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Otra aventura en canoa, de Xcaret a Cozumel

Acompáñanos en esta original travesía recorriendo en canoa las azules aguas del mar Caribe, de Xcaret a Cozumel, como lo hacían los antiguos mayas ¡hace más de 500 años!

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Fotógrafo especializado en deportes de aventura. ¡Ha trabajado para MD desde hace más de 10 años!


Vivir la experiencia de realizar las antiguas travesías de quienes habitaron nuestro territorio ha interesado a México desconocido desde hace muchos años. Cuando recibimos la invitación del Parque Eco-Arqueológico Xcaret para participar en la primera Travesía Sagrada Maya aceptamos el reto de surcar el mar, tal y como lo hacían los mayas hace 500 años.

Guiados por Ek Chuah, dios del cacao, de los comerciantes y viajeros mayas, y orientados por Xaman Ek, dios de la estrella del norte, prendimos los incensarios y preparamos nuestra ofrenda en honor a la diosa Ixchel y dimos inicio a esta gran aventura marítima, en la que remamos desde Xcaret hasta la isla de Cozumel, y de regreso a Playa del Carmen.

Esta travesía, organizada por iniciativa del Parque Eco-Arqueológico Xcaret, surgió hace dos años como un proyecto interdisciplinario, contando con la asesoría del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y con el trabajo de antropólogos, historiadores y expertos navegantes, quienes se encargaron de que la Travesía Sagrada Maya se apegara a los resultados de las investigaciones, cuidando que las canoas, los rituales, danzas y música fueran lo más cercanas a lo que fueron en su tiempo. Todo esto con el fin de preservar nuestro patrimonio cultural y de fortalecer el conocimiento y la identidad del mundo maya. Para este proyecto se construyeron cinco canoas de una sola pieza, a golpe de hachuela, de árboles de pich y amapola para llevar de cuatro a seis remeros. De una de éstas se sacó un molde para construir otras 15 en fibra de vidrio.

Invitados por Xcaret

Llegué así a Playa del Carmen y mi primer objetivo fue formar un equipo de seis remeros dispuestos a despertarse a las 6:00 horas para entrenar. Con la ayuda de mi amiga canadiense Natalie Gelineau, comenzamos a reclutar amigas y amigos. La primera vez que salimos fue muy duro, ya que tuvimos que coordinar la remada con el timoneo. La corriente era fuerte y después de tres horas tuvimos que regresar remolcados por una de las lanchas de apoyo. Natalie bajó con las manos ensangrentadas, debido a los rústicos remos de madera. Después cada quien fue arreglando su remo con barniz, cera o de plano, lija. Al día siguiente soplaba fuerte el viento y el oleaje era alto, comenzamos a remar y cuando nos dimos cuenta, ya estábamos nadando. Fue muy duro poner a flote nuevamente las embarcaciones, ya que eran sumamente pesadas.

El equipo México desconocido

La gran incertidumbre de todos era la misma: ¿cómo estaría el clima? Algunos equipos ya habían cruzado a Cozumel y en una ocasión remaron seis horas y nunca pudieron atravesar el canal que separa a la isla de la península. Por otro lado, el día se acercaba y todavía no teníamos el equipo completo. Finalmente, dos días antes, se definió con: Natalie, Margarita, Levi, Alin Moss y su hermana, la velerista mexicana Galia Moss, quien exactamente hace un año había llegado a Cozumel, después de su largo viaje en solitario por el Océano Atlánico. Yo iría de timonel.

El 31 de mayo por la tarde se llevó a cabo la ceremonia de iniciación, donde se representaron danzas rituales dedicadas a la diosa Ixchel.

Llegó el día…

Finalmente el 1 de junio nos reunimos a las 4:30 de la madrugada, en la caleta del parque Xcaret. Algunos de los remeros se pintaron la cara y el cuerpo con motivos mayas y se vistieron con el tradicional traje de marinero, el cual consistía en un taparrabo y una banda en la cabeza, mientras las mujeres llevaban un huipil blanco y una especie de falda abierta por ambos lados. Una hora más tarde, se llevó a cabo la Ceremonia de despedida de los remeros por los batao´ob (gobernantes) de Xcaret.

Los 20 equipos empuñamos nuestros remos y a las 6:00 horas en punto, con el primer rayo de sol, comenzamos a remar para internarnos en el reino de Xibalbá. Para los mayas el mar era fuente de alimentación, pero también lo era de devastación y muerte, ya que señalaba la entrada a Xilbalbá, el inframundo. Para suerte de todos, el clima y las condiciones del mar eran perfectas.

Apenas comenzamos, Alin soltó su remo, así que tuvimos que dar vuelta atrás y recogerlo, afortunadamente lo logramos rescatar, y seguimos al sur. Pasamos por el puerto de Calica y llegando a Paamul, giramos rumbo a Cozumel. Esta estrategia fue para que cuando estuviéramos cruzando el canal, la corriente no nos sacara de la isla. Margarita iba hasta adelante marcando el ritmo y para tomar agua nos fuimos turnando de uno en uno. En todo momento fuimos acompañados y guiados por una embarcación de la Secretaría de Marina.

La llegada

Finalmente, después de cuatro horas y media y 26 kilómetros de aguas azul turquesa, nos dieron la bienvenida en Cozumel. Los 20 equipos nos reunimos debajo de la bandera nacional. Al fondo se escuchaba a los marinos entonando el Himno Nacional y los nuevos 120 marineros mayas desembarcamos en la Playa de Casitas, felices de haber completado esta mágica travesía, la cual tenía más de 500 años de no realizarse.

Durante la noche se llevaron acabo los rituales y la ofrenda de remeros a Ixchel, así como la despedida a los remeros, quienes al día siguiente partieron de la Playa Paso del Cedral con rumbo a Playa del Carmen.

El duro regreso

En el cruce de vuelta las condiciones del mar fueron más duras, había grandes olas y algunas embarcaciones se voltearon, algunas otras fueron arrastradas por la corriente; una de ellas llegó hasta Puerto Morelos y tuvieron que ser remolcados hasta Playa del Carmen. Finalmente todos logramos llegar sanos y salvos y pudimos dar el mensaje de la diosa Ixchel.

Esperamos revivir en un futuro no muy lejano más de estas antiguas rutas comerciales mayas, y así redescubrir los secretos de la Península de Yucatán. No se pierda nuestra próxima aventura.

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