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Artistas de ayer. Pinturas rupestres y petroglifos en Coahuila

Por: México Desconocido

Coahuila es un territorio pletórico de historia indescifrable. Desde la era cretácica, hace más de setenta millones de años, hasta la actualidad, esos territorios han sido transitados por diversas especies animales y por grupos humanos.

Cuando leemos sobre la historia de Coahuila no debe sorprendernos el hecho de que la mayoría de los datos hablen del México colonial en adelante, sobre todo de la época revolucionaria, en particular debido a las incursiones villistas y a las acciones de dos coahuilenses memorables: Francisco I. Madero y Venustiano Carranza, así como a la firma del Tratado de Guadalupe, en la hacienda del mismo nombre, acuerdo que desembocó en el derrocamiento del usurpador Victoriano Huerta. Si nos remitimos un poco más atrás nos daremos cuenta de que la historia del estado menciona en menor escala a los grupos nómadas que habitaron esta amplia región meridional de Aridoamérica, grupos genéricamente llamados chichimecas, pero que tienen también sus nombres específicos, como los coahuiltecos, los huachichiles, los irritilas y los tobosos.

De ellos poco se sabe, las fuentes históricas casi no hablan de sus costumbres, de sus lenguas o dialectos, ni de sus tradiciones, aunque ahora ya se conocen algunos de los vestigios que dejaron para la posteridad. Las evidencias arqueológicas nos muestran cuevas que se usaron como casa-habitación, así como entierros junto a los cuales se han descubierto herramientas, indumentaria y ofrendas. Los sitios más conocidos son la Cueva de la Candelaria, la Cueva Espantosa y La Chuparrosa. A lo que se le ha dado gran impulso en los años recientes es a las investigaciones paleontológicas. Rincón Colorado, en el municipio de General Cepeda, se ha convertido en un punto de interés mundial por los hallazgos de fósiles de gasterópodos, moluscos, mamutes, mastodontes, pterosaurios y dinosaurios. En esa pequeña población se inauguró en 1994 el Museo de Paleontología, que bien podría considerarse como el antecedente directo del Museo del Desierto de Saltillo.

Muchos de los restos fósiles ocupan las vitrinas de ambos recintos. Pero haciendo a un lado los libros y las referencias históricas, si nos metemos a hurgar en el fascinante territorio coahuilense y caminamos por los áridos paisajes, cañadas y lomeríos, descubriremos las reminiscencias de la antigüedad, las de la historia no escrita. Así, podemos admirar objetos tangibles que han quedado ahí gracias a las anónimas manos de los artistas del ayer, objetos mejor conocidos como petroglifos. Éstos se encuentran por doquier; de hecho, es posible que sea Coahuila el estado mexicano con mayor cantidad de estos petrodocumentos, muchos ya registrados y la mayoría aún ocultos para los ojos modernos.

Los lugares de petroglifos más conocidos se ubican en las regiones Laguna y Sureste, y sobresale la zona arqueológica de Narihua, en el municipio de General Cepeda. A todo lo largo del municipio de Ramos Arizpe también existen infinidad de petrograbados, algunos casi a un lado de las carreteras y otros menos accesibles. Vale mencionar, sin embargo, que resulta difícil determinar si fueron realizados por las tribus históricas que habitaron esas regiones o si pertenecen a un tiempo más remoto del cual casi no tenemos referencia. Las técnicas más evidentes con que fueron hechos esos petroglifos son el tallado y el punteado. Muchos de ellos son espirales de varios tipos, como curvilíneas, rectilíneas y opuestas.

También vemos figuras antropomorfas y zoomorfas, así como soles y lunas. Suponemos que algunos de esos petrograbados puedan representar mapas geográficos o celestes, mojoneras, señalamientos de rutas de caza, etcétera, pero lo cierto es que son demasiado abstractos para nuestra mente moderna. Esas abstracciones forman parte de la conciencia colectiva del ayer, y la mayoría de nuestras interpretaciones están limitadas porque caen dentro de los confines de los contextos que nos son conocidos. Gracias a que los petroglifos generalmente se localizan en lugares deshabitados y distantes a donde no llega cualquier vándalo con su aerosol y mucho menos con herramientas llevadas ex profeso para destruirlos, un gran número de ellos se encuentran intactos. En menor escala, Coahuila es también un territorio rico en otra clase de vestigios del ayer: el arte rupestre; así, encontramos pinturas en los municipios de Francisco I. Madero, Ocampo, San Pedro y Sierra Mojada, así como en el Cañón del Chiflón, al poniente de Saltillo, y en Cueva Ahumada, cerca de la carretera a Monterrey.

En comparación con los petroglifos, de seguro muchas de esas pinturas rupestres se han perdido por causa del intemperismo, ya que son muy susceptibles a los fenómenos naturales cuando no están dentro de cuevas o protegidas por abrigos rocosos; muchas de ellas quedan a merced del vandalismo humano por hallarse normalmente en acantilados bajos y en rocas cercanas a los arroyos y ríos. En suma, Coahuila es un territorio pletórico de historia indescifrable. Desde la era cretácica, hace más de setenta millones de años, hasta la actualidad, esos territorios han sido transitados por diversas especies animales y por grupos humanos que de un modo u otro han dejado aquí su huella, que seguirá vigente para la posteridad.

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