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El Códice de Yanhuitlán (Oaxaca)

Los códices son testimonios invaluables para el conocimiento de Ias culturas prehispánicas y de los pueblos durante Ia época colonial, pues en ellos están consignados, entre otros, hechos históricos, creencias religiosas, avances científicos, sistemas calendáricos y nociones geográficas.

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Según J. Galarza, “los códices son los manuscritos de los indígenas mesoamericanos que fijaron sus lenguas por medio de un sistema básico del empleo de la imagen codificada, derivada de sus convenciones artlstlcas. El menosprecio característico del conquistador hacia la cultura que somete, la incultura de varios otros, los acontecimientos históricos y el tiempo que nada perdona son algunas causas de la destrucción de innumerables testimonios pictográficos.

Actualmente, la mayoría de los códices se encuentran custodiados por diversas instituciones nacionales y extranjeras, y otros, sin duda, permanecen resguardados en diferentes comunidades localizadas en todo el territorio mexicano. Afortunadamente, gran parte de estas instituciones se dedican a la preservación de los documentos. Tal es el caso de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), quien consciente del mal estado en que se encontraba el Códice de Yanhuitlán solicitó a la Coordinación Nacional de Restauración deI Patrimonio Cultural (CNRPC-INAH) su colaboración. Así, en abril de 1993 se iniciaron diversos estudios e investigaciones en torno al códice, necesarios para su restauración.

Yanhuitlán se encuentra en la Mixteca Alta, entre Nochistlán y Tepozcolula. La comarca donde se hallaba esta localidad era de las más prósperas y codiciadas por los encomenderos. Las actividades sobresalientes de Ia región eran la extracción del oro, la cría del gusano de seda y el cultivo de la grana cochinilla. Según las fuentes, el Códice de Yanhuitlán pertenece al periodo de auge que vivió esta comarca durante el siglo XVI. Por su carácter eminentemente histórico, podría considerársele como una sección de los anales de la región mixteca, en donde se iban anotando los hechos más importantes relacionados con Ia vida de Ios indígenas y los españoles en los inicios de la Colonia.

Las diversas láminas del documento presentan una calidad extraordinaria del dibujo y el trazo en un “[…] fino estilo mixto, indio e hispano”, afirman los autores de los libros consultados. Si las investigaciones en torno a la interpretación histórica y pictográfica de los documentos es de suma importancia, la identificación de los materiales constitutivos, el estudio de las técnicas de manufactura y una minuciosa evaluación de los deterioros, son esenciales para determinar los procesos de restauración apropiados a cada caso particular, respetando los elementos originales.

AI recibir el Códice de Yanhuitlán nos encontramos frente a un documento encuadernado con una carpeta de piel, cuyas láminas, en total doce, contienen pictografías por ambas caras. Para conocer cómo fue realizado un documento, hay que considerar por separado Ios diferentes componentes de Ia obra y su técnica de elaboración. Como elementos originales del códice tenemos, por un lado, el papel como unidad receptora y, por otro, las tintas como vehículo de la expresión escrita. Estos elementos y la forma en que se conjugan dan lugar a la técnica de manufactura.

Las fibras utilizadas en la elaboración del códice de Yanhuitlan resultaron ser de origen vegetal (algodón y lino), las cuales se empleaban comunmente en el papel europeo. No olvidemos que a principios de la colonia, época en que fue realizado este códice, no existían en la Nueva España molinos para hacer papel, y por consiguiente su elaboración era diferente a la europea tradicional. La manufactura del papel y su comercio estuvieron sujetos en la Nueva España a rígidas y limitadas disposiciones impuestas por la Corona a lo largo de 300 años, con el fin de conservar el monopolio en la metrópoli. Ésta fue la razón por la que durante varios siglos los novohispanos debieron importar ese material, principalmente de España.

Los fabricantes de papel acostumbraban popner en su producto “marcas de agua” o “filigranas”, tan diversas que permiten en cierta medida identificar la época de su elaboración y, en algunos casos, el lugar de procedencia. La marca de agua que encontramos en varias láminas del Códice de Yanhuitlan es la identificada como “El Peregrino”, fechada por los investigadores alrededor de la mitad del siglo XVI. Los análisis revelaron que en este códice se utilizaron dos clases de tintas: de carbón y ferrogálicas. El contorno de las figuras fue realizado a base de líneas de diferentes densidades. Los trazos sombreados se hicieron con la misma tinta pero más “diluida”, con el fin de dar efectos de volumen. Es probable que las líneas hayan sido ejecutadas con pluma de aves-como se hacía en la época-, de lo cual tenemos ejemplo en una de las láminas del códice. Suponemos que el sombreado fue efectuado con pincel.

Los materiales orgánicos utilizados en la fabricación de documentos los vuelve frágiles, por lo que se deterioran fácilmente si no se encuentran en el medio adecuado. Así mismo, desastres naturales como las inundaciones, incendios y terremotos pueden alterarlos seriamente, y por supuesto que también son factores de destrucción las guerras, robos, manipulaciones innecesarias, etcétera.

En el caso del Códice de Yanhuitlan, no contamos con información suficiente para determinar su entorno ambiental a través del tiempo. Sin embargo, el propio deterioro que presenta puede darnos alguna luz sobre este punto. La calidad de los materiales constitutivos del palel inciden en gran medida en el grado de destrucción del documento, y la estabilidad de las tintas depende de los productos con que fueron elaborados. Los malos tratos, la negligencia y sobre todo las múltiples y poco convenientes intervenciones, quedaron para siempre plasmados en el códice. La mayor preocupación del restaurador debe ser la salvaguarda de la originalidad. No se trata de embellecer o modificar el objeto, sino simplemente de mantenerlo en su estado -deteniendo o eliminando los procesos de deterioro- y consolidarlo eficazmente de manera casi imperceptible.

Las partes faltantes fueron restituidas con materiales de la misma naturaleza que los del original, de forma discreta pero visible. Ningún elemento deteriorado puede ser eliminado por razones estéticas, pues se alteraría la integridad del documento. La legibilidad del texto o dibujo no deberá jamás ser alterada, por lo cual es indispensable elegir materiales finos, flexibles y extremadamente transparentes para reforzar Ia obra. Aunque Ios criterios generales de la mínima intervención deben seguirse en la mayoría de los casos, las alteraciones que presentaba el códice (en gran parte producto de intervenciones inapropiadas) debieron ser eliminadas para detener los daños que provocaban en él.

Por sus características, grado de deterioro y fragilidad, fue indispensable proporcionar al documento un soporte auxiliar. Éste no solamente restituiría su flexibilidad sino que lo reforzaría sin alterar la legibilidad de la grafía. El problema al que nos enfrentábamos era complejo, por lo cual fue necesario realizar una investigación minuciosa para elegir los materiales adecuados y seleccionar las técnicas de conservación acordes con las condiciones del códice.

También se hizo un estudio comparativo entre materiales tradicionalmente empleados en la restauración de documentos gráficos, así como de las técnicas específicas que en otros casos se han utilizado. Finalmente, se llevó a cabo una evaluación para escoger los materiales idóneos de acuerdo con los criterios establecidos. Antes de unir el soporte auxiliar a las hojas de la obra, se efectuaron procesos de limpieza utilizando diversos disolventes para eliminar aquellos elementos y sustancias que alteraban su estabilidad.

El mejor soporte para el documento resultó ser la crepelina de seda, gracias a sus características de óptima transparencia, buena flexibilidad y permanencia en condiciones adecuadas de preservación. De entre los diferentes adhesivos estudiados, la pasta de almidón fue la que nos proporcionó los resultados ideales, debido a su excelente poder adhesivo, transparencia y reversibilidad. Al término de la conservación y restauración de cada una de las láminas deI códice, éstas fueron nuevamente encuadernadas siguiendo el formato que presentaba al llegar a nuestras manos. El haber participado en la recuperación de un documento de gran valor, como lo es el Códice de Yanhuitlán, fue para nosotros un reto y una responsabiIidad que nos llenó de satisfacción al saber que estaba asugurada la permanencia de otro bien cultural, parte de nuestro rico legado histórico.

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