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Zona arqueológica de Huamango, Estado de México

Por: Sabrina Farías Pelayo

Conoce la misteriosa zona arqueológica de Huamango, centro ceremonial escondido al norte del Estado de México, rico en tradiciones y leyendas ancestrales. ¡Vuélvete un experto en historia antigua de nuestro país!

Huamango es una zona arqueológica que se encuentra al norte del Estado de México, rica en leyendas, historias y tradiciones ancestrales. Para llegar a ella hay que tomar la carretera México - Querétaro y a la altura del kilómetro 68 desviarse hacia Jilotepec, lugar conocido por sus casas de adobe con tejas rojas. De Jilotepec hay que continuar por la carretera que conduce a Acambay (cerca del dios de los peñascos) y pasando este último poblado, sobre la mesa de San Miguel, que a su vez forma parte de las estribaciones del cerro Peña Picuda, se encuentra Huamango a una altitud aproximada de 2 850 msnm.

Para llegar a la zona arqueológica hay que tomar un camino de terracería que sale del pueblo y que conforme va subiendo nos va mostrando la forma de vida que la gente del lugar ha conservado durante tanto tiempo.

El silencio del lugar es asombroso e invita a llegar a la cima, desde la cual se puede observar todo el valle de Acambay (o valle de los espejos) que debe su nombre al reflejo de los muchos aguajes de forma cuadrangular que proveen de agua para la siembra de maíz. En el valle, mirando al sur, se aprecian los cerros de Atlacomulco y Jojotitlán; al poniente el cerro Colmilludo, al oriente la peña Redonda y el Balcón del diablo y al norte el cerro de Peña Ñado.

Al llegar a lo más alto de la Mesa de San Miguel, rodeadas de encinos y árboles de Tepozán se encuentran las ruinas de la pequeña zona arqueológica de Huamango. Algunos viejos robles, cuidan de ella y sus hojas, con el roce del viento, producen un sonido que rompe el silencio de este lugar.

LEYENDAS SOBRE EL ORIGEN DEL HUAMANGO


Huamango es un hermoso y apacible sitio lleno de interesantes leyendas. La creencia local es que fueron los otomíes quienes ocuparon este asentamiento mucho antes de que las huestes mexicas lo conquistaran y lo hicieran tributario.

Una de las leyendas cuenta que los “apaches” (así los nombraron los habitantes del lugar) vivieron en Huamango, pero tuvieron que dejarlo y se fueron a San Miguel, desde donde regresaban cada año para bailar frente al templo del lugar. Sin embargo, la leyenda más repetida dice: “Que en un principio el lugar fue construido y habitado por los toltecas de Tula y posteriormente habitado por los otomíes durante mucho tiempo. Después de un terremoto, los habitantes de Huamango salieron del sitio y se mudaron a un lugar llamado Dongú, donde formaron un nuevo centro. Más tarde se trasladaron a lo que hoy se conoce como Acambay”.

Por esta última leyenda muchos habitantes directos de la región dicen ser descendientes de los constructores de Huamango y por lo mismo cuidan y atienden tanto el lugar como sus costumbres otomíes.

HUAMANGO COMO CENTRO POLÍTICO Y DE INTERCAMBIO


El terreno sobre el cual fue erigido Huamango no es apto para la construcción, pero los antiguos habitantes resolvieron magníficamente este problema mediante la nivelación artificial y el acondicionamiento de amplias terrazas sobre las que construyeron sus basamentos piramidales, con piedras unidas con lodo y revestidas de lajas cuatrapeadas. Se cree que el sitio fue habitado durante el periodo Epiclásico temprano (850-1300 d.C.), y fue un centro político que ejerció el control de la región.

Este aspecto tal vez guarde relación con la muralla que rodea todo el lugar y que en algunas partes alcanza hasta los 2m de altura. Se supone que los habitantes mantenían relaciones de distinto tipo, principalmente de comercio, con sitios de la jerarquía de Tula y de algunos asentamientos de la región de Michoacán.

Por la gran variedad de cerámica que se encontró, y por su ubicación estratégica, se piensa que pudo haber sido un centro de intercambio, de la mesa Central con el occidente.

PRESENCIA COLONIAL EN HUAMANGO


Dentro del sitio arqueológico se encuentra una capilla, justo frente a la estructura principal. Fue construida durante el siglo XVII y se le conocía con el nombre de Quahmanco, pero más tarde los frailes franciscanos de Aculco llevaron una imagen de San Miguel al lugar y éste quedó como el santo patrón de la capilla.

Al fondo de la misma se ven muchas imágenes, tanto de santos como de la Virgen de Guadalupe, y un crucifijo de tamaño mediano.

La gente de la región acostumbra llevar flores y veladoras, así como papel picado de colores. En consecuencia, el ambiente dentro del pequeño recinto se siente denso y a la vez místico.

Encima de la capilla de San Miguel de Huamango se encontraron restos de lo que fue una cruz de madera, y la gente del lugar colocó una nueva. Los habitantes de Acambay suben por esta cruz cada 3 de mayo y la reúnen con las cruces de los poblados cercanos en la parroquia de su pueblo para celebrar el día de la Santa Cruz.

UN VIGILANTE SOLITARIO


Felipe Aguilar Cruz, un buen hombre de 55 años aproximadamente, actual encargado y responsable del mantenimiento de la zona, nos relató los cambios que ha tenido este lugar, ya que ha vivido siempre por aquí. Nos dijo que durante su niñez, estos terrenos eran superficies de cultivo, principalmente de trigo, cebada y maíz. Cuenta Felipe que, cuando comenzaron las excavaciones, entraba al sitio a escondidas, y añade que vivió muy de cerca la transformación del lugar. Más tarde, cuando la zona fue abierta al público, fue invitado a trabajar en ella. El mantenimiento que lleva a cabo es de primera, ya que constantemente está cortando la hierba que amenaza con cubrir las estructuras; sus largos años de experiencia no han sido en vano y la zona siempre está limpia para el visitante.

Después de visitar la zona fuimos a la Casa de la Cultura de Acambay, donde se encuentra una interesante piedra que posiblemente fue tallada en un principio por los mexicas, ya que una de sus caras nuestra un labrado que representa a Huitzilopochtli, y por la otra presenta imágenes labradas, cortantes y precisas, que probablemente fueron hechas con herramientas de hierro durante la época de la Colonia. Para poder apreciar la piedra es necesario pedir autorización en la Casa de la Cultura.

Después de un agradable y soleado día lleno de sorpresas, emprendimos el regreso a la gran ciudad con el espíritu tranquilo y reposado. En el camino me puse a pensar que el nuestro es un país maravilloso y que sólo basta lanzarse a la carretera para encontrar agradables sorpresas como la que nos dio Huamango.

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