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Castillo de Nueva Apolonia (Tamaulipas)

Por: Jean Louis Lacaille Múzquiz

Este gran edificio, semiabandonado y algo deteriorado por el paso de los años, semeja un rígido y sobrio castillo medieval español.

Este gran edificio, semiabandonado y algo deteriorado por el paso de los años, semeja un rígido y sobrio castillo medieval español.

Cuando por alguna razón recorremos la monótona planicie de la temporalera, importante zona agrícola al sur del municipio de El Mante, Tamaulipas, en realidad no esperamos encontrar nada fuera de lo común; no obstante, este trayecto nos depara algo extraordinario. Un poco antes de llegar al poblado de Nueva Apolonia, podemos advertir, a lo lejos, una extraña y singular silueta que sobresale del terreno circundante.

Aguijoneados por la curiosidad, nos internamos por sus polvorientas calles y un poco después, casi en las afueras y antes de cruzar el río Santa Clara, nos sorprende encontrar una robusta e imponente construcción: el castillo de Nueva Apolonia.

Este gran edificio, semiabandonado y algo deteriorado por el paso de los años, semeja un rígido y sobrio castillo medieval español, el cual, con sus grandes terreones estratégicamente distribuidos y por su estilo europeo, parece estar fuera de lugar y de contexto; sin embargo, la austera arquitectura de su fachada armoniza perfectamente con el entorno natural, donde crecen altivas las palmas deSabal mexicana; arquitectura y naturaleza se unen en una extraña simbiosis donde plantas típicas del bosque tropical espinoso -que alguna vez cubriera toda la zona- crecen afianzándose de los muros y troneras del castillo.

Nos invade una rara sensación: el solitario y vetusto edificio parece querer atraernos hacia su interior, y como si quisiera decirnos alo susurra: "Vengan, pasen.... que quiero contarles una historia..."

ANTECEDENTES

El castillo -con su magnífica casona, iglesia y otras edificaciones- es el casco de la exhacienda de El Naranjo y data de la época porfiriana. En la antigüedad, el territorio de El Naranjo formó parte de otra hacienda mucho más grande conocida como Sitios de la Huasteca, cuyos terrenos se extendían desde el río Tamuín, por el sur, hasta el río Mante y Frío, por el norte.

Estaba constituida por diversas dádivas otorgadas por los virreyes de aquella época a Domingo Hernández Prieto y por las que adquirió, ayudado por don Diego de Barrientos y Rivera, desde los años de 1570 a 1613 (después de la conquista de la Huasteca). Posteriormente, estas mercedes fueron heredadas por los hermanos Barrientos Lomelín, quienes traspasaron el dominio de la hacienda al marqués del Valle del Águila, que a su vez la enajenó al arzobispo de Manila, don Manuel Antonio Rojo del Río.

En la región existían otras grandes haciendas, pero el avance de los chichimecas hacia el sur fue terminando con ellas, subsistiendo únicamente la de Sitios de la Huasteca a la que, a mediados del sigloXVIIIse le conocía ya con el nombre de San Juan Evangelista y Anexas.

Estas heredades fueron compradas por don Felipe Barragán a los acreedores de Manuel Rojo del Río en 1787; y en 1799, le es adjudicada a Luisa Barragán de Bustamante la estancia El Naranjo con sus agostaderos, propiedad cuyos límites quedaban dentro de las tierras de San Juan Evangelista del Mezquite y Anexas.

En el año de 1869, el dueño de la hacienda de El Naranjo es el señor Blas Escontría, quien además compra varios terrenos colindantes. Finalmente, el 26 de agosto de 1899, la entrega en venta a la señora Joaquina Sáinz Trápaga de Meade junto con los terrenos anexos de Tantoyuquita, comprendiendo todas sus fincas, llanos, usos, costumbres, servidumbres, fábricas, materiales, enseres, muebles y objetos vendidos a perpetuidad.

La superficie de esta hacienda abarcaba aproximadamente de 55 mil a 60 mil hectáreas -totalmente en Tamaulipas- y colindaba al norte con la raya de Las Ánimas; al sur con el río Santa Clara o de El Naranjo, que era el límite con las haciendas de El Tulillo y El Atascador; al este con el río Tamesí o Guayalejo, y al oeste con la sierra de El Abra-Tanchipa.

En 1791, en lo que es ahora el casco de la hacienda al parecer ya existía una construcción rústica y sencilla con techos de teja.

Según algunos datos, la construcción del castillo se inició en 1891, pero fue a principios del siglo XX, cuando Joaquín Meade dio al firme edificio de mampostería forma de castillo español.

DON ÁNGEL SAÍNZ TRÁPAGA Y LA HACIENDA DE EL NARANJO

Don Ángel Saínz Trápaga, uno de los más acaudalados comerciantes de Tampico en la segunda mitad del siglo pasado, adquiere la hacienda de El Naranjo para su única hija, Joaquina, cuando se da cuenta del potencial ganadero y situación estratégica de sus tierras.

Joaquín Meade, ilustre historiador y nieto de don Ángel Saínz Trápaga, en suMonografía de la Huasteca tamaulipeca, nos dice que El Naranjo era la hacienda ganadera mejor organizada de Tamaulipas y que contaba con unas 15 mil cabezas de ganado mayor de cría y de 4 a 5 mil yeguas, por lo que su caballada y mulada fue la de más renombre en la Huasteca. En Tantoyuquita, junto al río Tamesí, tenía magníficos potreros de engorda de zacate guineo y pará. Se habían abierto, a través del bosque, cerca de 100 km de brechas y caminos con un ancho de 60 m para arrear el ganado; y en su mejor época estuvo totalmente cercada con alambre.

El río Santa Clara o de El Naranjo, conocido antiguamente con el nombre de río de Tantepelete era el principal aguaje de la hacienda con sus 50 km de longitud (este río, que pasa a 150 m al sur del casco de la hacienda, nace en la sierra de El Abra-Tranchipa y desemboca al río Tamesí); otros aguajes eran el mismo río Tamesí y numerosas represas construidas en el centro del agostadero.

La magnífica casa de la hacienda se construyó con tres tipos de material: en su mayor parte se empleó piedra de la región unida con argamasa, siendo ésta la fase de construcción más antigua; posteriormente se levantaron algunos muros con ladrillo fabricado junto al casco en una ladrillera de buena producción; y finalmente, se utilizó cantera en escaleras, barandales y fachada principal de la casa. La cantera fue traída, por ferrocarril, desde la ciudad de San Luis Potosí hasta la Estación Velasco, y de ahí transportada por tierra unos 34 km hasta el castillo.

Contaba también con una calera propia en la sierra donde se producía cal de excelente calidad. En el año de 1910 había en la hacienda una escuela mista y servicio de telégrafos.

La cacería era común, pues la fauna silvestre era muy abundante y variada: había venado cola blanca, jabalí, tigre o jaguar, puma, guajolote silvestre, coyote, zorra, tejón, faisán ajol, perdiz o gallina de monte, codorniz y pato.

En el río Tamesí o Guayalejo había lagarto, róbalo, catán, bagre, mojarra y tortugas; en la sierra de El Abra, guacamayas, monos, y muchas otras especies.

Se decía que un cazador que saliera por esa zona, veía en una mañana no menos de unos 40 venados.

Después de 1910, llegaron a la hacienda varias partidas de revolucionarios para surtirse de ganado vacuno y caballar y monturas; tal es el caso de las fuerzas de don Jesús Carranza que se llevaron ganado vacuno a la frontera para cambiarlo allí por armas, o como Manuel Lárraga que en septiembre de 1913 se llevó caballos, mulas, dinero de la raya y algunas armas.

AFECTACIONES AGRARIAS, EXPROPIACIONES Y VENTAS

Al fallecer doña Joaquina Sáinz Trápaga viuda de Meade en el año de 1951, la gran hacienda de El Naranjo es dividida en dos partes iguales para adjudicarlas a sus dos únicos hijos: la parte occidental, con más de 25 mil hectáreas en el municipio de El Mante, es heredada por el señor Joaquín Meade, el ilustre historiador; y la parte oriental, con una superficie de 34 684 ha que abarcaban el casco de la hacienda y parte del municipio de González, le es adjudicada en 1954 al señor Walter Meade.

Este último, a su vez, vende al señor Robert Mallory Harris 12 150 ha en 1954, y en el año de 1956 dona a su familia la cantidad de 3 296 ha, quedándose solamente con 17 238 hectáreas. sin embargo, parte de esta superficie se les expropiada por el gobierno. Por último, Walter deja a su esposa, María de los Ángeles Sánchez Sarachaga de Meade, como única y universal heredera de las 208 ha restantes de su propiedad, las cuales incluían el casco de la hacienda.

Posteriormente, María de los Ángeles vende la propiedad y cede los derechos hereditarios al señor Víctor Rivero Azcárraga quien a su vez cede los derechos a Manuel A. Ravizé; en 1970 Guillermo Manuel Meade compra los derechos hereditarios y recupera el casco de la hacienda. Al morir en 1993 deja como herederos a su esposa, María Luisa Díaz de León de Meade y a sus hijos: Guillermo Luis, Éric, Jorge Gordon y Mariana Meade Díaz de León, representados en la actualidad por Éric Meade Díaz de León.

La parte occidental también desapareció por afectaciones agrarias y por la venta de pequeñas porciones de la propiedad a muchos agricultores y vecinos del municipio del Mante, los cuales las destinaron para la agricultura.

EL CASTILLO HOY

La información histórica que contiene este artículo fue tomada del libroMonografía de la Huasteca tamaulipecade Joaquín Meade, ilustre historiador y uno de los antiguos dueños de la hacienda y de datos proporcionados por otros descendientes de la familia de doña Joaquina Sáinz Trápaga. Sin embargo, he encontrado ciertas discrepancias en lo que se refiere a fechas y personajes históricos, y ausencia de información para llenar algunos "vacíos" que existen en la secuencia histórica de este sitio.

No obstante, los lectores podrán tener una visión de conjunto, del entorno y contexto histórico en el cual surge esta gran hacienda tamaulipeca. Así como de algunos sucesos históricos que tuvieron lugar en la actual zona temporalera; hechos desconocidos para la gran mayoría de nosotros.

Recientemente, Éric Meade Díaz de León, actual propietario del castillo, ha elaborado un ambicioso proyecto para crear un centro vacacional turístico en el casco de la hacienda, orientado a captar clientes potenciales bajo tres modalidades: campamento de verano para niños; campamento de retiros para empresas, instituciones o particulares; y campo para caza y pesca.

El proyecto contempla primero restaurar el edificio, ya algo deteriorado, y después acondicionarlo con mobiliario que vaya de acuerdo con el estilo y la época de la hacienda. Por falta de recursos propios, ha buscado el apoyo de diferentes instituciones y dependencias gubernamentales sin lograr concretar nada aún, esto quizá se deba a que el monto de la inversión es alto y porque dichas dependencias manejan presupuestos muy limitados debido a la difícil situación económica que prevalece actualmente en el país.

A pesar de lo anterior, debemos insistir en que el castillo de Nueva Apolonia es el única monumento histórico-arquitectónico del municipio, tan espectacular que puede renacer como un centro turístico de primer nivel en Tamaulipas; no está en ruinas y aún estamos a tiempo de protegerlo y de restaurar su antiguo esplendor.

Los visitantes que llegaban a esta hacienda "la más hermosa" como muchos la llamaron, se anotaban en un libro llamado "El Naranjo", el cual tiene registros desde 1899, entre los más distinguidos se cuentan A. Luna, quien visitó la hacienda en 1925 y compuso el himno a El Naranjo; en 1928 Charles Lindbergh, aviador norteamericano y el famoso actor Gary Cooper visitó el lugar en los años sesenta. En el libro de visitantes de la hacienda no aparecen anotaciones desde 1964, pero todavía quedan muchas hojas en blanco; esto me hace recordar lo que escribió Román Meade en este libro en 1955: "si la historia de la hacienda de El Naranjo a sido brillante en el pasado... en el futuro lo será aún más".

IMPORTANTE RUTA COMERCIAL Y ESCENARIO DE GLORIOSAS BATALLAS

Durante la mitad del sigloxix, el movimiento comercial del puerto de Tampico a San Luis Potosí era muy importante, y el territorio de El Naranjo fue clave en esta ruta, ya que en una estancia de esta hacienda, Tantoyuquita (en el actual poblado que lleva el mismo nombre, 10 km al oriente del poblado de Nueva Apolonia), estaba la terminal de los vapores del río que hacían el servicio a Tampico, por el río Tamesí, transportando mercancías y pasajeros.

La carga que iba de Tampico a San Luis Potosí y otros puntos se depositaba en el gran almacén de Tantoyuquita (hoy en ruinas), el cual servía también de aduana, y de ahí partían las recuas y diligencias para el Valle del Maíz (Ciudad del Maíz, San Luis Potosí, Santa Bárbara (Ocampo, Tamaulipas), Tula y el interior del país.

Este servicio de barcos de río, Tampico a Tantoyuquita, se suspendió cuando, en julio de 1891, se inauguró la vía de ferrocarril de Tampico a San Luis Potosí; aunque todavía se utilizó ocasionalmente unos años después.

Asimismo, en esa época, fue importante el movimiento de pertrechos, provisiones y soldados durante la guerra de Intervención Francesa en el sur de Tamaulipas. Los terrenos de la hacienda de El Naranjo vivieron episodios heroicos cuando, el 20 de enero de 1866, Pedro José Méndez derrota a los franceses en la cuesta del Cantón, abajo de El Abra de Tanchipa (donde hoy pasa la carretera a El Mante); y pocos días después, el 23 de enero de 1866 en Tantoyuquita, Méndez casi destruye a la competente escolta francesa de 100 hombres que conducían un cargamento que valía más de 200 mil pesos a San Luis Potosí, en esta última batalla, el gran almacén de la terminal fue incendiado y saqueado, el jefe francés capitán Joaquín logró salvarse, pero desafortunadamente el joven héroe tamaulipeco, general Pedro J. Méndez, herido de muerte, fallece después del combate, cubriéndose de gloria al ofrendar su vida por la causa de la libertad de su pueblo.

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