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Carlos de Sigüenza y Góngora, el hombre que salvó el archivo de la Ciudad de México

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© Gemini

Carlos de Sigüenza y Góngora entró entre las llamas durante el motín de 1692 para rescatar valiosos documentos de la Ciudad de México

Carlos de Sigüenza y Góngora presenció una de las noches más violentas que vivió la Ciudad de México durante el periodo novohispano. El 8 de junio de 1692, un motín estalló en la Plaza Mayor y las llamas alcanzaron el Palacio Virreinal y las Casas del Ayuntamiento. Mientras parte de los edificios era consumida por el fuego, el sabio novohispano tomó una decisión extraordinaria: participar en el rescate de los documentos que guardaban una parte de la memoria de la ciudad.

No se trataba de papeles cualquiera. Dentro de las oficinas del Cabildo se encontraban libros, protocolos y antiguos registros municipales que permitían reconstruir la vida de la capital novohispana. Algunos habían comenzado a escribirse desde los primeros años posteriores a la caída de México-Tenochtitlan. El fuego amenazaba con desaparecerlos para siempre.

Sigüenza decidió intervenir. Su participación quedó narrada por él mismo poco después de los acontecimientos, pero existe una prueba independiente especialmente valiosa: semanas después del incendio, el propio Ayuntamiento dejó constancia de que varios de los libros rescatados estaban en poder del intelectual novohispano.

¿Por qué ardió el Palacio Virreinal en 1692?

Para comprender aquella noche hay que mirar primero hacia una crisis que llevaba meses gestándose. La Nueva España había sufrido problemas en las cosechas y dificultades para garantizar el abasto de granos. Las lluvias, las inundaciones y la escasez contribuyeron al encarecimiento del maíz, alimento indispensable para buena parte de la población.

El descontento aumentó hasta desembocar en los acontecimientos del 8 de junio de 1692. Una multitud se congregó en la Plaza Mayor, actual Zócalo de la Ciudad de México, y la protesta terminó convirtiéndose en un motín. Durante los disturbios fueron atacados algunos de los principales símbolos del poder novohispano.

Las fuentes históricas que reconstruyen el episodio describen a Carlos de Sigüenza y Góngora participando directamente en el salvamento de los documentos. Facebook Almanaque Cultural CDMX.
Las fuentes históricas que reconstruyen el episodio describen a Carlos de Sigüenza y Góngora participando directamente en el salvamento de los documentos. Facebook Almanaque Cultural CDMX.

Entre ellos estaba el Palacio Real o Virreinal, antecedente del actual Palacio Nacional. Las Casas del Ayuntamiento también fueron incendiadas. El propio Sigüenza dejó una descripción de lo ocurrido en Alboroto y motín de los indios de México, una carta dirigida al almirante Andrés de Pez y fechada el 30 de agosto de 1692.

Su testimonio es una fuente excepcional por haber sido escrito pocas semanas después de los acontecimientos y por alguien que estuvo presente. Sin embargo, debe leerse con cautela. Sigüenza pertenecía a la élite intelectual criolla y describió a indígenas y sectores populares utilizando expresiones profundamente despectivas.

Además, aunque el título con el que conocemos su relato atribuye el motín a los indígenas, los disturbios ocurrieron dentro de una crisis social más compleja y en ellos participaron personas pertenecientes a distintos grupos de la población novohispana.

Carlos de Sigüenza y Góngora salió hacia la Plaza Mayor

Sigüenza se encontraba en su casa cuando recibió las primeras noticias. Según su propio relato, estaba ocupado con sus libros cuando uno de sus criados entró para advertirle que había un tumulto. Al observar el movimiento de personas que corrían hacia la Plaza Mayor, decidió salir para averiguar qué sucedía.

La situación que encontró era caótica. La multitud había atacado edificios gubernamentales y el fuego comenzó a extenderse por distintas dependencias. Las llamas amenazaban oficinas de escribanos públicos, la Diputación, la Alhóndiga, la Contaduría y el espacio donde se encontraba el archivo del Cabildo.

Fue entonces cuando Sigüenza comprendió que algo más estaba a punto de desaparecer. Dentro del edificio se conservaban documentos antiguos de la Ciudad de México.

AGN México.

Entre los materiales amenazados se encontraban libros fundamentales para la administración y la historia de la ciudad. El propio Sigüenza menciona los libros del Becerro y los Protocolos, mientras investigaciones posteriores han identificado entre los documentos rescatados antiguos registros de las actas capitulares.

Las actas de Cabildo constituyen una fuente extraordinaria para conocer la historia de la Ciudad de México. En ellas quedaron asentadas decisiones de las autoridades municipales sobre asuntos que iban desde obras públicas y abasto hasta propiedades, mercados y otros aspectos de la vida cotidiana.

Perder aquellos libros significaba borrar testimonios que difícilmente podían reconstruirse a partir de otras fuentes. Sigüenza no se limitó a observar cómo ardían.

Carlos de Sigüenza y Góngora: rescate del archivo entre las llamas

Las fuentes históricas que reconstruyen el episodio describen a Carlos de Sigüenza y Góngora participando directamente en el salvamento de los documentos.

El acceso al archivo se encontraba comprometido por el incendio. Para alcanzar algunos espacios fue necesario recurrir a escaleras y entrar por ventanas mientras el edificio estaba amenazado por las llamas.

Sigüenza reunió ayuda y consiguió sacar una parte de los libros. La imagen resulta particularmente poderosa cuando se recuerda quién era aquel hombre. No era un soldado ni un integrante de un cuerpo dedicado a combatir incendios. Era matemático, astrónomo, cosmógrafo, historiador, cartógrafo, profesor y uno de los grandes intelectuales de la Nueva España.

Pero precisamente por eso comprendía lo que estaba en riesgo. Durante buena parte de su vida había mostrado un profundo interés por documentos, manuscritos, mapas y testimonios relacionados con el pasado de México. Frente al incendio, los libros del Cabildo representaban algo que el dinero no podía sustituir. Si desaparecían, también desaparecería la información que contenían.

El propio Ayuntamiento confirmó que Sigüenza salvó sus libros

La historia podría parecer engrandecida por el propio protagonista. Después de todo, Sigüenza contó su participación en el relato que escribió sobre el motín.

Sin embargo, existe una confirmación independiente. El 26 de junio de 1692, apenas 18 días después de los incendios, el Ayuntamiento volvió a dejar registro de sus actividades. La documentación municipal señaló entonces que algunos de los libros que habían podido salvarse durante el tumulto se encontraban en poder de Carlos de Sigüenza y Góngora.

Ese registro resulta fundamental. Permite comprobar que el rescate no fue solamente una hazaña narrada años después alrededor de la figura del intelectual. El propio Cabildo reconoció, cuando las consecuencias del incendio todavía eran recientes, que Sigüenza custodiaba parte de los documentos salvados.

Empero, no pudo rescatarse todo. El incendio ocasionó pérdidas importantes y dejó vacíos en distintos conjuntos documentales del periodo novohispano. Por ello sería incorrecto afirmar que Sigüenza “salvó el archivo” en su totalidad.

Lo que consiguió fue rescatar una parte valiosa de sus libros y documentos históricos antes de que las llamas los destruyeran.

¿Quién fue Carlos de Sigüenza y Góngora?

Nacido en la Ciudad de México en 1645, Carlos de Sigüenza y Góngora fue una de las figuras intelectuales más destacadas del siglo XVII novohispano.

Sus intereses atravesaron campos que actualmente consideraríamos disciplinas distintas. Estudió matemáticas y astronomía, elaboró mapas, participó en expediciones, escribió sobre acontecimientos de su tiempo y reunió materiales relacionados con el pasado de la Nueva España. También ocupó la cátedra de astrología y matemáticas de la Real y Pontificia Universidad de México.

Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

Su curiosidad alcanzó igualmente el pasado indígena. Sigüenza reunió documentos y materiales históricos y mantuvo contacto con algunos de los testimonios que permitían estudiar las sociedades anteriores a la conquista.

Por eso su reacción durante el incendio de 1692 no fue completamente ajena al resto de su trayectoria. Para alguien dedicado a reunir, estudiar y conservar testimonios del pasado, contemplar un archivo consumido por el fuego significaba observar la destrucción irreversible de una fuente de conocimiento.

Algunos documentos todavía llevan las marcas del incendio

La historia adquiere otra dimensión cuando se observa lo que ocurrió con algunos de aquellos papeles. Documentación conservada posteriormente en el Archivo General de Notarías de la Ciudad de México incluye materiales afectados por el incendio de las Casas del Ayuntamiento de 1692. La UNAM ha señalado que algunos quedaron tan dañados y carbonizados que su restauración ha representado un desafío incluso para los especialistas modernos.

Más de tres siglos después, el fuego de aquella noche todavía puede reconocerse sobre documentos que sobrevivieron. Son papeles frágiles, oscurecidos y deteriorados que permiten observar físicamente la magnitud del desastre que amenazó los archivos de la ciudad. Y también ayudan a dimensionar el rescate.

Carlos de Sigüenza y Góngora no fue un observador neutral del motín de 1692. Su relato refleja los prejuicios y temores de la élite novohispana a la que pertenecía, por lo que sus juicios sobre quienes participaron en los disturbios deben leerse dentro de ese contexto.

Pero reconocer esas limitaciones no disminuye la importancia de lo que hizo cuando las Casas del Ayuntamiento comenzaron a arder. Mientras el fuego avanzaba sobre las oficinas municipales, comprendió que dentro había documentos irreemplazables y decidió participar en su rescate.

Por eso, aquella noche del 8 de junio de 1692, Carlos de Sigüenza y Góngora hizo algo más que sacar libros de un inmueble incendiado. AGN México.
Por eso, aquella noche del 8 de junio de 1692, Carlos de Sigüenza y Góngora hizo algo más que sacar libros de un inmueble incendiado. AGN México.

No consiguió salvarlos todos. Muchos materiales desaparecieron aquella noche y otros quedaron marcados por las llamas. Los que salieron del edificio permitieron conservar fragmentos de una historia que de otro modo habría desaparecido.

Por eso, aquella noche del 8 de junio de 1692, Carlos de Sigüenza y Góngora hizo algo más que sacar libros de un inmueble incendiado. Al poner a salvo una parte del archivo del Cabildo, ayudó a rescatar también una porción de la memoria documental de la Ciudad de México.

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