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Ascensión al volcán de las Tres Vírgenes (Baja California Sur)

Durante las numerosas exploraciones por tierra, mar y aire que realizamos en el salvaje territorio bajacaliforniano, decimos que teníamos que ascender a las cumbres más altas de la península.

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Fotógrafo especializado en deportes de aventura. ¡Ha trabajado para MD desde hace más de 10 años!


Así, las primeras cimas que conquistamos fueron los picachos de la Sierra de la Laguna, en la región de Los Cabos, y nuestro siguiente objetivo era el majestuoso volcán de las Tres Vírgenes, en el norte de Baja California Sur. En La Paz hicimos todos los preparativos para la expedición, y siguiendo la carretera número 1 que corre paralela al Golfo de California llegamos al antiguo y pintoresco poblado minero de Santa Rosalía, situado a orillas del Golfo y en la base del enorme volcán de 1 900 msnm, su eterno guardián.

Durante las numerosas exploraciones por tierra, mar y aire que realizamos en el salvaje territorio bajacaliforniano, decimos que teníamos que ascender a las cumbres más altas de la península. Así, las primeras cimas que conquistamos fueron los picachos de la Sierra de la Laguna, en la región de Los Cabos, y nuestro siguiente objetivo era el majestuoso volcán de las Tres Vírgenes, en el norte de Baja California Sur. En La Paz hicimos todos los preparativos para la expedición, y siguiendo la carretera número 1 que corre paralela al Golfo de California llegamos al antiguo y pintoresco poblado minero de Santa Rosalía, situado a orillas del Golfo y en la base del enorme volcán de 1 900 msnm, su eterno guardián.

Santa Rosalía, también conocido entre los locales como “Cahanilla”, es un antiguo pueblo minero de estilo francés. Años atrás esta población fue la más próspera de la península, dados los ricos yacimientos de cobre que se hallaban en las montañas de los alrededores, donde el mineral estaba a flor de tierra en grandes bolas conocidas como “boleos”. La explotación la realizó la compañía francesa El Boleo Mining Company, asociada a la casa Rothschild.

Los franceses levantaron sus pintorescas casas de madera, sus tiendas y una panadería (la cual aún sigue funcionando), y también trajeron una iglesia, la de Santa Bárbara, que fue diseñada por el autor Eiffel. El esplendor y la riqueza de esta población acabó en 1953, cuando se agotaron los yacimientos, pero Santa Rosalía sigue ahí, a orillas del Mar Bermejo, como un gran museo al aire libre que conserva su sabor y el aire afrancesado de sus calles y construcciones.

LA ZONA VOLCÁNICA DE LAS TRES VÍRGENES

El complejo volcánico está compuesto por el volcán de las Tres Vírgenes, el del Azufre y el Viejo, todos ellos forman parte de la Reserva de la Biosfera Desierto de El Vizcaíno (261,757.6 has). Esta región es de gran importancia ecológica y geológica, ya que constituye el hábitat de especies amenazadas, únicas en el mundo, como el cirio, el datilillo y el borrego cimarrón, y por ser una importante fuente de energía geotérmica que se genera en las entrañas de la tierra, a miles de metros de profundidad. Actualmente la Comisión Federal de Electricidad está desarrollando un proyecto muy interesante de aprovechamiento de energía geotérmica en el volcán de las Tres Vírgenes.

EL BORREGO CIMARRÓN

Otro proyecto igualmente interesante y de gran importancia ecológica es la protección y conservación del borrego cimarrón, lo cual se lleva a cabo monitoreando las poblaciones, observando sus ciclos reproductivos y levantando censos desde el aire; pero lo más importante de todo esto es la vigilancia contra cazadores furtivos.

Se calcula que la población actual de borrego cimarrón en el área es de alrededor de 100 ejemplares.

Durante nuestra expedición a los volcanes tuvimos la oportunidad de ver una manada de borregos cimarrones en las escarpadas laderas del volcán del Azufre. Actualmente su área de distribución corresponde a un 30% de la históricamente conocida a causa de dos de sus peores enemigos: los cazadores furtivos y la alteración de su hábitat.

HACIA EL VOLCÁN

Siguiendo con nuestros preparativos, fuimos a la estación biológica de la reserva con el fin de pedir autorización para ascender el volcán, y luego, con todo el equipo a cuestas, comenzamos a caminar por el desierto bajo un sol implacable. Para protegernos de éste nos enredamos en la cabeza nuestros turbantes, el estilo árabe. Los turbantes son la mejor protección contra el sol, ya que se humedecen con el sudor, y refrescan y protegen la cabeza, evitando así una deshidratación.

El volcán de las Tres Vírgenes es muy poco visitado, sólo atrae a quienes son amantes de la aventura y la exploración, como científicos, cazadores y excursionistas. La vista que se tiene de las Tres Vírgenes desde su base es espectacular, como de otro planeta; sus ardientes laderas, formadas por negruzcas rocas volcánicas, nos hacían pensar en lo difícil que sería la ascensión y en la clase de vida que podría habitar un terreno tan árido y agreste.

No se tiene un registro exacto de quiénes fueron los primeros en ascender al volcán. En 1870, durante la época de las exploraciones mineras realizadas por la compañía francesa, un alemán de apellido Heldt alcanzó la cima, y posteriormente varias personas han ascendido con el único fin de practicar el excursionismo, como los párrocos del templo de Santa Bárbara, en Santa Rosalía, quienes colocaron las cruces de la cima.

El nombre de las Tres Vírgenes se debe a que sus tres picos han formado una región inhóspita, poco explorada, remota y prácticamente virgen, donde el ritmo milenario de la naturaleza sigue su curso, iniciado hace unos 250 mil años.

La última erupción fuerte, en la que arrojó lava y rocas, fue reportada por los padres Consag y Rodríguez en mayo-junio de 1746; en 1857 el volcán expidió grandes cantidades de vapor.

En la primera etapa de nuestra excursión atravesamos por espesos matorrales de rama blanca, torotes, mezquites, chollas, cardones e impresionantes árboles elefante cuyas retorcidas raíces se adhieren a las inmensas rocas volcánicas. La vegetación es ahí muy cerrada, no hay veredas ni senderos marcados, y debe avanzarse en zig-zag entre las chollas, que al más mínimo roce se colgaban de nuestra ropa, y sus duras y filosas espinas como arpones se encajaban en nuestros brazos y piernas; algunas espinas lograban traspasar las botas y se convertían en una verdadera molestia.

La ruta más accesible está ubicada entre el volcán de las Tres Vírgenes y el del Azufre. Conforme avanzamos nos internamos en el fantástico mundo de “los árboles de naturaleza irregular”, como los describiera el padre jesuita Miguel del Barco (autor del libroHistoria Natural y Crónica de la Antigua California), quien quedó sorprendido por las caprichosas formas de la flora del desierto, compuesta de biznagas, cactáceas gigantes, árboles elefante, yucas, cirios, etcétera.

Lo más bello e interesante de esta región radica en su accidentada topografía, donde la altitud varía radicalmente, partiendo del nivel del mar hasta casi los 2 000 m en la cumbre de las Tres Vírgenes; este variable rango altitudinal nos permitió ir observando los diferentes tipos de vegetación que habitan el volcán. Después de atravesar la zona de matorral descubrimos un fascinante y exótico bosque de cirios.

LOS CIRIOS

El cirio es una de las plantas más raras y extrañas del mundo. Es un ejemplo perfecto de adaptación y supervivencia al medio ambiente; crece en las regiones más hostiles del desierto, donde la temperatura varía de los 0ºC hasta los 40ºC, con lluvias muy escasas o nulas.

Su crecimiento es muy lento; en condiciones óptimas crecen 3.7 cm por año, llevándoles 27 años alcanzar el metro de altura. En condiciones menos favorables necesitan de 40 años para crecer un metro, 2.6 cm por año. Los cirios más altos y viejos que se han encontrado alcanzan los 18 m de altura y una edad estimada de 360 años.

A LA CONQUISTA DEL PAISAJE

La agreste y accidentada topografía volcánica no dejaba de sorprendernos. Después de atravesar el fantasmagórico bosque de cirios ascendimos hasta un collado, entre las Tres Vírgenes y el Azufre, donde el terreno se convertía en un inmenso y oscuro pedregal, habitado por algunas cactáceas, magueyes y yucas que se aferran a la ida de una forma impresionante. Nuestra ascensión se hizo más lenta por la inestabilidad del terreno.

Después de un par de horas de saltar de roca en roca ascendimos hasta el final del roquerío, donde nos enfrentamos a otro obstáculo igualmente difícil: un espeso bosque de encinos chaparros y enormes palmas de sotol (Nolina beldingii). En esta parte la vegetación era menos espinosa, pero tan cerrada como los matorrales de las tierras bajas. En algunos tramos caminábamos sobre los encinos chaparros y en otras nos cubrían por completo, nos desorientaban y hacían dar vueltas en los últimos metros de la ascensión (y nosotros que pensábamos que acá arriba no había más que rocas). Finalmente, después de una dura caminata de doce horas alcanzamos la cumbre marcada por una brillante cruz grabada que yace bajo una gran palma de sotol.

El fin de nuestra jornada lo cerramos contemplando uno de los atardeceres más bellos del mundo, desde los 1 951 m de uno de los techos de la península de Baja California. Fue como si el volcán se encendiese de nuevo, el paisaje se pintó de cálidas tonalidades amarillas, anaranjadas y rojo fuego. A lo lejos, los últimos rayos del sol iluminaban la grandiosa Reserva de El Vizcaíno; en el horizonte se apreciaban las lagunas de San Ignacio y Ojo de Liebre en Guerrero Negro, ancestrales santuarios de la ballena gris en el Pacífico mexicano. En tierras peninsulares se extendían las vastas e infinitas planicies, hogar del berrendo, cuya monotonía era rota por los impresionantes picachos de Santa Clara. Más cercano al volcán se abrían los profundos cañones y las mesetas de la Sierra de San Francisco y Santa Martha, ambas serranías encierran en sus barrancas uno de los grandes enigmas del mundo: las misteriosas pinturas rupestres.

El amanecer fue igualmente espectacular. Sin duda alguna desde este punto se puede contemplar uno de los paisajes más bellos del mundo; los primeros rayos del sol iluminaban la costa de Sonora, el majestuoso Golfo de California y los volcanes Viejo y del Azufre, fieles testigos del origen de su tierra natal, la península de Baja California.

SI USTED VA AL VOLCÁN DE LAS TRES VÍRGENES

Tome la carretera núm. 1, que atraviesa la península de Baja California, para llegar a Santa Rosalía. Allí encontrará servicios de gasolinería, hoteles modestos y restaurantes.

De Santa Rosalía hay que continuar por la misma carretera y tomar la desviación que lo lleva a la ranchería de las Tres Vírgenes.

En el ejido Bonfil se puede conseguir guías para ascender el volcán (pregunte por el señor Ramón Arce), pero se debe pedir información y autorización a la Estación Biológica de la Reserva de El Vizcaíno en Guerrero Negro o bien visitar la pequeña estación biológica del Borrego Cimarrón, cercana a la ranchería de las Tres Vírgenes.

Fuente : México desconocido No. 265 / marzo 1999

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