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Durango. Tierra de maravillosos paisajes

Por: México Desconocido

Durango, una tierra bendecida por su gran diversidad, siempre ha maravillado a propios y extraños con sus extraordinarios paisajes.

En el este, por donde sale el sol, un desierto de grandes horizontes y espectaculares atardeceres; en el centro las llanuras y sus grandes pastizales, y en el oeste el gran macizo de la Sierra Madre Occidental con sus “Quebradas” o grandes barrancas, que en Durango se manifiestan majestuosamente.

En la franja desértica, mejor representada por la región del Bolsón de Mapimí, donde se encuentra la famosa Zona del Silencio, es impresionante la gran cantidad de especies tanto de flora como de fauna que han sobrevivido al rígido temperamento del desierto. Luego, entre el desierto y la Sierra Madre están las llanuras, salpicadas por algunas sierras; aquí encontramos los grandes pastizales del noreste del estado, donde también están los humedales, como la laguna de Santiaguillo, segunda de la República por su extensión. En el invierno, más de treinta especies de aves migratorias llegan del norte en un gran desfile de cientos de miles de ellas. Algunas son tan numerosas, como los gansos reales y canadienses, que literalmente pintan el paisaje de blanco y café.

Es en estas grandes extensiones donde, desde el tiempo de la Colonia, en inmensas haciendas y ganaderías se crían vacas, chivas y borregos. Además, los terrenos naturales para la agricultura se han destacado en la producción de granos como el frijol y el maíz. En los llanos de Durango los durangueños trabajan, y duro.

En el oeste, finalmente, nos encontramos con la Sierra Madre Occidental y sus Quebradas. Andrés Pérez de Ribas, religioso y autor de algunas obras sobre la conquista de México, en 1645 la describió como “esta altísima montaña es de las más célebres que se han visto en las Indias Occidentales y Nuevo Mundo descubierto”, y a sus bosques, “poblados aquellos altísimos montes de pinares tan espesos y árboles tan levantados, que sus copas se suben a las nubes y su espesura en algunas partes no da lugar a los rayos del sol para que pasen a la tierra”. Todavía hoy, después de 358 años y unos cuantos de aprovechamiento forestal, pues somos la primera reserva forestal del país, la Sierra Madre en Durango es la reina. A diferencia del desierto, aquí en la sierra la naturaleza es más pródiga, pues llueve profusamente, en algunas partes pueden caer hasta 1 200 mm por año. El bosque es maravilloso. La altura promedio es de 2 650 metros sobre el nivel del mar, lo cual le proporciona un magnífico clima templado y una buena variedad de especies tanto de fauna como de flora.

Aquí en la sierra tenemos parajes famosos nacional e internacionalmente, como Mexiquillo, el Espinazo del Diablo, Puentecillas y las inconcebibles Quebradas.

Al caer abruptamente la Sierra Madre Occidental a los planos de la costa del océano Pacífico, se forman unas barrancas que en Durango toman el nombre de “Quebradas”, que no tienen comparación. Con cuando menos diez de ellas, de más de 2 000 metros de profundidad, las Quebradas de Durango son únicas. Entre las más bellas está sin duda la Quebrada del Piaxtla, con sus formas tan caprichosas y variadas que difícilmente cree uno lo que está viendo; aquí se localizan los saltos del Piaxtla, preciosas cascadas descubiertas hace apenas unos años; la más grande de ellas mide cerca de 150 m y es posiblemente la más alta del estado.

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