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La calabaza de Halloween es mexicana: esta es su historia

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¡No es estadounidense! La calabaza de halloween, icono de la cultura de EEUU es en realidad mexicana.

Cada fin de octubre, los aparadores, jardines y fachadas de medio mundo se tiñen de un naranja vibrante. Es el rostro sonriente y sombrío de la Jack-O’-Lantern, el icono indiscutible del Halloween anglosajón. Sin embargo, detrás de esas enormes hortalizas iluminadas por velas se esconde una paradoja botánica e histórica: el rostro más famoso del folclor estadounidense es, en realidad, un tesoro milenario nacido en tierras mexicanas, o mesoamericanas, como se quiera ver.

De las cuevas de Oaxaca a la milpa ancestral

Mucho antes de que existiera la festividad del Halloween o de que los primeros colonos desembarcaran en Norteamérica, la especie Cucurbita pepo ya echaba raíces en el sur de México y la región mesoamericana.

Las investigaciones arqueológicas y botánicas sitúan su domesticación inicial hace entre 8,000 y 10,000 años. Evidencias halladas en la cueva de Guilá Naquitz, en Oaxaca, confirman que los antiguos habitantes de la región fueron los primeros en seleccionar y cultivar los ancestros silvestres de la calabaza, convirtiéndola en una de las plantas domesticadas más antiguas del continente americano, incluso anterior al maíz.

En el México prehispánico, la calabaza no era un adorno para espantar espíritus, sino un pilar fundamental de la vida. Formaba parte de la tríada sagrada de la agricultura mesoamericana: la milpa. Junto al maíz y el frijol, la calabaza cumplía un rol ecológico perfecto; sus anchas hojas rastreras cubrían el suelo, reteniendo la humedad y evitando el crecimiento de maleza, mientras el maíz le servía de tutor al frijol.

De ella se aprovechaba todo: la pulpa, la flor y, de manera muy especial, las semillas o pepitas, base de múltiples moles y pifias gastronómicas que perduran hasta hoy en delicias como el dulce de calabaza en tacha para el Día de Muertos.

El encuentro transatlántico: de nabos celtas a calabazas americanas

¿Cómo pasó entonces un cultivo ancestral mesoamericano a convertirse en el símbolo del terror en Estados Unidos? La respuesta está en la migración europea del siglo XIX.

La tradición de encender faroles con rostros grotescos proviene del Samhain, la antigua festividad celta que marcaba el fin de la cosecha y el inicio del año nuevo pagano. Según el folclor irlandés, un hombre astuto y pecador llamado «Jack el Tacaño» (Stingy Jack) engañó al diablo y quedó condenado a vagar por la tierra toda la eternidad con solo una brasa del infierno para alumbrar su camino, la cual colocó dentro de un nabo ahuecado.

A mediados del siglo XIX, huyendo de la catastrófica Gran Hambruna de la Papa de 1845, cientos de miles de inmigrantes irlandeses desembarcaron en Estados Unidos llevando consigo sus costumbres. Al intentar replicar el mito de Jack, se encontraron con un problema práctico: los nabos, papas y remolachas que usaban en Europa eran escasos y difíciles de tallar.

Sin embargo, descubrieron en abundancia una hortaliza nativa gigante, blanda y brillante: la Cucurbita pepo. La sustitución fue inmediata. Las calabazas americanas eran sensiblemente más grandes, fáciles de vaciar y ofrecían un lienzo naranja perfecto para esculpir los rostros del folklore celta.

Esta costumbre se fusionó rápidamente con tradiciones locales. Ya desde 1820, la literatura estadounidense —con obras emblemáticas como La leyenda de Sleepy Hollow de Washington Irving— había empezado a asociar la calabaza con historias de misterio y jinetes sin cabeza. Para finales del siglo XIX, la Jack-O’-Lantern naranja ya había destronado por completo al modesto nabo europeo.

Las variedades que conquistan el otoño

Hoy en día, el mercado de las calabazas de otoño está dominado por especímenes perfeccionados tras décadas de selección agronómica. Aunque existen diversas especies del género Cucurbita, la reina indiscutible del tallado sigue siendo la estirpe original de Cucurbita pepo.

A diferencia de las variedades destinadas a la cocina comercial, estas calabazas de exhibición se caracterizan por sus tallos duros y leñosos —ideales como asa—, una pulpa fibrosa con alto contenido de agua y una corteza firme pero dócil al corte:

‘Jack-O’-Lantern’, Variedad desarrollada específicamente para lograr la forma redonda simétrica y el grosor de corteza óptimo para esculpir; ‘Connecticut Field’, una de las variedades cultivadas más antiguas de Norteamérica y la más vendida comercialmente para decoración;’Howden’, Favorita de los agricultores por sus paredes gruesas, su forma erguida y un color naranja intenso y duradero.

Un ícono compartido

La próxima vez que veas una calabaza ilumina una noche de octubre o sirva de marco para un altar de muertos en noviembre, recuerda que su historia cruza fronteras y milenios. Nacida de la sabiduría agrícola de los campesinos mesoamericanos y transformada por la leyenda de los emigrantes celtas, la Cucurbita pepo es la prueba viviente de cómo la naturaleza mexicana ha moldeado, de formas insospechadas, las tradiciones del mundo entero.

autor Filósofo por formación. Contempla el alma e imaginación de México.