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Tradición pesquera en Isla Venados, Bahía de Mazatlán (Sinaloa)

En la Bahía de Mazatlán, Sinaloa, a finales de abril y principios de mayo los pescadores se preparan con ansia para la captura del pez conocido como “pajarito” (Hyporhamphus rosae).

El pez pajarito es pequeño y se distingue por su “medio pico”: la mandíbula inferior es larga con la punta del pico de color rojizo mientras que la superior es mucho más corta. Llega a medir hasta 20 cm y se distribuye desde Santa Ana, en el sur de California, hasta Costa Rica. Elige zonas tranquilas para aparearse y desovar. Uno de estos sitios es la Isla Venados, situada en la Bahía de Mazatlán, Sinaloa, pues ahí encuentra las condiciones óptimas para su producción. 

ARRIBO A PLAYA NORTE 

Por lo regular, los pescadores arriban al embarcadero Playa Norte un par de horas antes del ocaso. La mayoría llegan eufóricos y con muchas ganas de salir de pesca. Cada embarcación o panga lleva de cinco a ocho pescadores, y cada uno desempeña una función particular. Antes de partir se realiza un chequeo para cerciorarse que no falte nada del equipo requerido; primero se revisa minuciosamente el motor y que se cuente con la gasolina y el aceite suficientes; luego las atarrayas (redes para la captura del pescado), remos y, por supuesto, que la batería esté cargada, ya que lo más importante de esta pesca es atraer el cardumen con luces neón que se colocan en las embarcaciones. Las atarrayas que se usan tienen una luz de malla muy pequeña, especial para que no escapen estos pequeños peces.Justo antes del atardecer, la tripulación empuja la embarcación hacia el mar y las pangas se dirigen hacia la Isla Venados.

Los “pajaritos” se congregan en la pequeña bahía arenosa, en la parte noroeste del lado protegido de la isla, con el fin de realizar el desove y la reproducción. Se cree que este pez llega aquí debido a que las condiciones de las corrientes y temperatura del agua son las óptimas para lograr su supervivencia. Es un lugar tranquilo, protegido, a pesar de las fuertes marejadas en el mes de mayo.Los pescadores deben acudir día con día para cerciorarse cuándo inicia el arribo masivo del “pajarito”. Una vez que esto ocurre de inmediato se corre la voz.El joven Salvador Pérez “El Flaco”, capitán y dueño de la embarcación “Ana Jazmín”, junto con los marineros Rafael Rojas, Juan Martínez y cuatro jóvenes más, me dieron la oportunidad de participar y conocer la manera en que se realiza esta tradicional pesca. El recorrido de Playa Norte a Isla Venados es de 40 minutos a una hora, aproximadamente.En la lejanía se alcanza a percibir gran cantidad de luces asemejando una pequeña ciudad nocturna flotante; eran alrededor de 52 pangas congregadas durante esa noche, separadas sólo por unos cuantos metros.  Justo después de fondearnos, “tirar el ancla”, es cuando realmente inicia la faena. En nuestra embarcación se colocaron a estribor y babor un par de luces neón para atraer a los “pajaritos”. En cuanto oscureció sólo se escuchaban las voces y gritos de los pescadores, mientras que millones de peces eran atraídos por las numerosas luces.

 Luego se escuchaba el lance de las atarrayas por doquier, aunque de inmediato se sabía donde abundaban más los peces. En nuestra embarcación, Salvador acomodó a su gente para arrojar la atarraya: dos a estribor, dos a babor, y uno en la proa; otro se encargaría de acomodar la captura en los compartimentos de la embarcación. En ocasiones, era tal la abundancia de peces en la superficie que parecía que estuviera hirviendo el mar, y el reflejo de la luz y la enorme cantidad de “pajarito” revoloteando daba al agua una tonalidad de colores brillantes y destellos.Algunos pescadores, aprovechando tal abundancia, con la ayuda de una cubeta o jaba sacaban grandes cantidades sin ayuda de la atarraya. Uno de nuestros marineros lanzó la atarraya y no podía sacarla por la gran cantidad de peces; finalmente, con ayuda de un compañero, logró subirla.

Poco tiempo después la embarcación se encontraba prácticamente nadando en pescado. Mientras Juan acomodaba la captura, algunos de los marineros se veían fatigados, con necesidad de un descanso.Después de una hora se logró llenar los compartimentos; en eso se escuchó el grito de Juan: “ya pasa de la tonelada y media, hay que llegarle a la venta”. Rápidamente, Salvador ordenó guardar todo el equipo, se apagaron las luces y nos acomodamos de tal forma que evitáramos desbalancear la embarcación por la carga y la fuerte marejada. A medio camino, repentina y desafortunadamente, quizá debido al excesivo peso, se barrió la propela. Salvador permaneció tranquilo a pesar de las enormes olas que hacían desaparecer de nuestra vista los hoteles en la costa y la tripulación hizo uso de los remos para llegar a la zona protegida de la Playa Norte lo más pronto posible.El propósito de llegar primero era vender más caro y rápido; sin embargo, a pesar del percance logramos llegar antes que muchas otras embarcaciones. 

LLEGADA AL EMBARCADERO 

Al llegar a Playa Norte, la gente que allí se encontraba nos ayudó a meter la embarcación en la parte protegida, donde las olas ya no eran un problema y los compradores pudieran acceder con facilidad a nuestra pesca.Familias enteras se encuentran en el malecón y en la playa en espera de sus amigos y familiares. Se hace una fila y cada quien lleva su propio balde; la venta es intensa y amena, se escuchan gritos como “¡quiero un balde bien lleno, que esté rebosando de pajarito!”.Algunos compradores obtienen de 10 a 20 jabas de pescado y al día siguiente lo revenden en los pueblos vecinos. De esta manera, a los que no tienen oportunidad de llegar a la compra en Playa Norte se les concede de cualquier forma comer “pajarito” y seguir con esta original tradición mazatleca.  Uno de los pescadores gentilmente me comentó: “Este pescado es la comida del pueblo, todos lo consumimos hasta que se acaba la temporada de pesca”. La única desventaja es que en ocasiones malbarata el pescado bueno (pargo, cabrilla, curvina, etc.) que es obtenido por otros pescadores. La mayoría de la gente consume el pajarito por “tradición”.Dos horas después, todo nuestro producto se ha vendido; la embarcación queda completamente vacía y limpia. Juan mencionó que se pescó aproximadamente tonelada y media, que a peso el kilo son 1 500 pesos de ganancia, y en unas horas de trabajo.

Teniendo en cuenta lo anterior, es de gran importancia tomar medidas de protección para no sobreexplotar este recurso, ya que se sabe que esta especie llega para desovar, y si no se tiene un acuerdo sobre cuántas embarcaciones puedan pescar y qué cantidades, es probable que ocurra un colapso en esta pesca, como en muchas otras.La pesca del “pajarito” no sólo es una hermosa tradición, que a pesar del paso de los años sigue perdurando, es también una gran fiesta familiar. A los pescadores de Playa Norte les agrada ver que su gente, año con año, los esperan con ansiedad en la playa o en el malecón para ver la embarcación llena de pescado fresco.Para los pescadores de Playa Norte es y seguirá siendo un trabajo único y digno que forma parte de una tradición, que se seguirá transmitiendo en las generaciones venideras de la comunidad mazatleca.

Fuente: México desconocido No. 303 / Mayo 2002

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