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Guillermo Kahlo y su fotografía de arquitectura mexicana

Por: Mayra Mendoza

El padre de la reconocida pintora Frida, fue un connotado fotógrafo que entre 1904 y 1908 viajó por varias entidades del país para conformar una estupenda colección de placas que en 1909, vieron la luz.

El apellido Kahlo es conocido en casi todo el mundo gracias a la famosa pintora, pero poco se ha difundido sobre Guillermo, padre de Frida y sus cuatro hermanas. En esta familia, la pintura no fue el único arte que se practicó pues el padre fue, y sigue siendo, un fotógrafo reconocido dentro del ámbito artístico por sus notables imágenes de arquitectura. Con 19 años llegó a la Ciudad de México en 1891 desde Alemania, como tantos otros inmigrantes, inspirados en las narraciones de Humboldt y en las posibilidades de un desarrollo favorable que ofrecía la nación con la creciente inversión europea y norteamericana.

A diferencia de los demás fotógrafos extranjeros que viajaron o se establecieron en México, en las imágenes de Kahlo se observa la grandeza de un país a través de su arquitectura, mediatizada por un ojo que coincide y es producto de la valoración del antecedente colonial antes rechazado y retomado antes de terminar el siglo XIX, como parte del proceso histórico, mostrando a la vez la modernidad de un país que se reconoce en su pasado.

Todas las fotografías

Para 1899 ya se encontraba establecido en su estudio y casado con Matilde Calderón, hija de un fotógrafo, de quien se dice que fue aprendiz. En 1901 ofrecía su trabajo en la prensa, anunciando la realización de "toda clase de trabajos del ramo de fotografía. Especialidad: edificios, interiores de habitaciones, fábricas, maquinarias, etc., se reciben órdenes para fuera de la capital".

Por otra parte y de forma paralela, realizó diversos seguimientos fotográficos desde la construcción hasta la inauguración de nuevas edificaciones en la capital, tales como la Casa Boker y el Edificio de Correos, que también evidenciaban la modernidad de la nación, como manifestaciones del progreso.

La mayor parte de las fotografías aquí mencionadas forman parte de la publicación Templos de Propiedad Federal, proyecto apoyado por José Yves Limantour, ministro de Hacienda con Porfirio Díaz. Fue necesario un levantamiento fotográfico que funcionara como inventario de los inmuebles eclesiásticos que cambiaron de propiedad bajo el régimen de Juárez y para tal fin, contrataron a Guillermo Kahlo, quien viajó de 1904 a 1908 por la capital y los estados de Jalisco, Guanajuato, México, Morelos, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí y Tlaxcala, realizando tomas de los templos coloniales y algunos decimonónicos, que se publicaron en 25 volúmenes durante 1909. Esta edición además de limitada y costosa no se conoce completa en colecciones públicas. Por los álbumes localizados, sabemos que cada uno tenía 50 impresiones plata/gelatina entonadas al platino. Esto hace suponer que el autor debió realizar cuando menos 1,250 impresiones finales por cada colección. Cada foto está montada sobre una cartulina que lleva impresa y enmarcando la imagen, motivos de cintas al gusto del art noveau. Generalmente aparece en el borde inferior de cada foto el nombre del templo, el municipio o el estado de la república donde se ubica, haciendo más ágil su identificación, además del número de placa que seguramente le permitía al autor llevar un control.

Coro de la Catedral Metropolitana, Ciudad de México / Guillermo Kahlo

Muestra de excelencia

Los tomos o piezas sueltas que nos han llegado hasta hoy son ejemplos del magnífico trabajo de este fotógrafo. Imágenes limpias donde reina el orden, la proporción, el equilibrio y la simetría; son en una palabra, soberbias. Su logro fue posible gracias al dominio de la técnica, de un previo y meticuloso estudio del espacio y de la claridad en el propósito: un inventario. Nos encontramos entonces con el uso de la fotografía como un medio de registro y control, sin restarle por supuesto el valor artístico.

Para cumplir este fin, Kahlo registró todo lo posible. Generalmente de cada templo realizó una toma exterior que abarca el conjunto arquitectónico completo y a veces también hizo acercamientos de las torres y cúpulas. Las fachadas también fueron muy importantes tratando de incluir todos los elementos. En el interior se ocupo de registrar bóvedas, tambores, pechinas, columnas, pilastras, ventanas, claraboyas, tribunas, etc. De la decoración interior realizó tomas de los retablos, altares, pinturas y esculturas, entre otras. Entre el mobiliario reconocemos cajoneras, mesas, consolas, libreros, sillones, sillas, banquetas, facistoles, candelabros, candeleros, etc. En cada imagen se encuentran reunidos un sin número de elementos útiles a la arquitectura, historia e historia del arte.

Por esto, estas fotografías constituyen una fuente inagotable para diversos fines. A través de ellas podemos conocer cómo se encontraban estos monumentos antes de las luchas revolucionarias que facilitaron el saqueo de algunos de ellos; de otros más su ubicación y cómo lucían antes de los proyectos de urbanización en la ciudad que los hizo desaparecer. Son también de utilidad para efectuar restauraciones de los inmuebles, en la localización de pinturas o esculturas perdidas o robadas recientemente, así como para conocer usos y costumbres y, claro, para el goce estético.

Durante los años veinte del siglo pasado, estas imágenes fueron reutilizadas para ilustrar Iglesias de México del Dr. Atl, pero esta vez fueron reproducidas en fotograbado, por lo que resultan de menor calidad.

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