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Un recorrido de fin de semana por Tetela de Ocampo

Tetela de Ocampo, en su voz náhuatl significa «abundancia de cerros», y es un destino en Puebla que vale la pena recorrer durante el fin de semana. Te contamos todo lo que encontrarás.

18-09-2019, 12:20:42 PM
Un recorrido de fin de semana por Tetela de Ocampo
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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.

Vigilada por los cerros Sotolo y Soyayo, Tetela de Ocampo se levanta cada día con la vista puesta en el pasado. Mira hacia atrás, cuando su nombre era Tetela de Oro y no de Ocampo, y sus días estaban marcados por el ritmo de la minería y los talleres de hierro forjado. Luego vendría el siglo XIX, y las inquietudes liberales del pueblo lo harían participar en numerosas batallas contra los conservadores de la época. Llegaría también el año de 1862, para que la incendiaria Tetela recordara siempre su participación en la Batalla del Cinco de Mayo.

Un paseo por el centro de Tetela

Algo de inmenso tienen los pequeños pueblos que entre montañas viven. Como si el ir y venir de los cerros alrededor alargara o deshiciera, de alguna manera, el nudo de casas que forman un punto en el paisaje. Y las de Tetela son a veces antiguas, de techos de teja y paredes blancas. Están dispuestas en derredor de la Plaza de la Constitución, donde hace mucho dialogan palmeras y pirules.

Una estrella en el centro marca el sitio donde a veces salta una fuente danzarina, y a los costados se encuentran dos monumentos: uno a Benito Juárez, otro a “Los Tres Juanes”: Juan Crisóstomo Bonilla, Juan Nepomuceno Méndez y Juan Francisco Lucas, tres generales que se hicieron de gloria durante la Segunda Intervención Francesa. A una cuadra aparece el Mercado Municipal, donde las mujeres preparan gorditas desde temprano.

La historia de Tetela se aprende viendo los murales que adornan las paredes del Palacio Municipal. Hay dos en el salón de eventos: uno semeja un códice que explica la creación del pueblo, el otro narra en alto relieve la Batalla del Cinco de Mayo. Pero es el recién estrenado mural en los portales del Palacio el que con más dramatismo cuenta los pormenores de ese glorioso episodio donde los tetelenses y otros serranos vencieron a los franceses.

Archivo MD

En él aparecen Benito Juárez, Ignacio Zaragoza y Melchor Ocampo; también “Los Tres Juanes” con rostros serios y ese aire digno que solo la defensa de la soberanía otorga. Titulado Fecha inmortal, es obra de Sergio Ávalos, el artista que ahora mismo trabaja en la construcción de un hemiciclo que habrá de rendir homenaje al Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla.

Por Avenida de la Paz, al oeste de la plaza, se llega a la Parroquia de Santa María de la Asunción. Un puente cruza la avenida y con solo subirlo se llega al hogar de la virgen querida, construido en el siglo xix. Y a pesar de que la iglesia se levanta naranja y sola en su atrio, basta con subir al campanario para entender que son los cerros llenos de neblina y no las paredes de la parroquia los que custodian a la santísima.

Dentro, espera la virgen con los brazos abiertos. Rodeada de ángeles y querubines, tiene la vista puesta en el cielo pintado al óleo que hay en la cúpula. De ese techo abovedado cuelga un enorme candil de cristal que añade brillos y refulgencias al encuentro con la reina de Tetela.

Lo destacado: Museo de Los Tres Juanes

En la parte de arriba del Palacio Municipal se encuentra el museo donde conviven las piezas prehispánicas halladas en la región y los objetos que Tetela más aprecia: aquellos que recuerdan su participación en la Batalla del Cinco de Mayo, cuando la Segunda Intervención Francesa le regaló a México un puñado de héroes y una fecha que recordar, la de ese día de 1862. Así, en una primera sala se miran vasijas, manos de morteros, puntas de proyectil, metates y fragmentos de figurillas que pertenecen al tiempo antes de la Conquista.

Para no olvidar lo ocurrido en el belicoso siglo xix ni la tendencia liberal que caracterizó al pueblo en esa época, la segunda sala muestra un cañón usado durante la guerra, un par de banderas encontradas en el campo de batalla y una imagen de Melchor Ocampo a quien Tetela debe ahora su nombre.

Pero quizá el mayor tesoro del museo son los retratos que pertenecen a “Los Tres Juanes”: Juan Crisóstomo Bonilla, Juan Nepomuceno Méndez y Juan Francisco Lucas (los primeros eran originarios de Tetela, el tercero nació en Zacapoaxtla), los líderes liberales que lucharon contra los franceses al frente del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla y que después habrían de unirse en 1867 al Plan de Tuxtepec lanzado por Porfirio Díaz.

El acervo museográfico muestra también algunas de las herramientas utilizadas antiguamente en las minas de los alrededores y reproduce en diminuto un taller de forja, esa actividad que ocupó durante mucho tiempo a los tetelenses y que poco a poco ha ido cayendo en desuso. Un par de trajes típicos y artesanías de palma y madera completan la escena (L-V de 9 a 21 h, D de 9 a 16 h; T. 01797 976 3287).

Entre las manos de artesanos

A Tetela hay que visitarla los domingos de plaza, cuando los puestos de artesanías se instalan frente al Palacio Municipal con la consigna de atrapar miradas. Los ojos se pasean entonces por los petates y morrales que con palma se tejen en la comunidad de La Lagunilla o los tejidos de lana de Xaltatempa de Lucas, luego se detienen en un quechquemitl de Hueyapan, esa prenda indígena, hermosa y triangulada, que lleva bordado un universo de grecas, animales y flores, y que está destinada a cubrir el pecho de las mujeres.

Máscaras de huehues –están talladas en madera de cedro y forman parte de las coloridas danzas que animan el Festival del Huehue en febrero–, canastas de carrizo y figuras de lámina y alambrón se acumulan también entre los puestos de la muestra artesanal; al igual que los vinos de frutas que en la región se acostumbran: los hay de ciruela, manzana o durazno, de piñón, también de “huiquiño”, un fruto silvestre.

Si se corre con suerte puede encontrarse en la vecina comunidad de Tlaxco a Alfonso Segura, un artesano rodeado de cucharas de madera. Llena de asombro verlo transformar un tronco en un par de cucharones, descubrir como el suyo es un ritual casi primitivo, poco imaginado, donde no solo las manos sino los pies trabajan alrededor de un pequeño torno en el piso. Los curiosos también han de detenerse en los cinturones de piel que Juan Méndez cincela o borda con hilo de algodón, con pita (su local está en la calle 3 Sur no. 5).

Recorrido por la naturaleza

A 18 kilómetros al noroeste se encuentra la comunidad de Xaltatempa de Lucas y en ella la Cascada de Aconco. El camino es de terracería y digno de recorrerse: desde la carretera se mira el Cañón de Xaltatempa, un río corre por debajo indiferente a las paredes que a su lado se alargan como queriendo ser árboles y verde y superficie.

El grupo Zempoal Tekitini es el que controla el acceso a la cascada y sus dos caídas (una de 100 y otra de 40 metros). Aquí se puede practicar rapel, sentir el aire en la cara desde una tirolesa que mide 160 metros, pasear por un vivero de ocotes, comer truchas y pasar la noche en alguna de las tres cabañas que hay. Hacia el noreste de Tetela, en la comunidad de Carreragco, esperan las Grutas de Acocomoca. Un río subterráneo, la oscuridad y las formaciones rocosas construyen ese encerrado mundo de 200 metros de longitud.

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