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Cultura

De charros a cowboys: el origen mexicano del vaquero estadounidense

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Nada representa tan magníficamente a México, lo mexicano y los mexicanos como la imagen del vaquero, que volvió charro y originó al cowboy.

“El cowboy es un jinete asalariado cuyo trabajo es cuidar al ganado vacuno, que tiene su origen en los vaqueros del norte de México. Hoy, a pesar de sus orígenes mexicanos, el cowboy se ha convertido en el héroe estadounidense, el jinete solitario que logró conquistar el Oeste a caballo”

Guadalupe Jiménez Codinach, maestra en historia

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Las figura clave: el jinete y el caballo

El caballo es uno de los animales que más ha convivido con el hombre a lo largo de la historia. Fue traído al Nuevo Mundo por Cristóbal Colón en 1493 por instrucciones de los Reyes Católicos, por lo que trajo 5 yeguas y 20 caballos, llegados al territorio de la actual República Dominicana.

Con este noble animal llegaron al hemisferio occidental los jinetes; es decir, las personas que conocían el arte de la jineta, la forma de montar el caballo con estribos cortos, silla jineta, adarga o escudo de cuero y lanza jineta. El arte de la jineta es, precisamente, un legado de los zinethes del Norte de África, bereberes cuyo nombre dio origen a la palabra jinete.

Los primeros cuacos en México fueron los 17 que trajo Hernán Cortés al comenzar la expedición de conquista y que Bernal Díaz del Castillo describió en su Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España. A partir de ese momento México se forjó a caballo y el jinete entró a la historia nacional mexicana para volverse su protagonista.

A los 17 caballos iniciales se les sumaron cientos y cientos más provenientes de Cuba, República Dominicana y España. Al cabo de las décadas se reprodujeron en tal forma que se convirtieron en elemento esencial del paisaje novohispano.

Los charros mexicanos

De acuerdo con la investigación realizada por el historiador Luis Romo, los distintos elementos que reúne la figura del charro son las siguientes:

  • porte garboso y varonil
  • mirada segura
  • un rostro noble y bravío acompañado con frecuencia de un bigote poblado
  • sombrero de ala ancha con copa de cuatro pedradas
  • camisa y pantalones ajustados a un cuerpo habituado a la exigencia física
  • delicados adornos de plata en silla, pantalón y chaqueta, y terso moño de seda
  • Monta un cuaco sereno y musculoso, cuya silla y arreos son de fino cuero labrado
  • Y en la mano florea una reata con la que parece dominar a cualquier adversario

La estampa sorprende no sólo por su peculiaridad y belleza, sino también por su realismo. No es el actor vistosamente ataviado para una representación teatral, sino un personaje que encarna una larga tradición estrechamente ligada a la historia de México. Pero ¿qué es un charro y qué lo hace una figura tan atrayente?

Ante todo, un charro es un excelente jinete y lo es porque ha heredado cinco siglos de destreza hípica.

A mediados del segundo milenio, el caballo era el motor del mundo, advierte el charro jalisciense Juan Alcázar Nájera. Muchos pueblos en todo el planeta vivían de él, pero la forma en que moldeó el carácter mexicano fue única. “El caballo da la identidad a cada país en distinta forma”, agrega.

Sinónimo de poder y dominio

En los comienzos de los tiempos virreinales sólo los españoles tenían permitido montar. Consideradas como armas, las cabalgaduras estaban prohibidas a los indígenas. El caballo era un signo de dominio. Pero el señorío que daba el ser jinete se difundió, porque las restricciones se esfumaron muy pronto. Por una parte, la nueva economía de minas, haciendas, ranchos, recuas y caminos reales exigía caballos conducidos por buenos jinetes sin importar su perfil racial.

Por la otra, la corona española tenía serias dificultades para ejercer el control de este lado del Atlántico. A esto se agrega que la población caballar se incrementó rápidamente hasta el punto de que muchos cuadrúpedos fugados dieron origen a enormes manadas de caballos salvajes o “mesteños”, compañeros de los rebaños de bisontes que rumiaban por los pastizales del norte de nuestro país.

Así, el caballo se popularizó. Ya para 1793, el virrey Revillagigedo escribía: “siendo muy baratos los caballos y el mantenerlos, toda clase de gentes se sirve de ellos.”

En adelante, guerras y rebeliones, obras y empresas de toda índole se llevarían a cabo en México siempre a caballo, hasta los tiempos de la Revolución y la Guerra Cristera.

La cultura vaquera

Un charro no sólo es un jinete curtido, sino también un maestro en el manejo del ganado mayor. Las suertes charras o vienen de la doma de caballos o de la captura y el arreo de reses. Y ésta es también una historia de cinco siglos.

Vacas y toros llegaron a México con los primeros españoles y hallaron en nuestro país condiciones muy favorables para multiplicarse. El desarrollo de la ganadería recibió un espaldarazo adicional cuando a mediados del siglo XVI comenzaron a operar las ricas minas que atrajeron a miles y miles de nuevos pobladores hambrientos. Así, el ganado vacuno llegó a ser tan abundante en la Nueva España, “que no llegó a tener más precio que el de la fatiga de aprehenderle y matarle”, según apuntó el virrey Martín Enríquez de Almanza en 1580.

Pero precisamente en un país que aún no tenía ni cercas, ni vallas, ni muros, “aprehender y matar” reses medio silvestres era todo un reto que se convirtió en una tarea especializada. Los animales podían no tener precio, pero la habilidad para capturarlos sí la tuvo.

Y según explica el historiador José María Murià Rouret en su libro Orígenes de la charrería y de su nombre (2010), tal habilidad –de la que derivó la charrería– se originó en Jalisco, especialmente en su zona noreste conocida como Los Altos, desde el siglo XVI.

El descubrimiento de las vetas de plata de Zacatecas en 1546 desató una revolución económica en la Nueva España. Los Altos se convirtieron muy pronto en proveedores de las minas zacatecanas. Vacas y toros se enviaban en grandes hatos rumbo al norte por los del Camino Real de Tierra Adentro para ser sacrificados no lejos de las bocaminas.

En esa época parece haber surgido la costumbre alteña de los herraderos, reuniones periódicas de los rancheros para capturar las reses que deambulaban libremente por el monte, marcarlas, seleccionarlas, separarlas y, de ser necesario caparlas y curarlas.

El herradero era una empresa colectiva con espíritu de camaradería y ratos de esparcimiento. Era también una oportunidad de mostrar la capacidad propia, competir en las faenas y seguramente hasta de apostar y presumir frente a las muchachas.

Para Murià y otros historiadores, en los herraderos nació la charrería tres o cuatro siglos antes de que se la conociera con ese nombre. Por eso no sorprende que ya para el siglo XVIII, Nueva Galicia (que abarcaba Jalisco y buena parte del actual occidente de México) exportara también caballos y reses al centro del país.

Y esa cultura vaquera que vivió su infancia en Jalisco, después se expandiría a través de ranchos y haciendas, herraderos y rodeos, arrieros y guerreros, fiestas y ferias al resto de la Nueva España y especialmente al norte, donde se transmitiría también al ámbito anglosajón, desde Texas hasta las praderas canadienses y desde California hasta los volcanes de Hawaii.

EJES;JOEL SOSA;@yayografias

Orígenes del cowboy

En América existen diferentes nombres para referirse a esa figura del jinete asalariado que ubica de manera muy puntual la maestra Guadalupe Jiménez quien organizó una exposición en torno a esta identidad que se llamó América, tierra de jinetes. Del charro al gaucho, siglos XIX al XXI.

Esta figura del jinete fue lo que originó nuestra cultura charra y la cultura vaquera que respalda al cowboy estadounidense. ¿La razón? Las rutas de colonización:

“… en donde los conquistadores buscaron oro y plata. El Camino Real de Tierra Adentro, por ejemplo, iba desde la Ciudad de México, hasta Santa Fe, Estados Unidos. En estos viajes que realizaban los conquistadores, el caballo fue fundamental. Cada expedición contaba con un grupo de expertos vaqueros de la Nueva España que conducían los ganados y los cuidaban una vez que se habían asentado en algún lugar”.

Más adelante, en el siglo XVIII España conquistó a California. Esto permitió que misioneros españoles enseñaran a los nativos de América del Norte el arte de usar los caballos para manejar a los ganados. Con el tiempo, California se convirtió en un centro de comercio en donde las personas podían adquirir pieles y cuero. Esto llevó a que los vaqueros se volvieran habitantes prósperos, y que nuevos colonos llegaran a la región, con el sueño de ellos también convertirse en exitosos vaqueros.

Sin embargo, el apogeo de los vaqueros llegó cuando estalló en Estados Unidos la guerra civil y había gran necesidad de producir carne para alimentar a las tropas. En promedio, a los vaqueros blancos se les pagaba treinta dólares mensuales, y los vaqueros mexicanos, indios o negros recibían unos veinte dólares. Finalizada la guerra civil, muchos de estos vaqueros, o cowboys, se fueron a vivir al Oeste. Esto dio lugar al mítico Salvaje Oeste, inmortalizado en películas como “El forajido” o “Centauros del desierto”.

Hoy en día el cowboy de Estados Unidos tiene un estilo propio que lo diferencia del vaquero mexicano. En cuanto a la vestimenta, es muy popular el sombrero “Stetson”, diseñado en Nueva Jersey por John B. Stetson. Hablando de tradiciones, una de las más sobresalientes es el Rodeo, en donde los cowboys compiten entre ellos realizando hazañas como la monta del toro o el derribe de los novillos. Aunque el primer rodeo se realizó en 1888, hoy se siguen llevando a cabo, especialmente en los estados de Texas, Nevada, Oregón, Oklahoma y Colorado.

Del vaquero mexicano al cowboy

La rica cultura ecuestre mexicana fue la base de la que nació no sólo la charrería, sino también la cultura vaquera anglosajona en América del Norte. Infinidad de términos que los vaqueros anglosajones utilizan ahora derivan del español hablado por los vaqueros mexicanos.

Algunos especialistas señalan que incluso el nombre con el que se llaman a sí mismos, cowboy (algo así como “muchacho de las vacas”), no es otra cosa que la mejor traducción que encontraron de nuestra palabra vaquero.

Pero otras muchas palabras del vocabulario en inglés de los vaqueros estadunidenses y canadienses fueron tomadas del español casi tal cual. He aquí algunos ejemplos: cinch y cincho; buckaroo y vaquero; rodeo y rodeo, etcétera.

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