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Alfarería de Amatenango, Chiapas

Sigue los pasos de uno de nuestros expertos por Amatenango, poblado en los Altos de Chiapas que aún produce verdaderas obras de arte en alfarería.

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Durante la realización de un trabajo antropológico en los Altos de Chiapas, conocí a varias artesanas de Amatenango, entre ellas a Martina Gómez y a su hija Catalina, a quienes les pregunté si podíamos entrevistarlas y tomarles unas fotos mientras trabajaban sus artesanías de barro. Accedieron y decidimos ir a visitarlas.

Salimos al amanecer de San Cristóbal de las Casas. La primera población por la que pasamos fue el ejido Betania, donde el humo de los fogones se escapaba por las rendijas de los techos de las cocinas de madera y se mezclaba con la bruma que apenas se levantaba por el calor del sol, mientras las mujeres comenzaban a instalar sus coloridos puestos de frutas a la orilla de la carretera. Nuestra siguiente parada fue en Teopisca, en donde aprovechamos para desayunar. En la plaza principal está la Iglesia de San Agustín, cuya construcción a cargo de los dominicos se inició a finales del siglo XVI con estilo mudéjar. El fraile dominico Thomas Gage, en una visita que hizo en 1626, manifestó que “no había nada que valiera la pena en el pueblo como la iglesia”, a la cual se refiere como: “grande y fuerte, en la que se produce buena música”. En el interior se encuentra uno de los retablos más bellos y mejor conservados de Chiapas, con elementos de gran calidad barroca. Al salir, retomamos la carretera Panamericana con dirección a Comitán.  

Llegada al pueblo

Lo primero que se ve al llegar a Amatenango son los puestos de elotes (que son deliciosos) y los portales en donde las mujeres instalan su mercado comunitario y venden sus piezas en forma de palomas, jaguares, gallos, lunas, soles, tortugas, ranas, iguanas, floreros y las tradicionales máscaras de jaguar. Entrando al pueblo está la plaza principal y al frente, la iglesia dedicada a San Francisco de Asís (1756).

En la calle Hidalgo vive Martina, quien nos recibió con una sonrisa, portando el traje tradicional, acompañada de toda su familia. Todas saben trabajar el barro según el método prehispánico. Desde los 10 años, las niñas van aprendiendo a trabajar la alfarería haciendo animalitos, y poco a poco, amasando el barro cada día, dominan las manos para dar forma a piezas que llegan a ser obras de arte, entre las que destacan los jaguares y las ollas de tres patas decoradas con complicadas grecas que, según nos contó Martina, son diseños muy antiguos. Para la elaboración de sus productos extraen el barro de un cerro ubicado en las afueras del poblado; lo llevan a su casa, lo amasan, lo revuelven con arena o arcilla para darle consistencia, luego moldean y pulen las piezas antes de ponerlas al fuego hecho con leña, en los amplios patios.

La alfarería paso a paso

Todo inicia con la recolección del barro. Los hombres y mujeres van en la mañana a los barrizales del Matorral en los meses de marzo, abril o mayo, antes de que las lluvias comiencen, ya que si los pozos están mojados, puede resultar peligroso para quienes bajan, pues podrían quedar atorados. Cada alfarera saca un promedio de 250 a 350 costales, que son puestos en bolsas de plástico para conservar su humedad, y se almacenan. Ya que está la materia prima en casa, Martina lo cuela con una malla para quitarle las impurezas y se deshidrata un poco hasta alcanzar la consistencia deseada. Si el barro está seco, se le añade agua para conseguir el punto exacto en que se pueda trabajarlo.

Cuando la bola de barro está lista, se coloca sobre una laja de piedra y se le empieza a dar la forma de un cono invertido y achatado; conforme va girando, el barro va dando forma a las ollas, cántaros o macetas. La habilidad de Martina es increíble, en un abrir y cerrar de ojos ya tiene la pieza lista. Una vez terminada, la coloca bajo el sol para que seque. Éste es el punto crítico porque el barro suele quebrarse. “La alfarería es algo sagrado porque de ahí comemos, si se rompe algo que hicimos, nos duele”.

Una vez secas las piezas bajo el sol, se colocan sobre una cama de ramas secas, y alrededor de ellas, leños en forma vertical. Se les prende fuego a 600 o 700 grados centígrados, suficientes para que la arcilla alcance su punto de sinterización, es decir, cuando pierde irreversiblemente la cualidad de disolverse en agua. Esta técnica de cocción conserva gran similitud con la utilizada ancestralmente por los pueblos mayas que habitaron estas tierras.

Finalmente, cuando las piezas están listas para ser pintadas, Martina utiliza minerales naturales para obtener los diferentes colores. En una roca de forma cóncava, lima un poco del mineral elegido y agrega agua para obtener pintura negra, roja, amarilla… Toma su pincel y con gran habilidad comienza a decorar los jaguares, las ollas, cántaros, ensaladeras, palomas… en fin, todas sus piezas.

Después hay que comercializarlas, para lo cual existen diferentes vías. Algunas artesanas venden en el mercado comunitario, otras a través de la asociación llamada en tzeltal Saam, que significa “es muy bonito”; otras, como Martina, venden sus obras en la tienda de la Asociación Cultural Na Bolom, localizada en San Cristóbal de las Casas.
Como nosotros, en tu paso por Amatenango, no dejes de dar una vuelta por el pueblo y los talleres de estas grandes alfareras, quienes con gusto te enseñarán su trabajo.

Más sobre Amatenango

El nombre de Amatenango significa en náhuatl “lugar fortificado de los amates”. El grupo de tzeltales que originalmente formaron el pueblo se estableció en el municipio durante el periodo Clásico de la época prehispánica. En 1486 fue invadido por las tropas aztecas al mando de Tiltototl. Después de la conquista de Chiapas (1528) es citado como perteneciente a Teopisca, pero a finales del siglo XVI se había convertido en cabecera por derecho propio. Los misioneros españoles establecidos en la región le antepusieron a Amatenango el nombre de San Francisco. Los pobladores del municipio participaron activamente en la sublevación indígena de 1712.

Contactos
Asociación Cultural Na Bolom
www.nabolom.org

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