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El diluvio de San Mateo, el cataclismo pluvial de 1629

22-09-2020, 8:57:12 PM
Ciudad de México
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Alguna vez la lluvia cubrió la ciudad. Ocurrió en septiembre de 1629 y la inundación duró años. Al cataclismo pluvial se le conoce también como el Diluvio de San Mateo. Aquí te contamos la historia.

En el Centro Histórico de la Ciudad de México hay ocultos tesoros arqueohistóricos que nos hablan del pasado, de nuestra cultura, de los hechos que dejaron huella en nuestra ciudad, como la marca de agua que da cuenta de la altura a la que llegó el agua durante el cataclismo pluvial de 1629 o también conocido como el Diluvio de San Mateo.

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El diluvio de San Mateo en septiembre de 1629

Corría el año de 1629 y se dice que del 21 al 24 de septiembre no paró de llover. Según los registros, debido a este fenómeno natural perdieron la vida treinta mil personas y la inundación permaneció durante cinco años.

La marca de la altura que alcanzó la inundación se ubica en la calle de Madero esquina con la actual calle Motolinia en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Al respecto, el otrora cronista de la ciudad Salvador Novo cuenta el episodio en su crónida Nueva grandeza mexicana publicada en 1946 de la siguiente manera:

“Echamos a andar por Madero para ver el Palacio de Iturbide, el de los Azulejos, el mascarón que indica en Motolinia (antes Espíritu Santo) el dudoso nivel a que llegó el agua durante la inundación del aguacero de San Mateo en septiembre de 1629”.

Salvador Novo

Claro, para 1946, la información de este evento era poca. Tendrían que pasar dos décadas pata que Richard Everett lanzara un estudio en 1975 en el que diera datos que incluso ahora nos dan la verdadera proporción de lo que en su momento pudo ser una verdadera catástrofe natural:

“Cerráronse los templos, suspendieron sus trabajos los tribunales, arruinose el comercio, comenzaron a desplomarse y a caer multitud de casas”.

Richard Everett

La lluvia torrencial comenzó el 21 de septiembre, por eso se le conoce como el Aguacero de San Mateo, en honor al santo de aquel día; se cuenta que los tres día siguientes las lluvias siguieron y, hay que recordar, la ciudad estaba rodeada por cinco lagos los cuales se desbordaron provocando la inundación.

La única zona de la ciudad que quedó libre de las precipitaciones pluviales fueron las ruinas del Templo Mayor, por lo que se le comenzó a llamar la Isla de los Perros, debido a que fue refugio de canes que entre aullidos y ladridos libraban la tormenta.

A los muertos, se sumó la migración de 20 mil familias que abandonaron la ciudad. El control del nivel del agua sucedió en 1634.

Twitter @YoElResidente

Y es una piedra labrada con forma de cabeza de león en la esquina de Madero con Motolinia la que nos recuerda que sí: vivimos en una ciudad que ha sobrevivido, desde hace siglos.

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