido en el corazón de la ciudad. Se caracteriza por su típico sabor colonial, evidente en los materiales de construcción usados en sus históricos edificios. Uno de los más reconocidos es el hermoso conjunto del templo y convento de Santo Domingo construido hacia fines del siglo XVI y principios del XVII. El templo guarda en su interior una bellísima decoración barroca a base de yeserías doradas y un excelente retablo reconstruido en el presente siglo; mientras que el convento, de fuerte influencia renacentista, aloja al Museo Regional de Oaxaca. La restauración de Santo Domingo que actualmente se realiza es digna de verse.

Otra construcción religiosa de gran importancia es la Catedral, ubicada frente a la plaza principal, y cuya edificación data de 1535, aunque por los daños sufridos por los frecuentes terremotos debió reconstruirse durante el siglo XVIII. Otros templos dignos de mencionarse son el de la Soledad y el de San Felipe Neri, levantado en 1633, con una magnífica portada con reminiscencias del estilo plateresco. También muy cerca del centro de Oaxaca se encuentra el templo de San Agustín, del siglo XVIII con su bella portada barroca. Les siguen en importancia la iglesia de San Juan de Dios, que fue catedral provisional y donde se celebró la primera misa en esta ciudad; el templo de la Virgen de la Soledad, construido en 1695 por don Pedro de Otálora, con una bella portada barroca; la iglesia de San José, levantada en 1728; el templo y convento de los Siete Príncipes -aludiendo a los siete arcángeles- de mediados del siglo XVIII; el templo de la Defensa, así llamado por ser el sitio de resguardo para los perseguidos por las autoridades virreinales. Estos tres últimos son buenos ejemplos del estilo barroco en su modalidad sobria.

También se pueden apreciar el templo de la Compañía, con una mezcla arquitectónica de los estilos plateresco y barroco; el templo de San Francisco, de estilo churrigueresco; y el exconvento de Santa Catalina de Sena, hoy convertido en hotel, que aún conserva algunos rasgos característicos de la arquitectura conventual del siglo XVI, como su capilla y los antiguos lavaderos, levantados en uno de los patios interiores dispuestos en torno a una fuente y cobijados bajo una gran cúpula.

En lo que respecta a la arquitectura civil, el gusto artístico no se queda atrás, pues existen edificios públicos de importancia como el Palacio de Gobierno, construido en el siglo XVII para ser el Palacio Episcopal, y remodelado en el siglo XIX al estilo neoclásico. En las construcciones dedicadas a la vivienda, éstas se caracterizan por su aspecto sólido y robusto, con acogedores patios centrales, bellas fuentes en su centro y pasillos con arquerías. De ellas se pueden mencionar la que fuera propiedad del mayorazgo de Pinelo y Lazo de la Vega, obra del siglo XVIII ubicada en la calle de Macedonio Alcalá, que hoy alberga al Museo de Oaxaca; la casona del siglo XVII que es sede del Instituto de Artes Gráficas, en la avenida Morelos, y desde luego la que en la actualidad ocupa el Museo Rufino Tamayo, elegante construcción del siglo XVII. En todas existe además una constante decorativa que se ha convertido ya en un sello propio de la ciudad: la herrería, auténtica filigrana en hierro forjado que adorna puertas y balcones.

En las cercanías de la ciudad se pueden encontrar todavía muchas otras obras que se realizaron antes de que la Independencia en Oaxaca se consumara, joyas coloniales, entre las que destacan cuatro importantes monumentos levantados por los dominicos en la región: Teposcolula, con su impresionante y extraordinaria capilla abierta, única en su tipo y un claro ejemplo de la catequización en el país; Yanhuitlán, con sus bellas formas renacentistas; Coixtlahuaca, con su templo de San Juan Bautista y una capilla abierta, semejante a la de Teposcolula, ambas obras de 1536. Hay que mencionar al templo de San Miguel, del siglo XVI, ubicado en la población de Tlalixtac de Cabrera, lugar que viera nacer al prolífico pintor novohispano Miguel Cabrera, y al convento de Santo Domingo en el poblado de Tlacochabuaya, también del siglo XVI y uno de los más sencillos de la región por la ingenua decoración hecha durante el siglo XVII en los muros interiores de la nave a base de pinturas con motivos vegetales y ejecutada por manos indígenas.

Visitar Oaxaca es conocer una de las más bellas joyas coloniales mexicanas; es como acceder a un inmenso museo enclavado en medio de un agradable ambiente que combina un paisaje natural con la magnífica expresión humana plasmada en templos y edificios pertenecientes a un pasado que hoy sigue siendo nuestro.

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