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Artesanía Mexicana. Siglos de arte popular

Por: Carlos Romero Giordano

Para las postrimetrías del siglo XV la sensibilidad artística de las culturas mesoamericanas habían acumulado 3000 años de experiencia.

Paulatinamente enriquecida y acrecentada entre otras circunstancias por insospechadas rutas de comercio que de tiempo atrás se habían establecido con otras culturas del continente.  Los grupos humanos asentados al sur del paralelo 22°, a partir del descubrimiento de la agricultura, fueron evolucionando culturalmente, favorecidos entre otras circunstancias por el medio geográfico donde iniciaron su desarrollo.

Así su primera creación, tal vez la más prodigiosa fue la domesticación del maíz que sería elevado a la categoría de dios.  El maíz, como bien lo aseguraba Rafael Carrillo Azpeitia fue: "hijo y padre del hombre. Su hijo porque sólo la paciencia milenaria del indígena le permitió ir transformando las plantas que fueron ancestros del maíz y que daban magros frutos, en la abundosa hierba de los dioses; su padre porque atajó su diáspora, lo sujetó para siempre a la tierra, transformándolo de trashumante cazador, en su labrados y dueño de todos sus frutos". 

Aquel hombre, primitivo poblador, pronto descubrió las bondades de los agaves y transformó sus fibras en tejido; las calabazas le sirvieron de alimento y también de recipientes; aprendió el manejo del barro y se volvió alfarero. Más tarde como producto de una muy larga experimentación tecnológica ideó el telar de cintura y aprovechó el algodón transformándolo en telas incomparables; después descubrió los tintes y las pintó. La aldea se convirtió en villa, la villa en ciudad, la ciudad en estado y la sociedad impresionante jerarquizada giró alrededor de la religión.  Los dioses, así como aquellos que los representaban directamente, debían ser regalados con lo mejor que existiera sobre la faz de la tierra.  Entonces, el jade -corazón de la montaña- sería tallado a la altura de su destino: enjoyar a sus creadores; el oro, considerado como trasudor del Sol, escoria divina, tenía que responder en su proceso de transformación a la perfección de su acabado, trabajo que se realizaba con el cuidado y preciosismo que ameritaba su sagrado origen.

La plumaria, considerada con justicia como prócer de las artes americanas, deslumbró al mundo; la pluma fue divisa y distinción ganada, fue joya y objeto sagrado.  Dentro de la cultura náhuatl, los colibríes -cuyas iridiscentes plumas fueron usadas profusamente por los amantecas, artífices de la plumaria- personificaban a los guerreros muertos en combate, en la piedra gladiatoria o sobre el altar de sacrificio.  Se creía que aquellos que habían fallecido en estas circunstancias pasaban a formar un radiante cortejo que acompañaba al Sol durante cuatro años en su diaria trayectoria del oro hasta el cenit; después de cumplid su honrosa misión retornaban a la tierra convertidos en esas pequeñas aves, cuyas plumas de metálicos colores brillaban, según se creía, por la cercanía que habían tenido con el Sol.

Estas plumas eran por consiguiente fragmentos de la "piel" de un guerrero deificado: ¿cómo no trabajarlas entonces como parte misma de algo divino?  Los textiles convertidos en ineludible tributo, particularmente aquellos que habrían de cubrir a ídolos y reyes, sólo podían ser perfectos, de lo contrario, los dioses serían ofendidos.  Con la religión cristiana, los artistas indígenas reencuentran la posibilidad de manifestarse dentro del nuevo orden surgido del sincretismo que se iba gestando: la pasta obtenida del corazón de la caña del maíz no volvería a ser empleada para representar algunas de sus deidades, con ella, se modelarían Cristos crucificados de impresionante realismo y belleza. 

Los teocuitlapixque-prestigiados orfebres radicados en Azcapotzalco- ya no trabajarían el oro y la plata reproduciendo la faz de Tonatiuh o de Coyolchauhqui, su experiencia artística la volcarían haciendo cálices y custodias.  Por su parte, los amantecas ya no volverían a hacer otro Apanecayotl de plumas de quetzal destinado al gran señor de México-Tenochtitlan, su destreza habrían de canalizarla para coronar otra cabeza: la del Sumo Pontífice de la Cristiandad. Con ese destino se trabajaron casullas y mitras que el Papa obsequió como distinción especial al cardenal de Toledo y al cardenal de Milán, su sobrino, que al correr del tiempo fue canonizado: San Carlos Borromeo.  La producción artesanal se enriqueció con materias primas, formas, diseños y colores, gracias en buena medida, a las influencias europeas, africanas y asiáticas que por diversas razones dejaban su huella; el vidrio, el hierro forjado, la talavera y también la laudería entre otras actividades manuales se fueron incorporando poco a poco, de manera que incrementaron la ya cuantiosa diversificación antes existente. 

México está considerado como el segundo productor de artesanías a nivel mundial. Se estima que existen en el país alrededor de 5 millones de artesanos y su trabajo recibe diversos nombres: arte popular, objetos vernáculos y artesanías, entre otros. Con estos términos se designan a esas creaciones elaboradas a mano cuya importancia cultural tiene muy diversos rangos, ya que no es lo mismo un textil elaborado en telar de cintura, o una pieza de mayólica, o una joya de oro o plata hechas con la técnica de filigrana, que un muñeco de peluche, una carpeta tejida con gancho, o un objeto metálico troquelado.

A esos ejemplos que debemos considerar como "manualidades", debemos sumar esa producción masiva semi-industrial conocida comocuriouso artesanía de aeropuerto, que por desgracia tiene más difusión que la verdadera expresión artística popular plasmada en otros objetos. Por razones de espacio, es imposible en esta ocasión describir aquí cada una de las actividades artesanales características de nuestro país, por ello me referiré únicamente a unos cuantos "talleres" donde verdaderos maestros artesanos continúan trabajando con las viejas técnicas plasmando en sus creaciones un inconfundible sello de identidad nacional. 

ALFARERÍA, EL ARTE EN BARRO    

La alfarería es la actividad artesanal que más se practica en México; su producción es a tal grado diversificada que ha ameritado la publicación de grandes obras que la describen. Se puede asegurar que a donde uno vaya, encontrará sin duda desde una persona, hasta una población completa dedicada a elaborar en barro de la región o de la localidad, desde un sencillo comal hasta un espléndido árbol de la vida.  ¿Quién no ha oído hablar del barro negro cuyo bruñido lo hace parecer de metal? Vale la pena llegar a San Bartolo Coyotepec, población muy cercana a la ciudad de Oaxaca, y visitar el taller de doña Rosa, aquella formidable mujer que con su trabajo dio a conocer al mundo este tipo de alfarería. Con idéntica calidad Valente Nieto Real -hijo de Rosa- continúa trabajando a sus casi 70 años de edad, no obstante la fama de la que merecidamente goza, sigue siendo el hombre sencillo y jovial que conocimos en la década de los cincuenta. 

LACA, O EL OFICIO DE MAQUEAR    

Erróneamente se piensa que la laca llegó a nuestro país con el famoso Galeón de Manila; sin embargo, quisiera aclarar que cuando las lacas orientales llegaron en aquellos famosos navíos, ya existía en el territorio nacional desde épocas inmemoriables el arte de "maquear", cuyo resultado pulido y lustroso, es idéntico al de un objeto laqueado.  Hoy en día sólo quedan en México cuatro o cinco lugares donde aquella antigua técnica se practica: Chiapa de Corzo, en Chiapas; Olinalá y Acapetlahuaya, en Guerrero, y Pátzcuaro, en Michoacán, son los lugares más destacados.  De todos ellos Olinalá es sin duda el más importante y quizá el más antiguo. Ahí, Francisco Coronel, mejor conocido como "Chico", aplica con maestría el oro y plata de hoja sobre la base de la laca tradicionalmente empleada en baúles, jícaras y bateas. 

LA TRAMA DE LOS TEXTILES    

Se dice fácilmente, pero el arte de tejer telas en México tiene por lo menos una antigüedad de 2000 años. Esto explica el porqué las telas y atuendos que envió Hernán Cortés a Carlosvcausaron la admiración de Europa. El testimonio escrito al respecto por Alberto Durero da fe de ello.  Los textiles indígenas mexicanos conforman un mundo tan espectacular que al igual que la alfarería han sido objetos de estudios muy complejos. Cada grupo indígena los tiene distintivos y sus usos y funciones son muchos; los hay ceremoniales y cotidianos de tejido y diseño muy sencillos, hasta complicadísimos brocados; teñidos con tinturas naturales, animales y vegetales, o bien elaborados con los colores naturales del algodón y la lana. Todos ellos se tejen de la misma manera que se elaboraban hace 50 años, 100 o 1000 años: en telar de cintura. 

Conocemos a muchas tejedoras indígenas que son verdaderamente prodigiosas, pero sólo una que maneja un telar compuesto por el increíble número de 40 lizos (las varitas que se utilizan para posibles combinaciones de tejido dentro de la misma tela).  En San Andrés Tzicuilan, Puebla, a kilómetro y medio de la bella población de Cuetzalan, vive Julia Molina cuyo dominio del telar de sus ancestros ha sido un verdadero orgullo nacional. 

LA FUERZA DEL COBRE    

El uso del cobre estuvo muy difundido en el México prehispánico, así lo atestiguan infinidad de objetos existentes en museos y colecciones privadas.  En 1553 fray Francisco de Villafuerte gestionó la fundación del pueblo de Santa Clara de los Cobres donde Vasco de Quiroga haría florecer una de las actividades artesanales más destacadas del estado de Michoacán y de México.  Varias veces galardonado con las más altas distinciones dentro del arte popular Abdón Punzo es el artista más sobresaliente en la difícil tarea de martillar el cobre.  En compañía de su padre, hermanos e hijos, todavía pequeños, las manos y creatividad de este artesano no dejan de producir objetos de extraordinaria belleza. 

HABILIDAD, ARTE Y PACIENCIA EN HUESO       

De origen oaxaqueño, pero radicado hace muchos años en el Distrito Federal, Roberto Ruiz está considerado como el mejor tallador de hueso.  Generoso con el arte que domina no dudó un segundo en aceptar cuando hace pocos años fue invitado a compartir sus conocimientos con un grupo de jóvenes indígenas chontales y se trasladó hasta el corazón de Tabasco para enseñar su oficio.  De aquel grupo de alumnos existen algunos que ahora ya son maestros y como nos lo platica don Roberto: "no sabe el gusto que me da ver que ya me van superando". Nosotros creemos que eso es difícil, haga usted sus propias conclusiones después de observar la imagen de su trabajo. 

HABILIDAD MILENARIA, LA PLUMARIA    

Gerardo Murillo, el famoso doctor Atl, consideraba en 1928 que el arte plumaria había desaparecido. Si bien es cierto que este arte, quizá el más esplendoroso del mundo prehispánico decayó casi hasta morir, también lo es que una antigua familia de amantecas radicada desde hace mucho en Tlalpujahua, Michoacán, ha mantenido vivo este tipo de arte a costa de un gigantesco esfuerzo.  Así, Gabriel Olay Olay y Guillermo Barrientos, padre e hijo respectivamente, con su obra y sus manos han impedido que la aseveración del doctor Atl se cumpla.

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