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32 inmersiones en el Mar de Cortés

Por: Javier Sandoval

Un equipo de expertos buzos se propuso realizar cuatro exploraciones submarinas diarias en un viaje de casi una semana por las islas del norte del “acuario del mundo”. ¿Crees que lo hayan logrado?

Llegué a Puerto Peñasco, Sonora, para embarcarme en el Rocío del Mar, un crucero exclusivo de buceo que nos llevaría a través de las poco conocidas y fotografiadas islas del norte del Mar de Cortés. Se trataba de hacer cuatro inmersiones diarias, un viaje que duraría casi una semana. ¿Aguantaríamos?

Ésta es una embarcación de poco más de 30 metros de eslora y equipado con diez camarotes para albergar a veinte pasajeros, más la tripulación. Me sorprendí al ver que contaba con todas las comodidades, pero lo que más llamó mi atención fue el área para los equipos de buceo: un compresor para mezclar gases y poder utilizar nitrox, que es una mezcla con un porcentaje de oxígeno más alto para los tanques, con el que es posible permanecer más tiempo en el fondo; también vi una mesa especial para los equipos de fotografía con pistolas de aire para secar las cámaras y cambiar baterías y tarjetas de memoria con seguridad.

Fuimos recibidos por Dora, la dueña y una de los guías de buceo, quien nos presentó a nuestros compañeros de aventura, uno de ellos, la campeona británica de buceo libre María Teresa Solomons -sorprendentemente puede aguantar la respiración por varios minutos a profundidades de más de 40 metros-.

Embarcación Rocío del Mar / Javier Sandoval

Las islas

Nuestro itinerario incluyó la Isla Ángel de la Guarda, al este de Bahía de los Ángeles, separada de la Península de Baja California a la cual pertenece, por el Canal de las Ballenas, la Isla Vela (llamada así por su forma que asemeja la vela de un barco); Bahía de los Ángeles, que se encuentra en la costa de Baja California; Bahía del Pescador, también localizada en la costa de Baja; la Sal Si Puedes (llamada así por sus montañas submarinas que se encuentran a pocos centímetros bajo la superficie y que han ocasionado muchos accidentes náuticos); Isla Ánimas e Isla San Pedro Mártir, que fue una importante mina de guano en tiempos de la Conquista, en donde literalmente los esclavos eran enviados ahí a trabajar hasta su muerte.

Todas estas magníficas ínsulas aparentan ser lugares extremadamente áridos a primera vista y con muy poca vida, pero basta con esperar el atardecer y estas “solitarias” costas se convierten en un hervidero de aves que llega de todas partes para pasar la noche.

Los diferentes islotes forman canales entre algunas de las islas y nos protegían del viento, así que navegamos en agua extremadamente calma, como si estuviésemos en una laguna y no en el mar. Lo más hermoso de ese día fue ver a una numerosa colonia de lobos marinos que nos recibieron con aullidos que hicieron eco en los riscos resonando con fuerza.  Este es un verdadero paraíso lleno de vida, que cambia constantemente con la posición del sol y la temperatura del día.

Por fin, las inmersiones

El Mar de Cortés es como un laboratorio natural, ya que al aislarse casi por completo del Pacífico, permitió que la vida evolucionara casi de manera única, permitiéndonos observar mucho endemismo, sobre todo al norte, que es la parte más aislada con respecto al gran océano.

La cantidad de vida que habita los arrecifes es espectacular, observamos toda la cadena alimenticia en distintas etapas del viaje, desde los pequeños y coloridos peces gobio y nudibranquios hasta delfines y ballenas piloto que merodean el “Canal de las Ballenas”.

Este lugar es uno de los mejores “buceos macro” del mundo. Muchos turistas de todo el mundo viajan a lugares tan remotos como Indonesia o Filipinas para fotografiar nudibranquios sin saber que en el norte del Mar de Cortés hay decenas de diferentes especies de estos pequeños y tóxicos animales.

Nudibranquio /Javier Sandoval

¡Tres eventos con mucha adrenalina!

Por supuesto que toda esta aventura tuvo su dosis de adrenalina y su precio. María Teresa Solomons me pidió le hiciera unas fotografías para su archivo personal y me pareció una grandiosa idea realizarlas en los bosques de coral negro, que están a más de 30 metros de profundidad. Ella hace sorprendentes inmersiones a pulmón a gran profundidad y, entusiasmado, presionando el disparador una y otra vez, no me percaté de mi consumo de aire, que es mucho mayor en grandes profundidades como ésa. Comencé a sentir frío en todo el cuerpo y al ver por fin mi manómetro de presión, ¡ya estaba por debajo de la reserva de aire! y la superficie estaba a casi 40 metros de distancia. Ascendí hasta encontrar otro grupo de buceadores e inmediatamente arranqué la manguera de emergencia de uno de ellos sin pedirle permiso; ya en la superficie, me disculpé y le expliqué mi situación.

Marco, mi compañero de buceo y estudiante de fotografía, me pidió le explicara la receta para una fotografía fuera de serie, le dije que tenía que capturar el comportamiento animal o algo nunca visto, así que él se acercó más de la cuenta a una colonia de lobos marinos en la temporada en la que el macho está en celo y decidió sentarse en una roca a poca profundidad a esperar alguno, sin darse cuenta, el macho alfa de la colonia decidió atacarlo violentamente, desplazándolo varios metros lejos de la piedra. Más tarde descubrimos que era el “trono” de este macho, su lugar predilecto para vigilar su colonia de hembras. Afortunadamente Marco no dejó de disparar la cámara y logró una extraordinaria toma, así como un miedo terrible a un macho de lobo marino en celo despojado de su trono.

Pájaro bobo / Javier Sandoval

En la isla San Pedro Mártir habita la segunda colonia más numerosa del mundo de pájaros bobo de patas azules, por lo que de pronto, alrededor del barco se agruparon varios en la superficie del agua, utilizando éste como protección al viento. Sin perder tiempo, dos nos arrojamos para poder fotografiarlos bajo el agua, ellos nos permitieron acercarnos más de lo que hubiera imaginado, pero cuando me di cuenta, la corriente nos había alejado demasiado del barco y cometimos el error de no avisar a la tripulación que entraríamos al agua. Me tomó una hora y media nadar en contra corriente hasta el barco (y eso que traía aletas). Después envié una panga por mi compañero, al quien encontramos gracias a que su alrededor volaban decenas de curiosos pájaros bobo.  

Sin duda, me quedé fascinado por la riqueza y belleza con las que cuenta nuestro hermoso país y no me queda más que seguir explorando sus aguas para dar a conocer la hermosura y vulnerabilidad de sus fondos marinos.

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