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Salvemos al Berrendo del Desierto El Vizcaíno

Por: Jos

A finales de los 90's se registraron solamente 170 ejemplares de esta especie peninsular. Hoy en día, gracias al programa “Salvemos al Berrendo”, hay más de 500 y podemos afirmar que su población va en aumento.

En las llanuras costeras de la península de Baja California, particularmente en la región que ahora conocemos como el Desierto El Vizcaíno, los berrendos han estado presentes por miles de años. Así lo atestiguan las pinturas rupestres que aún podemos admirar en algunas cuevas y los testimonios de quienes han llegado hasta aquí. Todavía los viajeros de finales del siglo XIX hablan de grandes manadas que se observaban con frecuencia. Pero en tiempos recientes la situación cambió en perjuicio del berrendo peninsular. La cacería diezmó su población a un ritmo acelerado. La depredación desmedida era tan evidente, que en 1924 el gobierno mexicano prohibió su cacería, prohibición que desgraciadamente tuvo poco efecto. La población continuó descendiendo, y los censos de los setenta y ochenta arrojaron niveles alarmantes, motivando que la subespecie se incluyera en las listas de los animales en peligro de extinción (tanto normas internacionales como mexicanas).

Cercando su hábitat


Las amenazas más serias a la supervivencia del berrendo peninsular son antropogénicas, es decir que su origen se encuentra en su interacción con el ser humano. En primer lugar está la cacería en una escala que va más allá de la capacidad de la especie para recuperarse. Igualmente grave ha sido la transformación de su hábitat, pues la construcción de cercas, carreteras y otros obstáculos en el desierto han cortado las rutas migratorias y han aislado al berrendo, alejándolo de sus zonas tradicionales de alimentación y refugio.
Así, el censo que se realizó en 1995 estimó la población total de la subespecie en menos de 200 ejemplares, concentrados en gran medida en las llanuras costeras que conforman la Zona Núcleo de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno. La amenaza era indudable.

Un esperanza para ellos...


Buscando enfrentar esta situación, en 1997 Ford Motor Company y sus distribuidores, Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable A.C., y el Gobierno Federal, a través de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno, unieron esfuerzos para rescatar al berrendo peninsular de su probable extinción lanzando el programa “Salvemos al Berrendo”. El plan se planteó a largo plazo y contempló dos fases. La primera (1997-2005) tuvo como objetivo principal revertir la tendencia decreciente de la población, es decir, buscar que haya cada vez más ejemplares. La segunda fase (de 2006 en adelante) tiene un objetivo doble: por un lado consolidar la tendencia creciente de la población y por el otro, crear las condiciones para que vuelva a habitar, crecer y prosperar en su hábitat natural. De esta manera, no solamente se recuperará la especie, sino que se rescatará el ecosistema del desierto, que se ha empobrecido por su ausencia.

Líneas de acción

1 Intensiva. Consiste en crear un entorno libre de amenazas, hatos semisilvestres, donde los berrendos encuentren las condiciones óptimas para su crecimiento, en otras palabras, poner una “fábrica” para buscar un crecimiento sano de la población.
2 Extensiva. Se busca aumentar nuestros conocimientos en el campo de la subespecie y su hábitat, mediante salidas continuas a la zona del berrendo con tareas de vigilancia y monitoreo de los hatos silvestres.
3 Revaloración. Esta línea de acción se dirige a los pobladores locales con el objetivo de influir en un cambio de actitud y una revaloración del berrendo y su presencia en El Vizcaíno. Se trata de incorporarlos al proceso de conservación.

La reconquista del desierto


El programa “Salvemos al Berrendo” ha logrado reconocimiento nacional e internacional. Por primera vez en muchas décadas, la población creció anualmente. Para la primavera del 2007 se contó ya con más de 500 ejemplares. Aún más importante, la “fábrica”, llamada Estación Berrendo, ya produce más de 100 anualmente.
En marzo de 2006 por primera vez se liberó al medio natural un hato criado en cautiverio en la Estación Berrendo, formado por 25 hembras y dos machos. Fueron liberados en la Península La Choya, un espacio de 25,000 hectáreas de El Vizcaíno, en el que por muchos años habitaron los berrendos y de donde desaparecieron hace más de 25 años. Se construyó asimismo la estación de campo La Choya, con objeto de observar el comportamiento del hato liberado.
Tras un año de monitoreo continuo, se supo que su comportamiento es similar al de los berrendos silvestres.
El objetivo último del programa sigue siendo el de crear las condiciones para que una población sana y sustentable pueda convivir con las realidades de su entorno, interactuando positivamente con una sociedad que lo aprecia, no sólo por su valor como especie, sino también por la riqueza y el equilibrio que su presencia aporta al hábitat del Desierto El Vizcaíno. Este es un reto de todos los mexicanos.

Generalidades del berrendo peninsular


• Habita en las planicies desérticas aledañas al mar y que no van más allá de 250 metros sobre el nivel del mar.
Las otras subespecies viven a más de 1,000 metros snm.
• Los del desierto sonorense y peninsular pueden pasar largos periodos sin beber agua, pues la extraen del rocío de las plantas. Es herbívoro, come matorrales, arbustos, hierbas y flores, e inclusive plantas que resultan tóxicas para otras especies.
• Es el mamífero más veloz de América, alcanzando y sosteniendo carreras a 95 km/h. Sin embargo, el peninsular no salta. Una barrera de 1.5 metros se puede volver un obstáculo insalvable.
• Sus grandes y hermosos ojos son verdaderamente sorprendentes. Equivalen a binoculares de 8x, y tienen una visión de 280 grados, lo que les permite percibir movimientos hasta 6 kilómetros de distancia.
• Sus pezuñas rompen la capa salina que cubre las llanuras costeras y sus excretas sirven como fertilizante. Así, en las huellas de los berrendos se crean diminutos “bosques” o “nichos” que contribuyen a la cadena alimenticia del desierto, el hábitat más difícil para sostener la vida. Por ello, la presencia de manadas de berrendos es fundamental para mantener el equilibrio vegetal en el desierto.
• Es la única especie en la familia de los antilocápridos, y habita exclusivamente en Norteamérica. El nombre científico de la especie es Antilocapra americana. Existen cinco subespecies y tres de ellas viven en México: Antilocapra americana mexicana, en Coahuila y Chihuahua; Antilocapra americana sonorensis, en Sonora; y Antilocapra americana peninsularis, que solamente se encuentra en la península de Baja California (endémica). Las tres subespecies están en peligro de extinción y han sido catalogadas como especies protegidas.

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