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Tras las huellas de artistas legendarios en la costa de Jalisco

Disfrutando de un paseo en Playa Las Ánimas nos enteramos de que estas tierras han sido refugio de numerosos artistas. ¡Decidimos seguir las huellas de una probable visita de Bob Dylan!

12-07-2016, 5:35:00 PM
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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.

Por: Marcia Valverde, Mario Gallegos y Daniel Cuevas.

La selva y el mar invadieron nuestros sentidos con su exuberancia: verdes selváticos, azules celestes, música marina. Marcia es una artista en todos los sentidos, pues escribe, toma fotografías, toca la guitarra y canta. Mario es un cinefotógrafo de cepa. Y yo, Daniel, dedico mis días a escribir y contar historias con imágenes. Los tres queremos echar a volar un proyecto. Venimos en busca de inspiración, esa que abrazó en otros tiempos a artistas legendarios.

Playa Caballo

Situada a 15 minutos en lancha saliendo de Boca de Tomatlán, último lugar al sur de Bahía Banderas accesible en auto, esta playa es apenas reconocida por los mismos lugareños. Playa Las Ánimas es la mejor referencia para llegar a ella, de hecho podría ser considerada una extensión de esta última, tan solo separada por el borde de un cerro.

Debe su nombre a la figura que hacen las olas al chocar contra unos riscos y que dan la apariencia de crin de caballo. Es una playa prácticamente virgen, salvo por unas cabañas -más tarde sabríamos que es Hotelito Mío– y una casa privada contigua. No hay más construcciones hasta la siguiente playa. El viento de la costa parece darnos la bienvenida refrescándonos. Mientras el sonido parsimonioso del mar nos regala una suerte de melodía sutil. Huele a selva. Nos preguntamos si esta sensación de estar en el paraíso sería la que cautivó a los primeros extranjeros que hicieron de esta costa su casa. Seguramente esta combinación de selva, montaña y mar fue la que hizo a John Huston escogerla como locación para su “Noche de la iguana” en la década de 1960, momento en que Vallarta (Jalisco) y sus alrededores se hicieron famosos como un refugio original para el mundo entero.

Cayó la noche y nos encontró frente a las acogedoras cabañas que Hotelito Mío tiene junto a la playa y sus paisajes sonoros. Marcia tocaba la guitarra mientras tanto, Mario y yo saboreábamos un filete de pescado humeado; cerca una fogata acompasaba el vaivén del océano Pacífico. Pertenemos a la misma generación, así que nos resulta inevitable coincidir con las imagénes infantiles cuando nuestros padres ponían canciones en la casetera del auto mientras hacíamos largos viajes en carretera mirando paisajes hipnóticos. La charla nos llevó al siglo pasado, a la melancolía de una época en la que se propuso la posibilidad de cambiar el mundo con la fuerza del amor. El fuego me hechizó con su danza: me quedé observándolo y escribiendo algunas ideas, mientras Marcia y Mario se metían a su cabaña para disfrutar de un baño de tina en pareja.

Primeras exploraciones

La mañana siguiente decidimos “dejarnos envolver por el escenario”, como les diría John Huston a sus actores, y probamos un kayak sobre el mar. Después de una breve instrucción por parte de Alfredo, nuestro guía marino de poco más de 18 años, originario de la zona y cuya vida es el mar, esperamos el momento adecuado, la “calmada”, y nos pusimos a remar antes de la siguiente ola alta.

Contrario a la fuerza de la orilla, una vez dentro, el mar se nos ofreció sereno y nos permitió avanzar sin contratiempos. La vista y la sensación de estar flotando sin más tracción que la de uno mismo fue indeleble. Nos abrumó imaginar a los kayakistas que han cruzado continentes en esta dinámica. Llegados a un punto, dejamos de remar, cerramos los ojos e hicimos una meditación conectándonos con el mar, sintiendo el suave vaivén, al tiempo que el sol nos dotaba de su energía. Después de desayunar, recorrimos la playa y vimos piedras colosales, casas ocultas y hoteles con lugareños amistosos. Continuamos a través de pequeñas playas vírgenes que nos invitaban a quedarnos toda la tarde.

Regresamos al hotel a una sesión de spa. La vista desde lo alto nos permitió despedir al sol mientras nos preparábamos para una cena a la orilla del mar. Al hacer el recuento del día, nos sentimos cercanos a lo que debió haber sido Yelapa, Mismaloya y Las Casitas en la década de 1970, época en que el mundo convulsionaba en guerras pero también grandes movimientos humanitarios surgían. Un hombre nos contó una leyenda: ¡Bob Dylan pudo haber estado en Yelapa… “como una piedra rodante”! Esto le dio un giro a nuestro viaje: quisimos seguir el rastro de este mito.

Marcia Valverde, Mario Gallegos y Daniel Cuevas

Dylan y Yelapa 

Al momento del desayuno iniciaron las pesquisas para saber sobre Dylan. Nos recomendaron preguntar a Enrique, el mesero del restaurante San Miguel. Él trabajó en Yelapa así que nos orientó sobre a qué lugares debíamos de acudir en busca de más información. Tomamos nota de ellos, los teléfonos y también de sus recomendaciones para comer. Decidimos embarcarnos.

Antes de llegar, las playas Quimixto, Las Caletas y Majahuitas desfilaron majestuosas ante el avance del bote. Las Caletas es el lugar donde John Huston vivió los últimos años de su vida y en donde se refugió en la tranquilidad de la naturaleza y del mar. A continuación, 15 minutos después de haber salido de Las Ánimas, una bahía se presentó ante nosotros. Era la mítica Yelapa.

Desembarcamos y lo primero que hicimos fue preguntarle a los pescadores locales sobre Dylan, quienes nos llevaron con los más ancianos lugareños de por ahí. Ninguno sabía nada. Algunos ni siquiera conocían el nombre de Bob Dylan. Café Bahía, conocido como “Susan’s Place” por los extranjeros asentados en Yelapa, fue la siguiente inevitable parada. Al ser el café de una estadounidense, la dueña, quien atendía desde su cocina, conocía bien a la comunidad. Ella sí sabía del “mito de Bob Dylan” y nos puso en contacto con las personas correctas. Llamó a dos conocidos, María y Jim, que después de media hora estaban frente a nosotros: una pareja de escritores de setenta y tantos, claramente hippies y bohemios, que hace ya muchos años abandonaron su mundo citadino en Estados Unidos… para jamás volver.

Marcia Valverde, Mario Gallegos y Daniel Cuevas

Conocieron a Bob Dylan en Yelapa. Nos aseguraron que, por supuesto, no era un mito y que estuvieron con él en fiestas y las características reuniones extravagantes de los años 70. María recuerda nítidamente la mirada y los ojos “profundamente azules” de Dylan. Él, como Liz Taylor o Richard Burton, deseaba escapar de la fama y las cámaras que rodean a toda persona pública. Yelapa era el lugar ideal para andar por calles de tierra y caminar en silencio siendo él mismo. Preguntamos si traía guitarra o armónica y nos dijeron que no, que andaba sin ellas y sin cantar, que solía estar de vacaciones de la música. Nos contaron que era una persona tímida y tranquila, alguien normal que no parecía ser ese monstruo del folk y el blues. Nos sugirieron ir a Casas de los Sueños, “Shapiro’s Place”, un punto de encuentro en aquellos años, donde podríamos tener más información.

Caminamos por calles empedradas que suben y bordean el cerro, mientras cruzamos con turistas yendo y viniendo. De pronto, sin querer, por hacer una toma de video, frente a nosotros apareció el letrero que indicaba “Casa de los Sueños”. Era el lugar. Tocamos la campana y el encargado nos invitó a pasar. Le contamos a qué íbamos y le preguntamos si sabía algo sobre Dylan hospedado ahí. Ha escuchado algo, pero la dueña sabe más, así que la llama y mientras tanto nos lleva a un bungalow llamado Casa Corona, el lugar en el que aparentemente durmió Dylan. 

Lo conservan exactamente igual que en los años 70 salvo por un jacuzzi en forma de corazón que ya no existe. La casita también es conocida por algunos como la “Watchtower” por la canción de Dylan y porque ahí pasó “al menos una noche” afirmó Shannon Yates. “Esta casa era el punto de reunión de toda la comunidad bohemia de ese entonces”. Sus fiestas debían ser memorables, incluso Tali Shapiro, hija de los Shapiro, dijo que aquí estuvieron los Rolling Stones también. “En un archivo de fotos viejas encontré una de Dennis Hopper aquí”, una pista que nos habló de que era un sitio frecuentado por la comunidad artística hippie de la época.

Marcia Valverde, Mario Gallegos y Daniel Cuevas

“Hay muchas historias alrededor de Bob Dylan: todos dicen que lo vieron, que aquí estuvo. Sin embargo, no he logrado encontrar fotos donde aparezca, donde se reconozca el lugar en el que está”. Seguramente tampoco quería ser retratado, pues de eso venía escapando, pero “sigo buscando una foto, una declaración de su publicista o algún documento que lo avale”, nos contó Shannon.

Mario sacó su armónica y tocó algunos acordes en honor al músico. Sin querer, llegamos al hipotético lugar que eligió Bob para refugiarse sigilosamente de la fama y el glamour, solitario poeta que supo gozar de esta costa mágica y salvaje. 

Esta escapada llenó de misterio nuestras vacaciones y aceleró nuestro proceso creativo. Descubrimos una fuente de inspiración a la que regresaremos cada vez que nos haya abandonado.

¿Cómo llegar a Playa Las Ánimas/ Playa Caballo?

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