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La barranca de Sinforosa, reina de las barrancas (Chihuahua)

Por: Carlos Lazcano Sahag

La profundidad máxima de Sinforosa es de 1 830 m en su mirador llamado cumbres de huérachi, y en su fondo corre el río Verde, el afluente más importante del río Fuerte

La profundidad máxima de Sinforosa es de 1 830 m en su mirador llamado cumbres de huérachi, y en su fondo corre el río Verde, el afluente más importante del río Fuerte

Cuando escuchamos hablar de barrancas o cañones de la Sierra Tarahumara, inmediatamente nos viene a la mente la famosa Barranca del Cobre; sin embargo, en esta región existen otras barrancas y la del Cobre no es la más profunda, o espectacular. Esos honores los comparte con otras barrancas.

Desde mi punto de vista, una de las más imponentes de toda esta sierra es la poco conocida barranca de Sinforosa, cercana a la población de Guachochi, Atinadamente la señora Bernarda Holguín, una conocida prestadora de servicios turísticos en la zona, la ha llamado "la reina de las barrancas". La primera vez que la observé, desde su mirador de Cumbres de Sinforosa, quedé más que sorprendido por lo fantástico de su vista y la profundidad de su paisaje, nada similar en todo lo que había visto hasta entonces en la sierra. Parte de lo espectacular de su paisaje es que es muy angosta con relación a su profundidad, por lo que destaca a nivel mundial. La profundidad máxima de Sinforosa es de 1 830 m en su mirador llamado Cumbres de Huérachi, y en su fondo corre el río Verde, el afluente más importante del río Fuerte.

Posteriormente tuve la oportunidad de internarme en la Sinforosa por sus distintos cañones laterales. Uno de los caminos más bellos para entrar a esta barranca es por Cumbres de Sinforosa, de donde parte una vereda que va bajando formando muchísimas curvas entre un escenario de paredes verticales imponentes. En poco más de 6 km, que se recorren en unas 4 horas, se desciende del bosque de pinos y encinos de paisaje semiárido y semitropical del fondo de la barranca. El sendero baja entre desfiladeros bastante profundos y pasa junto a la desconocida serie de cascadas Rosalinda, de las que el mayor salto es de 80 m y una de las caídas de agua más hermosas de la región.

Lo que más me sorprendió la primera vez que descendí por esta vereda fue encontrarme, bajo un abrigo rocoso, la pequeña casa de adobe y piedras de una familia tarahumara que, además de vivir en un sitio tan remoto, tenía una bellísima vista de la barranca. Llama la atención el aislamiento extremo en que aún viven muchos tarahumaras.

En otra ocasión bajé por Baqueachi, cerca de Cumbres de Huérachi; por aquí se descubre un cañón lateral cubierto de bastante vegetación en donde se mezclan los pinos con las pitayas y las higueras silvestres, carrizales y zarzales. Se trata de una curiosa selva que debido a su inaccesibilidad conserva unos pinos y táscates de más de 40 m de altura, algo ya raro en la sierra. Entre toda esta vegetación corre un arroyo muy bonito que tiene bellas pozas, rápidos y pequeñas cascadas, cuyo atractivo es, sin duda, la Piedra Agujerada, ya que el cauce del arroyo pasa por un agujero de una gran roca y vuelve a salir inmediatamente abajo en forma de una bellísima cascada como de 5 m de caída, dentro de una pequeña cavidad que está envuelta por la vegetación.

Otra ruta interesante es empezar por las Cumbres de Huérachi, ya que presenta algunas de las vistas más espectaculares de Sinforosa. Asimismo es la vereda que tiene el mayor desnivel de toda la sierra en poca distancia: en 9 km se bajan 1 830 m, la parte más profunda de esta barranca. Por esta ruta se camina durante 6 o 7 horas hasta llegar a la comunidad de Huérachi, a la orilla del río Verde, donde hay huertas de mangos, papayas y plátanos.

Existen diferentes caminos por donde se puede descender hasta el río, tanto del lado de Guarochi, como del lado de "La otra sierra" (como le llama la gente de Guachochi a la orilla contraria de la barranca); todos son bellos y espectaculares.

EN EL FONDO DE LA BARRANCA

Sin duda, lo más impactante es recorrer la barranca desde el fondo, siguiendo el curso del río Verde. Muy pocos han hecho esta travesía, y sin lugar a dudas se trata de uno de los recorridos más bellos.

Ya desde el siglo XVIII, con la entrada de los misioneros a esta región, a esta barranca se le conocía con el nombre de Sinforosa. El registro escrito más antiguo que encontré sobre un recorrido por este cañón se encuentra en el libroEl México Desconocidodel viajero noruego Carl Lumholtz, quien la exploró hace 100 años bajando posiblemente desde Cumbres de Sinforosa hasta salir en Santa Ana o San Miguel. Lumholtz la menciona como San Carlos, y tardó tres semanas en recorrer este tramo.

Posteriormente a Lumholtz sólo encontré el registro de algunos descensos más recientes. En 1985 Carlos Rangel bajó desde "la otra sierra" iniciando en Baborigame y saliendo por Cumbres de Huérachi; en realidad Carlos sólo cruzó la barranca. En 1986 el estadounidense Richar Fisher y dos personas más intentaron atravesar la parte abrupta de Sinforosa en balsa pero fracasaron; por desgracia, en su relato Fisher no indica por dónde inició su recorrido ni por dónde salió.

Más tarde, en 1995 los miembros del Grupo de Espeleología de la Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua, anduvieron durante tres días en el fondo de la barranca, bajaron por Cumbres de Sinforosa y salieron por San Rafael. Además de éstas, me he enterado de al menos otras dos travesías que grupos extranjeros realizaron por el río, pero no hay registro de sus viajes.

En la semana del 5 al 11 de mayo de 1996, Carlos Rangel y yo, acompañados por dos de los mejores guías de la región, Luis Holguín y Rayo Bustillos, recorrimos 70 km dentro de la parte más abrupta de Sinforosa, descendiendo por las Cumbres de Barbechitos y saliendo por las Cumbres de Huérachi.

El primer día llegamos al río Verde bajando por la tortuosa vereda de Barbechitos que es bastante pesada. Encontramos una amplia terraza que es habitada ocasionalmente por los tarahumaras. Nos bañamos en el río y observamos unas represas sencillas, llamadas tapestes, que los tarahumaras construyen para pescar, pues en ese lugar abunda el bagre, la mojarra y el matalote. También vimos otro tipo de estructura e carrizo que utilizan igualmente para la pesca. Lo que me sorprendió es que Lumholtz describe esta misma forma de pescar de los tarahumaras; entonces sentí que estábamos penetrando a un mundo que no ha cambiado mucho en el transcurso de los últimos cien años.

Los siguientes días caminamos entre las paredes del cañón, siguiendo el curso del río, entre un universo de piedras de todos tamaños. Cruzamos el río con el agua hasta el pecho y tuvimos que brincar entre las rocas en varias ocasiones. La caminata fue bastante pesada aunada al fuerte calor que ya se siente en esa temporada (el registro máximo fue de 43ºC a la sombra). Sin embargo disfrutamos de uno de los recorridos más impresionantes de toda la sierra y quizá de México, rodeados de gigantescos muros de piedra que en promedio superan el kilómetro de altura, además de bellísimas pozas y parajes que el río y la barranca nos ofrecieron.

LOS PARAJES MÁS HERMOSOS

Uno de ellos fue el sitio donde se une el río de Guachochi al río Verde. Cerca de aquí están las ruinas del antiguo rancho de Sinforosa, el que diera nombre a esta barranca, y un puente colgante rústico para que la gente pueda pasar al otro lado cuando el río va crecido.

Más adelante, en un sitio llamado Epachuchi nos encontramos a una familia de tarahumaras que había bajado de "la otra sierra" para recolectar pitayas. Uno nos dijo que haríamos dos días hasta Huérachi; sin embargo, como he visto que loschabochis(así nos dicen los tarahumaras a los que no lo somos) hacemos tres veces más tiempo que ellos para desplazarnos a cualquier lugar de la sierra, calculé que haríamos cuando menos seis días hasta Huérachi, y así fue. Estos tarahumaras ya llevaban varias semanas en el fondo de la barranca y su única carga era una bolsa de pinol, todo lo demás que necesitan lo obtienen de la naturaleza: alimentos, habitación, agua, etc. Yo me sentí raro con nuestras mochilas que pesaban unos 22 kilos cada una.

Los tarahumaras creen que la naturaleza les da poco porque Dios tiene poco, ya que el Diablo le ha robado lo demás. Aun así Dios comparte con ellos; por eso, cuando el tarahumara nos invitó de su pinole, antes de dar el primer trago compartió con Dios, tirando un poco de pinole a cada uno de los puntos cardinales, porque Tata Dios también tiene hambre y hay que compartirle lo que él nos da.

En un lugar que bautizamos con el nombre de la Gran Esquina, el río Verde da un giro de noventa grados y forma una amplia terraza. Ahí desembocan dos arroyos laterales a través de impresionantes barrancas; también había un hermoso manantial en el cual nos refrescamos. Cerca de este sitio vimos una cueva donde viven unos tarahumaras; tenía su gran metate, y afuera había un "coscomate" -un granero primitivo que hacen con piedra y lodo- y los restos del lugar donde hacen el mezcal tatemado, que preparan al cocer el corazón de ciertas especies de agave y que es alimento muy rico. Adelante de la Gran Esquina pasamos una zona de enormes bloques rocosos y encontramos camino entre los huecos, eran pequeños pasajes subterráneos que nos facilitaron el andar, ya que en algunos casos eran casi los 100 m y el agua misma del río corría entre ellos.

En el camino estaba una familia tarahumara que sembraba chile a la orilla del río y pescaba. Ellos pescan intoxicando a los peces con un agave que llaman amole, la raíz de una planta que en el agua suelta una sustancia que envenena a los peces y así los atrapan fácilmente. Sobre unas sogas tenían colgados varios peces ya abiertos y sin tripas para desecarlos.

La unión del arroyo de San Rafael con el río Verde es muy bonita; ahí hay un gran palmar, el más grande que he visto en Chihuahua, y el arroyo forma una cascada de 3 m justo antes de unirse al río Verde. También abundan los alisos, álamos, tejeguajes, guamúchiles y carrizales; todo rodeado a ambos lados por las kilómetros paredes verticales de la barranca.

Un paraje donde el río formó un gran meandro que da una vuelta de 180º, lo llamamos la Herradura. Aquí se juntan dos barrancas laterales muy espectaculares por lo cerrado y vertical de sus paredes, y con las luces del atardecer se proyectan visiones que me parecieron fantásticas. En la Herradura acampamos junto a una bellísima poza y entrando la noche me tocó ver cómo los murciélagos volaban a ras del agua atrapando mosquitos y otros insectos. El escenario en que nos encontrábamos inmersos me maravilló, estábamos rodeados de un mundo de paredes verticales entre enormes rocas producto de colapsos milenarios.

La única corriente importante que baja en este tramo de "la otra sierra" es el río de los Loera, que desciende desde Nabogame, comunidad cercana a Guadalupe y Calvo. La unión de éste con el Verde es espectacular, pues se juntan dos enormes barrancas y forman grandes pozas que es necesario atravesar nadando. El sitio es bellísimo y fue un preludio antes de llegar a la comunidad de Huérachi. Pasando los Loera acampamos al pie del imponente peñón del Tarahuito, una punta de piedra que se alza algunos centenares de metros enmedio de la barranca. Ahí sigue, en espera de los escaladores.

Finalmente llegamos a Huérachi, la única comunidad que existió en la parte abrupta de la barranca de Sinforosa, ya que en la actualidad se encuentra prácticamente abandonada y sólo viven ahí cuatro personas, tres de ellas son trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad, quienes diariamente hacen aforos en el río y atienden la estación meteorológica. La gente que vivía en este lugar decidió migrar a las Cumbres de Huérachi, casi dos kilómetros barranca arriba, debido al clima demasiado caliente y al aislamiento. Ahora, sus pequeñas casas están rodeadas por hermosos huertos donde abundan las papayas, los plátanos, las naranjas, los limones, los mangos y los aguacates.

Salimos de la barranca por la vereda que va a Cumbres de Huérachi, que es la cuesta más grande de toda la sierra, si se sube por la parte más honda de la barranca se Sinforosa, que tiene un desnivel de casi 2 km, el ascenso es pesado, nosotros lo hicimos casi en 7 horas incluyendo descansos; sin embargo, los paisajes que se observan compensan cualquier cansancio.

Cuando volví a leer el libroEl México Desconocidode Lumholtz, especificamente la parte donde describe el recorrido de Sinforosa hace 100 años, me llamó la atención que todo sigue igual, la barranca no ha cambiado en todos esos años: ahí siguen los tarahumaras con sus mismas costumbres y viviendo igual, en un mundo olvidado. Casi todo lo que describe Lumholtz yo lo vi. Él podría volver a recorrer la barranca en estos días y no se daría cuenta del tiempo que ha transcurrido.

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