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La artesanía de Palo fierro (Sonora)

Por: Ángel Mendoza Cruz

Desde mucho tiempo atrás, los grupos étnicos seris y yaquis han trabajado la madera del palo fierro, su distribución abarca el desierto de Sonora, la península de Baja California y el suroeste de los Estados Unidos (Arizona y California).

Los seris y yaquis se inspiraban en el entorno que les rodeaba para hacer sus piezas, como por ejemplo cactus, saguaros, animales como el correcaminos, tecolote, águilas, tortugas, liebres, focas, lobos marinos, pez vela, delfines, tiburones, entre muchas cosas más. La madera del palo fierro es muy parecida a la del ébano, es muy dura, de una consistencia vidriosa y la hebra es rectilínea, no tiene betas ni poros, por lo que no le entra la humedad, y a diferencia de la mayoría de las maderas que flotan, ésta se hunde en el agua.

Algunas personas la utilizaban como carbón porque dura mucho la braza. De ahí su nombre de palo fierro.  Don Manuel Vargas Oros, artesano de Santa Ana, localidad al norte del estado, nos contó: “Hay días que salgo temprano para buscar un poco de madera. Antes los tenía más cerca de mi casa, pero ya se están acabando”.

Con más de 15 años trabajando el palo fierro, don Manuel continuó su relato: “En otras ocasiones tengo que adentrarme por el desierto en mi vehículo, durante varias horas. Hay que buscar los troncos que estén secos porque son los mejores para trabajar, también buscamos a los que les cayó un rayo y ya están totalmente muertos y que por cierto, son el hábitat de animales como víboras, monstruo de gila, lagartos pequeños o de aves como búhos, halcones, aguilillas o lechuzas. En ocasiones los cortamos y los dejamos secar hasta cinco años, porque si no esperamos, al trabajar esa madera queda rojiza-amarilla y es más difícil de manejar”.    

Don Manuel nos contó también que antes los seris y los yaquis la trabajaban totalmente a mano: “Ellos cortaban la madera con hacha, con la escofina le daban forma, con un vidrio la alisaban, la pulían con arena fina del desierto, y el acabado final se lo daban con cebo de coyote. Se tardaban, pero eso sí, les quedaban unas esculturas ¡chulas como ellas solas! Ahora nosotros ya usamos motosierras, motores con esmeril, lijas, mantas para pulir y tintas artificiales”. Sobre el proceso de elaboración, don Manuel nos continuó explicando que ya cuando la madera está seca y lista para trabajar, cortan pequeños trozos como de 10, 20 o 30 centímetros, dependiendo de la pieza, para poderla manipular mejor frente al motor.

Después de cortarla, hacen una forma cúbica con una sierra circular, para después obtener un esbozo del animal o planta, todo con ayuda de un esmeril. Enseguida se redondea y afina con lijas, que también giran en el motor, para después entintar las piezas a mano, una por una. Por último colocan una manta con un poco de pulimento y al hacer girar el motor, sale el brillo. Entre toda la familia hacen entre 40 y 50 piezas al día, que son vendidas a un mayorista de Nogales, quien a su vez las comercializa en Estados Unidos. 

ARTE QUE TRASPASA LA FRONTERA    

Es hasta los setenta que esta artesanía comenzó a distribuirse adecuadamente, anteriormente la madera también era usada como leña. A partir de los ochenta, su venta se elevó gracias al uso de motores y a una buena distribución, que la hizo llegar a lugares como Canadá, Estados Unidos o Japón. También llegaron a haber talleres en Acapulco y Guadalajara. En el inicio de la década de los noventa, fue tanto el mal uso como explotación para leña y carbón, que el gobierno tuvo que vedar el árbol de palo fierro, para que no se lo acabaran y sólo quedó permitido su uso para la artesanía. Hay quienes opinan que este oficio se industrializó tanto que perdió su vena artística, pero en algunas plazas aún se pueden encontrar piezas singulares y hermosas. 

Hoy día aún trabajan la artesanía en Bahía de Kino, Caborca, Magdalena de Kino, Punta Chueca, Puerto Libertad, Puerto Peñasco, Santa Ana, Sonorita, entre otros lugares del estado de Sonora.

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