El día que dinamitaron La Quebrada por una epidemia - México Desconocido
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El día que dinamitaron La Quebrada por una epidemia

Guerrero
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La Quebrada es una de las zonas más visitadas de Acapulco cuya atracción principal son los clavadistas, pero ¿sabías que este lugar tuvo otra función?

En el ocaso del siglo XVIII los habitantes de Acapulco respiraban un aire ardiente, viciado por emanaciones pútridas que los enfermaban y mataban de cholera morbus. Aquello también afectaba a muchos de los mexicanos que llegaban de lo alto de la meseta para ir recoger los productos que traía consigo el galeón de Manila.  

De esto se dio cuenta el doctor alicantino Francisco Javier Balmis quien propuso algo que parecía ridículo e irrealizable: contratar a una decena de hombres que tirasen a barretazo  limpio un buen tramo de montaña rocosa para crear así un canal de aireación que permitiera la entrada de ventiscas que menguaran el calor que padecía los acapulqueños, renovara el aire y se llevara lejos cualquier mal aerobio.

Becky León

La Quebrada de Acapulco.

Balmis ya estaba acostumbrado a las proezas que parecían imposibles. Precisamente estaba de paso en Acapulco con motivo de una expedición mundial para vacunar a la población contra la mortífera viruela, para lograrlo recorría el mundo acompañado de niños huérfanos que traían en sus cuerpos la vacuna contra el virus; cada vez que llegaba a un nuevo país Balmis realizaba un corte en el brazo a sus pequeños acompañantes y pasaba la secreciones a otros infantes locales, el método era sucio pero funcionaba.

Los primeros barretazos para crear el canal de aireación se dieron en 1799 dejando sentir de inmediato, a los habitantes y visitantes, ventiscas refrescantes durante las calurosas tardes. A esta abertura se le llamó desde entonces el Abra de San Nicolás, aunque el nombre cayó en desuso.

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La portentosa obra de ingeniería emprendida por consejo del doctor Balmis, quizá la más aventurada de la época en México, quedó suspendida por algunas décadas, durante este lapso llegó a Acapulco el afamado explorador alemán Alexander von Humboldt quien dijo sobre ella a través de sus escritos:

“Durante mi residencia en Acapulco, como pasaba varias noches al sereno para hacer observaciones astronómicas, dos o tres horas antes de salir el sol, cuando la temperatura era muy distante de la del Continente, sentí constantemente un airecillo que venía del Abra de San Nicolás, Ésta corriente de aire es tanto más saludable cuanto que la atmósfera de Acapulco está apestada por los miasmas”.

Si el lector es observador puede suponer que de las palabras de Humboldt significaron dos cosas: el canal de aireación ofrecía una ventilación que ha ratos refrescaba a los pobladores pero no la suficiente para sacar los aromas y humores provenientes de todo aquello que estaba muerto o enfermo.

El comandante militar de Acapulco, José María Lopetegui, era consciente de que el calor y la falta de ventilación se habían reducido pero continuaban y hacían que lo nauseabundo no se fuera del todo, así que en 1876 emprendió la continuación de la obra de Balmis con un coctel conformado por fuerza humana, barretas y dinamita, logrando abrir una brecha de  más o menos 300 metros de longitud que permitió, ahora sí, el paso de aire de mar hasta el viejo Acapulco, el Fuerte San Diego y todavía más allá.

No existe placa conmemorativa para recordar a habitantes y visitantes de Acapulco aquella hazaña que ventiló, quitó el calor y evitó muertes por cholera morbus, escorbuto y no se sabe cuántos males más. Aunque aquella montaña barreteada y dinamitada se quedó con el nombre de “La Quebrada”, a la que derivado de la nueva formación se convirtió en el lugar ideal para ofrecer uno de los espectáculos más asombrosos del mundo: los clavados de gran altura.  

Referencias:

Síntesis Congreso de Guerrero

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autor Viajera y contadora de historias con una gran amor por México, sus lugares y su gente.
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