Reserva de la Biósfera de Mapimí: naturaleza, ciencia y misterio
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Con más de 342 000 hectáreas, la Reserva de la Biósfera de Mapimí resguarda un polígono de 103 000 hectáreas conocido como la Zona del Silencio, un enclave donde la biodiversidad y el misterio se encuentran.
En el punto donde convergen los estados de Durango, Chihuahua y Coahuila, se extiende uno de los ecosistemas más fascinantes y mejor preservados del norte de México. La Reserva de la Biósfera de Mapimí, con una extensión de 342 000 hectáreas, es un enclave natural y refugio del Bolsón de Mapimí que resguarda la esencia más pura del Desierto Chihuahuense.

Reconocida internacionalmente por su biodiversidad, la reserva funciona como un laboratorio vivo de gran interés para la ciencia. Aquí, el paisaje transita entre dunas de cuarzo y vestigios del antiguo Mar de Thetis, hoy hogar vital para especies emblemáticas. Es precisamente dentro de esta vasta área protegida donde se localiza un sector que ha cautivado a sus visitantes: la enigmática Zona del Silencio.
¿Qué es realmente la Zona del Silencio?
Este sitio, que forma parte de la Reserva de la Biósfera de Mapimí, es un enclave natural único que abarca 103 000 hectáreas de área protegida. Su fama comenzó en la década de los 70, pero fue en 1978 cuando se consolidó su importancia científica con la creación del Laboratorio del Desierto.
Ubicado en una planicie al pie del Cerro San Ignacio, este sitio recibe constantemente a investigadores nacionales y extranjeros. Aquí se estudian fenómenos únicos que van desde la adaptación extrema de la flora hasta proyectos de repoblamiento de especies emblemáticas.

Los enigmas de la Reserva de la Biósfera de Mapimí
¿Por qué todos quieren visitar este punto del desierto mexicano? Según científicos y viajeros, hay una serie de fenómenos que hacen de este lugar algo extraordinario. Se dice que en ciertos puntos las señales de radio y comunicaciones se desvanecen, un fenómeno que sigue bajo investigación.
También se tiene registro de que la intensidad de los rayos solares en esta área es un 35% mayor que en el resto del planeta. La flora y fauna han desarrollado adaptaciones sorprendentes. Es famoso el caso de las tortugas del desierto (Gopherus flavomarginatus), con caparazones de formas inusuales y plantas con coloraciones que no se ven en otras latitudes, como los famosos nopales morados.
Además, la frecuencia con la que caen fragmentos espaciales en la zona es inusualmente alta, lo que alimenta teorías sobre el magnetismo particular de la región.

Cómo llegar y qué llevar
Visitar la Zona del Silencio requiere planeación, ya que te adentras en uno de los ecosistemas más áridos del país.Ya sea que partas desde Durango o desde Coahuila, debes dirigirte a Gómez Palacio. Ahí debes tomar la carretera 49 hacia el noroeste. Al llegar al poblado de Ceballos, deberás desviarte unos 52 km hacia el noreste por un camino de terracería. Aunque el camino suele estar en buenas condiciones, se recomienda un vehículo alto.
Es vital llevar suficiente agua, protector solar de alta gama (por la radiación mencionada) y, de preferencia, contratar un guía local en Ceballos para no perderse en la inmensidad del Bolsón.
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