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Sistema Cheve, uno de los sistemas de cavernas más profundas

El equipo del fondo ignoraba la tragedia que ocurría en otra parte de la caverna. Cuando el grupo de los espeleólogos emprendió el regreso a la superficie, dejó atrás el campamento III y se dirigió al campamento II; al llegar, encontró una impactante nota que decía: “Yeager murió, hallarán su cuerpo en la base del tiro de 23m cerca del campamento II.”

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El fatal accidente había ocurrido en la colosal cavidad concida como Sistema Cheve, en el estado de Oaxaca, con 22.5 km de túneles y galerías, y un desnivel de 1,386 m bajo tierra. Actualmente el Sistema Cheve ocupa el segundo lugar entre los sistemas de cavernas más profundas del país, y el noveno en el mundo. Christopher Yeager exploraba con un equipo de cuatro personas que, en su primer día, pretendían alcanzar el campamento II.

Para llegar, es necesario descender 32 tiros con cuerda y cruzar fraccionamientos, desviaciones, etcétera. Hay, además, aproximadamente un kilómetro de pasajes difíciles, con grandes volúmenes de agua de fuertes corrientes. Yeager comenzó a bajar por un tiro de 23 m, en el que es necesario cambiar el descensor de cuerda a cuerda.

A cinco kilómetros dentro de la cavidad, y a 830 m de profundidad, en un cruce de fraccionamiento y a sólo dos tiros antes de llegar al campamento II, cometió un error fatal, y cayó directamente al fondo del abismo. Inmediatamente, Haberland, Brown y Bosted, le aplicaron reanimación cardiopulmonar; sin embargo, fue inútil. Once días después del accidente, Yeager fue enterrado en un hermoso pasaje, muy cerca de donde cayó. Una lápida de piedra caliza identifica su tumba.

Fui invitado a este increíble sistema por una expedición de espeleólogos polacos del grupo Warzawski. El objetivo principal era encontrar nuevos pasajes en lo más profundo de la cavidad, con un método de desarrollo totalmente al estilo europeo. Es decir, como el agua de las cavernas en Polonia alcanza temperaturas bajo cero, en lugar de continuar a nado en pasajes inundados, realizan rutas y travesías por las paredes de las cavidades. Además, en el Sistema Cheve, se requiere forzosamente de este tipo de maniobras en ciertos lugares donde el agua es caudalosa.

El domingo, a las 5:00 p.m., Tomasz Pryjma, Jacek Wisniowski, Rajmund Kondratowicz y yo, entramos a la cueva Cheve con varios kilos de material para instalar las cuerdas dentro de la caverna y tratar de localizar el campamento II. El avance fue muy rápido, a pesar de los obstáculos y las maniobras con alto grado de dificultad.

Recuerdo el enorme pasaje conocido como The Giant Staircase (La escalera gigante); entre grandes bloques descendimos con ritmo galopante y sin descanso. Esta majestuosa cueva parece interminable; para cruzarla es necesario salvar un desnivel de más de 200 m, y presenta un gran abismo interior con 150 m de hondura. Al descender aproximadamente 60 m, encontramos un chorro de agua que forma una impresionante cascada subterránea, y provoca un estruendo ensordecedor. Después de doce horas de continuo ejercicio, descubrimos que habíamos tomado un pasaje equivocado; es decir, nos encontrábamos en una de las tantas bifurcaciones que hay en esta parte del sistema. Hicimos entonces una parada momentánea y comimos. Esa jornada descendimos a 750 m de hondura. Volvimos a la superficie a las 11:00 a.m. del lunes, y bajo un sol radiante llegamos al campamento base.

El viernes, a las diez de la noche, Maciek Adamski, Tomasz Gasdja y yo entramos nuevamente a la caverna fue menos pesada, debido a que el cable ya estaba instalado y cargábamos menos material en la espalda. Nos tomó relativamente poco tiempo llegar al campamento II. Al siguiente “día”, a las 6:00 horas, descansamos en bolsas de dormir, a seis kilómetros de la entrada y a 830 m de profundidad.

Tomasz Pryjma, Jacek y Rajmund habían entrado antes que nosotros e intentaban encontrar el camino más corto hacia el fondo. Pero no tuvieron suerte, y no pudieron ubicar ni la ruta más adecuada al fondo, ni el campamento III. Yo estaba desconcertado por salir nuevamente a la superficie, pues habíamos alcanzado una profundidad considerable, y propuse quedarnos en el campamento II, para descansar, y después proseguir nuestra búsqueda. Ellos comentaron que estaban acostumbrados a caminar varios kilómetros en la nieve antes de entrar a las cavernas, y que al salir les gustaba caminar por las montañas nevadas en condiciones extremas hasta llegar a su campamento base. No tuve otra alternativa que salir con ellos a la superficie nuevamente y, a las 21 horas del domingo, alcanzamos el campamento base.

El frío era intenso aquella noche, y más aún al quitarse la combinación especial de PVC, y cambiarse ropa seca. Debido a que esta caverna se localiza en una de las zonas calcáreas de mayor altitud del país, en ella predomina un clima alpino, sobre todo en esta época del año. En dos ocasiones, mi tienda de campaña amaneció totalmente blanca y cubierta de escarcha.

Finalmente, Rajmund, Jacek y yo entramos una vez más a la caverna. Rápidamente llegamos al campamento II, donde descansamos seis horas. A la jornada siguiente emprendimos la búsqueda del campamento III. La distancia entre estos dos campamentos subterráneos es de seis kilómetros, y es necesario descender 24 tiros con cuerda, además de varias maniobras con cuerda sobre el agua.

Tras quince horas de continuo y rápido desarrollo, tuvimos éxito. Llegamos al campamento III y continuamos el descenso para buscar la ruta al sifón terminal. Nos encontrábamos aproximadamente a 1 250 m bajo tierra. Al llegar a un pasaje inundado, nos detuvimos momentáneamente, Jacek no quiso seguir porque no sabía nadar muy bien. Sin embargo, Rajmund insistió en seguir adelante, y me propuso que lo acompañara. He estado en situaciones muy especiales en cuevas, pero nunca me había sentido tan extenuado como en ese momento; no obstante, algo inexplicable me impulsó a aceptar el reto.

Finalmente, Rajmund y yo nadamos por aquel pasaje. El agua estaba realmente helada, pero descubrimos que el túnel no era tan grande como aparentaba; después de nadar unos metros, pudimos escalar por una rampa inclinada. Regresamos por Jacek, y continuamos los tres, juntos nuevamente. Nos encontrábamos en una parte compleja del sistema, muy cerca del pasaje conocido comoWet Dreams(Sueños húmedos), a escasos 140 m del fondo. Esta sección de la caverna es muy intrincada por las grietas y pasadizos con agua y afluentes que forman cascadas de fuentes caudales.

Entre los intentos por encontrar el camino apropiado al sifón final, tuvimos que cruzar un abismo apoyando nuestras espaldas contra un costado de la pared, y sobre el otro recargar ambos pies, con gran riesgo de resbalar debido a la humedad de las paredes. Además, ya teníamos varias horas de progresión, por lo que nuestros músculos no respondían igual debido al cansancio. No teníamos otra opción, pues ya n contábamos con cuerda para asegurarnos en ese momento. Decidimos con los demás expedicionarios que escalarían desde el fondo. Más adelante nos detuvimos en el lugar donde se encuentra la lápida en honor a Christopher Yeager. Al elaborar el presente artículo, supe que su cuerpo ya no permanecía ahí. Finalmente, nuestra expedición logró realizar trece asaltos a la cavidad, en un lapso de 22 días, con un margen de seguridad excelente.

De regreso a la ciudad de México, nos enteramos que un grupo de espeleólogos, dirigidos por Bill Stone, exploraba el Sistema Huautla, específicamente en el famoso Sótano de San Agustín, cuando sucedió otra tragedia. El inglés Ian Michael Rolland perdió la vida en un profundo pasaje inundado, de más de 500 m de largo, conocido como “El Alacrán”.

Rolland tenía problemas diabéticos y presentó asfixia por sumersión en agua. Su esfuerzo, sin embargo, añadió 122 m de profundidad al Sistema Huautla. De tal manera que ahora, nuevamente, ocupa el primer lugar en la lista de las cavernas más profundas del continente americano, y la quinta en el mundo, con una profundidad total de 1 475 metros.

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