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Pedernales: puerta a Tierra Caliente (Michoacán)

Como una alfombra esmeralda que se extiende cuesta abajo, la exuberante vegetación cubre los innumerables cerros que hacen ondular el paisaje, abarcando todo el horizonte hasta perderse en el azul de la distancia.

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Las inclinadas laderas se entrecruzan creando un laberinto de concavidades que forman una vasta cuenca que hace una aportación importante al caudal del Balsas, sobre todo en la época de lluvias, cuando los torrenciales aguaceros lo inundan todo. Justo al sur de Tacámbaro, Michoacán, se inicia una zona de transición climática en la que la meseta trasca con sus bosques de clima templado termina en forma abrupta y el terreno desciende rápidamente ocasionando un brusco cambio de la temperatura que origina un ambiente tropical.

El paisaje se transforma drásticamente y lo más insólito es que a menos de 10 km de los bosques de pino, aparecen las parotas, los tabachines y las ceibas gigantescas de enormes copas densas y frescas. Bajo cuya sombra se refugian hongos y helechos. En las riberas de los ríos y arroyos es tal la cantidad de árboles que crecen juntos, que sus follajes se entrelazan creando una intrincada maraña a la que se unen gruesas lianas que cuelgan por doquier formando una selva impenetrable.

Sin embargo, la deforestación ha sido terrible y la vegetación sólo se ha conservado a lo largo del curso de los ríos y arroyos y en las escarpadas cimas de los cerros puntiagudos, donde la pendiente de las laderas es tan pronunciada que es prácticamente imposible el cultivo de tierra.

Aquí y allá han sobrevividopequeños grupos de árboles o algunos grandes árboles solitarios, pero la mayor parte del terreno está ocupada por huertos de mango, maizales y, sobre todo, cañaverales, que son el principal cultivo dela región, y en el que se basa la economía local.

A partir de noviembre, con el inicio de la zafra, el verde panorama de la región cambia completamente; los campos se incendian formando gigantescas hogueras, y densas humaredas se elevan hacia el cielo ocultando el sol mientras los campesinos, machete en mano, se afanan en cortar las cañas enterradas entre las cenizas.Al removerlas, estas cenizas revolotean en el aire y se adhieren a sus manos, a sus rostros y a sus ropas ennegreciéndolos y transformándolos en personajes fantasmales que vaga en medio de la devastación. En algunas zonas, la caña todavía es acarreada en carretas tiradas por bueyes que avanzan pesadamente por las enlodadas terracerías dejando un rastro de cañas chamuscadas. Sin embargo, la mayor parte de la cosecha se transporta en grandes camiones de carga, que se llenan a más no poder, y repletos transitan lentamente por los estrechos y sinuosos caminos en largas caravanas, como laboriosas hormigas, rumbo al ingenio.

Fueron los padres agustinos quienes trajeron esta planta a Tierra Caliente y construyeron los trapiches donde se elaboraba el piloncillo. Debido a lo favorable del clima, además de la caña existen numerosos huertos familiares de guayabos, plátanos, ciruelos, naranjos, tamarindos, anonas, nanches y muchos otros frutales. Hay también una gran variedad de árboles apreciados por sus diversas características, como la calidad de su madera o la densidad de su sombra; algunos de ellos son conocidos regionalmente con exóticos nombres como pinzones, capires y chaulotes.

El pueblo de Pedernales es uno de los principales de la región. De antiquísimo origen prehispánico, su nombre significa “lugar donde existen piedras que echan lumbre” y se refiere a un tipo de cuarzo ( pedernal ) queal golpearlo o friccionarlo lanza chispas. Desde los tiempos de la independencia ya existía aquí un ingenio y durante la época porfirista hasta la Revolución, el lugar fue una gran hacienda que abarcaba enormes extensiones de tierra. El pueblo se encuentra al pie de la ladera sur de un escarpado cerro, del cual surge un manantial que ha sido aprovechado para proveer de agua al ingenio, centro vital de la comunidad.El ingenio es el más grande de la zona, y sus amplias instalaciones con sus altas chimeneas destacan desde lejos en el paisaje. Recientemente se modernizó su maquinaria, con lo que su capacidad se ha incrementado, y ahora se producen unas 30 000 ton de azúcar durante los seis meses que dura la molienda. Además de azúcar, en el ingenio se produce melaza para la fabricación de dulces y se destila alcohol de caña para elaborar bebidas y material de curación. Al lado izquierdo de su entrada, a manera de monumento, se encuentran los restos de la antigua maquinaria que incluye la enorme rueda volada que transmitía el movimiento a todo el conjunto y que fue descontinuada en 1984 luego de 64 zafras.

Frente al ingenio se encuentra una pequeña explanada llamada Plaza Acueducto”, porque la atraviesan dos blancos acueductos paralelos que dependen de la montaña y traen el agua que lo alimenta. En su centro tiene una pequeña fuente rodeada de bancas. Al lado este de la plaza está la parroquia del lugar, que llama la atención por su campanario de construcción y estilo muy antiguos, el cual formaba parte del viejo edificio de adobe que tuvo que ser demolido pues estaba muy deteriorado por los frecuentes temblores de tierra que hay en la región, situada dentro de los límites del Eje Volcánico.

En las tardes calurosas se respira un ambiente de gran tranquilidad en el pueblo. La gene se reúne a platicar y a tomar el fresco en las aceras, frente a sus casas, las señoras sacan pequeños puestos de golosinas que ellas mismas hacen, como flanes y gelatinas a las que se agrega un chorrito de rompope. También es común encontrar al panadero haciendo equilibrios con una gran canasta en la cabeza repleta de panes, que nos recuerda a un inmenso sombrero.

Una de las grandes ventajas de este pueblo es que es posible salir a pie fuera de sus limites y llegar a os campos para disfrutar de un agradable atardecer, vagando por las veredas entre los cañaverales envueltos en su penetrante olor a hierba mojada. Al anochecer los cantos de los grillos y las ranas rompen el silencio, mientras la luz se desvanece en el horizonte.

Unos 10 km al norte de Pedernales, por la carreteraa Tecámbaro , está el pequeño caserío de Chupio, situado en la cima de una amplia colina rodeada de cañaverales. El principal interés del lugar es un antiguo trapiche del que aún se conserva la maquinaria y e enorme chacuaco. Existe también un antigua iglesia pintada de amarillo ocre, con techo de teja a dos aguas, la cual tiene sobre la entrada del atrio un curioso campanario horizontal con tres campanas.

A medio camino entre Chupio y Pedernales, en una curva en la que la carretera pasa sobre un arroyo, sale una terracería que bordea la ribera derecha del arroyo y penetra en una enorme cañada llena de exuberante vegetación. De pronto, un letrero forjado en una puerta metálica que guarda la entrada, identifica el lugar: Arroyo Frío, balneario. El principal atractivo de este lugar es una hermosa cascada a pie de la cual, a unos 500 m de la carretera, hay una alberca y un restaurante. Monumentales árboles de más de 20 m de altura flanquean el arroyo formando una densa bóveda vegetal que casi bloquea los rayos solares. Mangos, plátanos, tabachines, madroños y ceibas entremezclan sus aromas creando un ambiente embriagador. El camino se abre paso por este enmarañado bosque, subiendo por un terreno cada vez más inclinado; luego de pasar un espeso platanar, termina en una sombreada explanada que sirve de estacionamiento para los vehículos que llegan al balneario.

Uno de los detalles más impresionantes de este lugar es un cañón de escarpadas paredes donde gigantescos árboles crecen inclinados hacia el vacío y se adhieren con sus fuertes raíces a las grietas de la roca llegando a reventar las grandes moles pétreas. El color claro de sus troncos, blancos o amarillos, contrasta bellamente con el verde brillante del musgo que cubre las piedras. Lo más sorprendente es que estos árboles están tan firmemente sostenidos, que logran resistir los violentos embates de los intensos chubascos que parecen arrasarlo todo.

Al fondo de este cañón, la cascada se empeña desde unos 60 m de altura, y al pie de la misma se forma un laguito que se alienta con una pequeña corriente que fue desviada del caudal del arroyo que forma la caída. Debido a los pigmentos vegetales disueltos en el agua, la alberca toma un color verdoso que se hace más intenso al aumentar su profundidad; su forma ovalada destaca en medio del paisaje selvático, semejando el corazón que regula el frenético palpitar de este mundo vegetal que, creciendo desaforadamente, parece desbocarse en un inaudito anhelo de vivir.

Unos 10 km al sur de Pedernales, está la pequeña población de Puruarán, cuyos antecedentes históricos son impresionantes. En 1815, el recién constituido congreso insurgente se reunió en Puruarán con la presencia del generalísimo Morelos, para precisar los principios del movimiento independentista, y de ahí se emitió un manifiesto, dirigido “a todas las naciones”, en el que se explicaban las razones y el verdadero espíritu de la guerra de independencia.

Además, para dar al nuevo gobierno toda la dignidad y la formalidad requeridas ante el mundo, se diseño una bandera nacional de guerra, que consistía en un lienzo a cuadros blancos y azul celeste con un óvalo blanco al centro, dentro del cual estaba el escudo de armas nacional sobre un campo plateado; el escudo era un águila real de pie, con una serpiente en el pico, descansando sobre un nopal cargado de frutos cuyo tronco brotaba en el centro de una laguna. Los extremos del paño estaban guarnecidos por una ancha orla encarnada. Al consumarse la independencia el Congreso Constituyente estuvo a punto de aprobar esta bandera como el símbolo nacional.

Utilizada como bastión por las tropas independentistas la población fue testigo de encarnizados combates contra el ejército realista. En una de estas batallas, en la que los insurgentes fueron derrotados, fue hecho prisionero el valeroso lugarteniente de Morelos, don Mariano Matamoros, el cual fue juzgado sumariamente y fusilado de inmediato.

De Puruarán hacia el suroeste se extiende inmenso el enigmático y agresivo territorio de Tierra Caliente, que sólo el río Balsas osa atravesar labrando penosamente su camino hasta el mar.

SI USTED VA A PEDERNALES

Tome la carretera número 14 de Morelia a Pátzcuaro. De allí diríjase a Opopeo y de este último punto tome la carretera número 41 a Puruarán. Pedernales se encuentra aproximadamente a 74 km de Pátzcuaro por esta vía.

En cuanto a los servicios, en Pedernales los podrá obtener, pero si quiere todas las comodidades, en Pátzcuaro las encontrará.

Fuente: México desconocido No. 222 / agosto 1995

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