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Recorrido nocturno por el Lago de Pátzcuaro

De noche, el Lago de Pátzcuaro es encantador y más en Día de Muertos. Camina por sus callejuelas y respira el olor a cempasúchil en cada rincón.

Foto: Iván Holguín
Francisco Palma

Francisco Palma

No es la primera vez que llego a Pátzcuaro, pero esta ocasión había ese olor dulce, resinoso y penetrante del cempasúchil, esa flor naranja que se vende casi a cada paso y la cual se cosecha, solo en estas fechas, para celebrar a los difuntos. Era noviembre y el camino estaba brumoso, aun así logré llegar a los pueblos alrededor del lago para contemplar la tradición en los camposantos, a la luz de las velas, donde los vivos se han preparado con ofrendas y gruesos gabanes para estar al lado de sus familiares esta noche, en que las almas han venido de visita. Al llegar al centro del pueblo los colores se multiplicaron: verdes y marrones vidriosos para la alfarería; amarillos secos por las fibras vegetales tejidas; todos los tonos de café en la madera tallada; y el multicolor de los bordados que han traído artesanos de las diversas regiones purépechas. De fondo se escuchaban las tradicionales pirekuas en un altavoz, pero más tarde me tocó oírlas en vivo, unto con algunas danzas, en el festival que se realiza a la orilla del embarcadero. 

Iván HolguínFoto: Iván Holguín

Al terminar, abordé una lancha hacia Janitzio, una de las islas en medio del lago, donde altares y adornos con flores naranjas llenan las callejuelas y rincones. Primero se llega a la iglesia, más allá está el panteón donde aguardo la llegada de la media noche, a esa hora se abren las puertas, pero solo pueden ingresar aquellos que tengan familiares bajo esta tierra. La noche aún era larga y regresé a tierra firme para visitar algunos pueblos en la rivera del lago. El camino me lleva a Ihuatzio, luego a Cucuchucho, a sus camposantos donde todo es muy solemne e íntimo en esta larga velada. Pero el esplendor de la noche se lo lleva Tzintzuntzan. Ahí el panteón se vuelve un sitio donde la imaginación se desborda, donde las velas iluminan los adornos de caballos, bicicletas o hasta helicópteros hechos de carrizos y cempasúchil, figuras que honran alguna actividad que tuvo el difunto. Muchos han migrado y regresan desde lejos para hacer esa ofrenda, lo hacen cada año, a fin de mantener vivo el recuerdo del familiar y estrechar lazos con la familia y amigos cercanos.

Iván HolguínFoto: Iván Holguín

Imprescindibles de Michoacán: 

  • Admirar el convento de Santa Ana.
  • Visitar la zona arqueológica de las Yácatas.
  • Probar el caldo michi, el pescado blanco o los charales.
  • Estar presente en la celebración del Señor del Santo entierro, el Jueves Santo.

Los editores recomiendan: Fiesta de color en Paracho, Michoacán

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