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Experiencias únicas: nadar con tiburones ballena en Holbox

Dentro del Área de Protección de Flora y Fauna Yum Balam, Holbox supone un paraíso aislado en la Península de Yucatán. De fines de primavera a comienzos de otoño, es posible nadar con tiburones ballena.

Foto: Claudio Contreras Koob

Solo una vez he nadado con tiburones ballena. Era agosto. Habíamos salido de Holbox en una lancha, el sol recién aparecido, y luego de dos horas de atravesar las olas nos detuvimos, expectantes, frente a Cabo Catoche. Ahí se juntan el Golfo y el Caribe, ahí dejamos que se hundiera el ancla para ya no irnos. Ese punto en el océano —los otros dos son Bahía de los Ángeles, en Baja California, y Bahía de la Paz, en Baja California Sur— es uno de los tres lugares en México donde pasan, indiferentes al asombro humano, los prolongados peces que semejan ballenas. Porque se trata de peces, los más grandes que existen. Pueden medir alrededor de 14 metros. Su piel es gris, la del dorso, adornada con manchas blancas. Blanco a su vez es el vientre. De plancton se alimentan, de nada más. Largos y silentes, los inofensivos tiburones transitaban cerca de nuestro bote estacionado en el mar. 

David PaniaguaFoto: David Paniagua

Claudio Contreras KoobFoto: Claudio Contreras Koob

Cada que el capitán avistaba uno tocaba el turno a alguien de nosotros para saltar al agua, esnórquel y aletas en sus sitios, e intentar nadar al paso de aquel advenedizo coloso. Tuve tres oportunidades. Solo uno de mis brincos trajo consigo los deseados resultados —en los demás los hermosos remedos de ballenas cruzaron a mi lado sin que pudiera seguirlos—: logré nadar, pataleando apresuradamente, al lado de un gigante gris durante un tiempo sin tiempo. Ahí estábamos, solo él y yo, sumergidos en la inmensidad. Su presencia, ajena a la mía, era de todas formas reconfortante. Mi respiración agitada y su cuerpo atravesando con suavidad el agua reverberaban como si fueran lo único en el mundo.

Después de mi breve encuentro con ese tiburón ballena al que no volveré a ver nunca, fuimos a esnorquelear en un pequeño arrecife. Vi, entre corales y algas, peces de colores, una mantarraya y una fugaz tortuga. Luego descendimos en Santa Paula, un banco de arena donde el azul turquesa se concentra. Comimos ceviche con un cielo cubierto de gaviotas. Yo pensaba en mi tiburón ya lejano. No iba a olvidarlo.

David PaniaguaFoto: David Paniagua

Imprescindibles de Holbox

  • Nadar en Yalahau, un ojo de agua dulce que da origen a la laguna del mismo nombre. Desde su escalera se ven las sabanas de Chiquilá.
  • Conocer la Isla Pasión, un pequeño islote con un añoso mirador de madera. Manglares, iguanas y cormoranes acompañan aquí a los visitantes.
  • Acercarse a Isla Pájaros, el sitio donde se reúnen fragatas, garzas, pelícanos y otras aves. Un muelle elevado permite observar alas y nidos a la distancia.
  • Alistarse en un paseo en lancha para conocer Santa Paula, uno de los rincones más hermosos de Holbox.
  • Recorrer en kayak los manglares que rodean la isla. El paisaje está habitado por flamencos y cocodrilos resguardados en su propio sigilo.

Toma en cuenta

Usa productos de protección de piel, como bloqueadores y repelente de moscos, que sean biodegradables.

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